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1483. El desastre de la Axarquía

hace 11 horas
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INTRODUCCIÓN


Lo que ocurrió el 21 de marzo de 1483 en las montañas de la Axarquía podría considerarse una de las derrotas más graves de los primeros años de la Guerra de Granada. Una expedición heterogénea de soldados cristianos penetró en territorio nazarí con el objetivo de obtener ganado y causar daños en las comunidades rurales próximas a Málaga. Sin embargo, una combinación de factores transformó aquella cabalgada en un desastre militar.


Ambas fuentes, cristianas y musulmanas, coinciden en la magnitud de la derrota, aunque difieren considerablemente en las cifras. Las estimaciones oscilan entre varios centenares de muertos y más de un millar de cautivos, cifras que debemos tratar con cautela, además de diferenciar entre la información proporcionada por las crónicas y aquello que puede ser corroborado documentalmente.


La investigación de David Ortega López, "Un episodio fallido de la conquista de Málaga:

la batalla de la Axarquía de 1483", publicada en 2026 en la revista Gladius, ha permitido revisar de manera sistemática el episodio a partir de las crónicas, los repartimientos, la documentación arqueológica y el análisis del territorio. Su principal aportación consiste en situar la derrota dentro de la lógica de la guerra fronteriza y estudiar cómo un ejército cristiano numéricamente superior pudo quedar progresivamente incapacitado para combatir en un espacio montañoso que favorecía las tácticas nazaríes.  


Sin embargo, para la elaboración de este artículo también hemos consultado otras fuentes bibliográficas detalladas al final del mismo.


GUERRA EN LA FRONTERA


La guerra entre Castilla y el emirato nazarí de Granada pocas veces consistía en grandes batallas campales. La mayor actividad bélica en la frontera se basaba en incursiones, ataques a fortalezas, destrucción de cultivos y captura de personas y ganado. Estas actividades se hacían llamar algaradas o cabalgadas y eran una forma muy habitual de hacer la guerra, ya que la destrucción de una alquería reducía los recursos disponibles para el adversario; la captura de ganado proporcionaba un beneficio inmediato; y la captura de personas generaba la posibilidad de obtener rescates. La frontera, pues, se articulaba como un espacio de violencia cotidiana.


Pero no debemos comparar las fronteras de entonces con las actuales. Se trataban, en cierto modo, de franjas de contacto en las que se producían intercambios, treguas, comercio, negociaciones e incursiones constantes. Acorde con la investigación de Mercedes Abad Merino en su artículo "ver a través de sus ojos y su lengua: percepción sensorial de la frontera de Granada en la memoria de sus protagonistas", la frontera de Granada se fue construyendo a través de las experiencias y testimonios de quienes la vivieron. No era únicamente una realidad geográfica: podía convertirse en una representación mental del territorio, asociada a determinados paisajes, sonidos, caminos, fortalezas, peligros y al «otro».


La expedición de 1483 debe entenderse inicialmente dentro de esta lógica. No fue concebida como una campaña destinada a conquistar y ocupar permanentemente la Axarquía, sino como una razzia. Aunque –y aquí nos pararemos más adelante– el ejército reunido era mucho mayor que el habitual en una incursión de esta índole.


¿UNA OPORTUNIDAD QUE HABÍA QUE APROVECHAR?


No podemos entender este capítulo sin tener en cuenta la profunda crisis política que atravesaba el emirato nazarí de Granada.


El enfrentamiento entre Muley Hacén y su hijo Boabdil provocó una división interna que afectaba directamente a la capacidad de acción del emirato. Tras la rebelión de Boabdil, Muley Hacén se desplazó hacia Málaga acompañado por su hermano Abū ʿAbd Allāh Muḥammad al-Zagal. Esta rivalidad pudo llevar a los cristianos a confiarse y emprender la gran algarada de la Axarquía, Sin embargo, otras fuentes apuntan a que la principal motivación fue el deseo de contraatacar tras la derrota sufrida en Loja un año antes, cuando los ejércitos de Fernando el Católico tuvieron que levantar el cerco y retirarse, después de haber sufrido importantes bajas.


Diez hombres de aspecto noble, vestidos a la manera nazarí y conversando. Estas pinturas, ubicadas en la Sala de los Reyes (Alhambra de Granada) fueron realizadas por artistas cristianos, en un estilo gótico occidental, para la corte de Muhammad V (siglo XIV). Son consideradas, por lo tanto, un testimonio excepcional de las intensas relaciones entre las culturas musulmana y cristiana. FUENTE- autor del artículo.
Diez hombres de aspecto noble, vestidos a la manera nazarí y conversando. Estas pinturas, ubicadas en la Sala de los Reyes (Alhambra de Granada) fueron realizadas por artistas cristianos, en un estilo gótico occidental, para la corte de Muhammad V (siglo XIV). Son consideradas, por lo tanto, un testimonio excepcional de las intensas relaciones entre las culturas musulmana y cristiana. FUENTE- autor del artículo.

UNA DUDOSA DECISIÓN


Entonces, aquí aparece la figura de Bernardino de Osuna, un adalid de origen musulmán. Los adalides eran guías militares especializado en el territorio enemigo: hoy serían llamados exploradores. Pues fue este Bernardino quien convenció a Alonso de Cárdenas, maestre de Santiago y frontero de Écija, de la conveniencia de penetrar en la Axarquía. Éste presentó la expedición como un proyecto exitoso, ya que obtendrían abundante ganado, usarían caminos practicables y jugarían con ventaja por la escasa presencia de la caballería nazarí.


No obstate, esto no fue lo que ocurrió.


La historiografía tradicional ha tendido a presentar a Bernardino como un traidor que condujo deliberadamente al ejército cristiano hacia una trampa. La documentación disponible desmiente esta teoría. Lo que puede afirmarse con seguridad es que su información tuvo una importancia decisiva en la elección del objetivo y que sus previsiones acerca del territorio resultaron erróneas o, al menos, gravemente inadecuadas.


Más interesante resultó la divergencia de opiniones dentro del propio ejército cristiano. Los adalides vinculados al marqués de Cádiz advirtieron de los riesgos de penetrar en la Axarquía. Entre ellos se encontraba Luis Amar –Luis Aḥmar o Luis ʿAmmār–, quien habría propuesto dirigir la ofensiva hacia otros objetivos. Este dato es importante porque demuestra que los organizadores de la expedición estaban al tanto de las posibles desventajas que pudieran presentarse en el territorio axárquico. Al mismo tiempo, sabemos que el rey Fernando no se encontraba en Andalucía en ese momento, sino en Madrid, y llegaría a Córdoba pocos días después del desastre. La propuesta de Bernardino ganó peso y, finalmente, Cárdenas la ejecutó sin esperar a su rey.


Ante esto debemos formular la siguiente pregunta, ¿por qué se precipitó a salir y no le esperó?


Recreación por IA del retrato de don Alonso de Cárdenas, maestre de la Orden de Santiago, atribuido a la escuela española del siglo XVII.
Recreación por IA del retrato de don Alonso de Cárdenas, maestre de la Orden de Santiago, atribuido a la escuela española del siglo XVII.

LOS PREPARATIVOS


Los diferentes contingentes se concentraron en Antequera, uno de los principales núcleos militares de la frontera occidental de Granada. Allí confluyeron las fuerzas de algunos de los principales magnates y jefes militares andaluces entre los que se encontraban Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádiz; Pedro Enríquez, adelantado mayor de Andalucía; Juan de Silva, conde de Cifuentes; y Alonso de Aguilar, señor de la Casa de Aguilar. Junto a ellos participó una nutrida soldadesca procedente de distintas ciudades y villas andaluzas: Córdoba, Écija, Sevilla, Jerez de la Frontera y Cádiz. La composición de la fuerza refleja que no se trataba de un ejército homogéneo, sino de una coalición de mesnadas nobiliarias, contingentes concejiles, miembros de las órdenes militares y tropas vinculadas a las fortalezas fronterizas.

 

La cuantificación del ejército es uno de los aspectos más problemáticos de las fuentes. La Historia de los hechos del marqués de Cádiz lo cifra en 2.400 caballeros, mientras que Diego de Valera reduce la cantidad a 2.300. Alonso de Palencia eleva el número hasta 2.700, mientras que Andrés Bernáldez habla de más de 3.000 caballeros y 1.000 peones. Una tradición posterior llega incluso a ofrecer cifras mucho mayores. Finalmente, una estimación prudente situaría el núcleo de caballería en torno a 2.300–2.700, al que habría que añadir un contingente de infantería cuya dimensión resulta mucho más difícil de establecer.

 

La defensa nazarí, por otro lado, es más difícil de registrar. La investigación de David Ortega destaca la utilización de caballería, ballesteros, espingarderos y lanceros, combinados con el conocimiento del territorio y con una red de vigilancia basada en atalayas y fortificaciones rurales, cuyas ahumadas advirtieron con antelación al Zagal, general de las fuerzas musulmanas, gracias a lo cual pudo reunir un ejército con suma rapidez. Junto al Zagal, participaron los hermanos Abū al-Qāsim Bannigaš (quien fue último Alcayde de Vélez-Málaga) y Riḍwān Bannigaš.


FUENTE- Men at Arms nº 500, publicada por Osprey Publishing en 2015. El autor del dibujo: Gerry Embleton.
FUENTE- Men at Arms nº 500, publicada por Osprey Publishing en 2015. El autor del dibujo: Gerry Embleton.

LA EXPEDICIÓN


El ejército salió de Antequera el miércoles 19 de marzo de 1483. Dos días después se produjo el desastre. Poco después de entrar en territorio axárquico, los diferentes contingentes se habían dispersado en busca de ganado y habitantes. Las huestes de Alonso de Cárdenas —el maestre de Santiago— mantuvo mejor su cohesión y avanzó hacia Moclinejo, donde encontró la población incendiada por las fuerzas cristianas que le habían precedido.


Los habitantes se habían refugiado en la torre de la alquería. Cuando las tropas de Cárdenas llegaron, los defensores salieron de su posición y atacaron. El resultado fue el siguiente: murieron veinte caballeros cristianos junto con sus caballos, mientras los nazaríes se apoderaban de algunas de las acémilas utilizadas para transportar los objetos del saqueo.


El marqués de Cádiz acudió finalmente en auxilio del maestre con caballeros y algunos peones. Los cristianos lograron imponerse y los defensores supervivientes volvieron a refugiarse en la fortificación. Ortega sitúa este combate, de manera hipotética, en la denominada Hoya de los Muertos, al noroeste de Moclinejo, junto al camino hacia Almáchar.


FUENTE- Autor del artículo
FUENTE- Autor del artículo

Después del combate, el maestre y el marqués descendieron hacia la costa, pasando por las inmediaciones de Granadillas y siguiendo el curso del río homónimo hasta Bizilyāna, identificada con un asentamiento costero fortificado situado en el actual término de Rincón de la Victoria. El trayecto rondaría los 8,5 kilómetros, aunque las características del terreno hacían que la distancia efectiva fuese considerablemente más difícil de recorrer, pues los desniveles, cañadas, cauces y zonas boscosas ralentizaban el movimiento.


En Bizilyāna, sus habitantes habían abandonado previamente el asentamiento, probablemente como consecuencia de la información transmitida por la red de atalayas. La situación resulta paradójica. Cuanto más penetraban los cristianos en territorio nazarí, más difícil se hacía conseguir el botín que había justificado la expedición. Las poblaciones se habían puesto a salvo y el ganado había sido ocultado o trasladado.


Desde Bizilyāna, la expedición continuó hacia Málaga. Las fuentes describen el camino como “muy áspero e de malos pasos”. Atravesaron la zona de El Cantal, el arroyo de Totalán, la punta Palomas, el arroyo del Judío, El Candado y El Palo hasta alcanzar el arroyo de Jaboneros. En términos modernos puede resultar difícil imaginar este espacio. La costa oriental de Málaga está hoy intensamente urbanizada y atravesada por carreteras, pero en 1483 era un territorio rural, montañoso y repleto de cauces y barrancos. Para una fuerza de caballería de varios miles de hombres, aquella geografía suponía una limitación considerable. Además, existía otro problema: el ejército llevaba consigo sus pertrechos y animales de carga. La propia necesidad de transportar el botín obtenido ralentizaba todavía más la marcha. En algún momento los expedicionarios comenzaron incluso a abandonar parte del ganado capturado porque dificultaba la movilidad y aumentaba la vulnerabilidad de la columna.


Mientras tanto, los nazaríes habían comprendido cuál era el punto débil del ejército cristiano y se habían reorganizado. La estrategia inicial de refugiarse y evitar el enfrentamiento directo había sido sustituida por otra mucho más eficaz: atacar en los lugares donde la caballería castellana no podía desarrollar su superioridad táctica. Los ataques desde las alturas, los balates y los pasos estrechos permitían causar bajas sin necesidad de enfrentarse en campo abierto.



LA TRAMPA


El lugar decisivo parece situarse en torno al arroyo de Jaboneros. El momento crítico llegó aproximadamente a la hora del Ave María, es decir, hacia las seis de la tarde. A partir de esta hora la formación dejó de funcionar como una unidad. Los dos primeros batallones consiguieron cruzar. Los dos últimos —los correspondientes fundamentalmente al maestre de Santiago y al marqués de Cádiz— tuvieron que enfrentarse directamente a los musulmanes.


La posición dominante correspondía a los nazaríes. Desde las alturas usaron ballestas y otras armas de proyectil contra una fuerza obligada a avanzar por un espacio estrecho y totalmente acotado por barrancos. La caballería, que había constituido la principal ventaja militar de los castellanos, quedaba prácticamente neutralizada, y este es probablemente el elemento central de toda la batalla.


La situación empeoró durante la noche. El marqués de Cádiz se adelantó y llegó a una pequeña torre situada en una zona relativamente llana y allí se detuvo mientras esperaba la llegada del resto de sus hombres. Pero los nazaríes aprovecharon la separación entre los contingentes. El marqués intentó acudir en ayuda del maestre haciendo sonar las trompetas, pero las dificultades del terreno hicieron prácticamente imposible la maniobra. A partir de ese momento, la batalla dejó de ser una operación militar ordenada y se convirtió en una lucha por la supervivencia. El marqués consiguió escapar, pero durante la retirada perdió aproximadamente cincuenta caballeros, mientras que otro grupo similar consiguió salvarse con él.


El viernes 21 de marzo de 1483 se intensificaron los ataques. La posición cristiana se había deteriorado hasta tal punto que muchos combatientes comprendieron que continuar resistiendo podía significar la muerte. La entrega colectiva comenzó a adquirir una dimensión considerable.


Entre los capturados se encontraba uno de los personajes más importantes de la expedición: Juan de Silva, conde de Cifuentes. Según la tradición recogida por las fuentes, fue apresado por Riḍwān Bannigaš. También cayó cautivo su hermano Pedro de Silva. Otros personajes de alto rango lograron escapar. Pedro Enríquez, adelantado mayor de Andalucía, consiguió salvarse junto con su hijo y su hermano, aunque perdió buena parte de su contingente. Alonso de Aguilar también logró escapar. Este dato es especialmente importante porque algunas crónicas los incluyeron entre los muertos o cautivos, y la investigación posterior permite corregir esa información.


BAJAS Y CAUTIVOS


Uno de los problemas más importantes para estudiar el desastre es precisamente contar las bajas. Las cifras transmitidas son extraordinariamente diferentes según la fuente:


Una estimación prudente permite afirmar que las pérdidas fueron muy elevadas y que el número de cautivos superó probablemente el millar. La única cifra concreta relativamente clara para las bajas nazaríes procede de Bernáldez, que habla de unos 500 peones y 50 hombres a caballo. Tampoco esta cifra puede verificarse independientemente.


FUENTE- autor del artículo
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Tras la derrota, comenzó una segunda historia que, en cierto sentido, es tan importante como la propia batalla. Los cautivos (término empleado en las fuentes para referirse a los prisioneros). Las investigaciones actuales permiten comprobar que algunos de los hombres capturados en 1483 permanecieron en territorio nazarí hasta al menos la conquista de Málaga y Vélez-Málaga en 1487. Una parte de los cautivos fue trasladada a Málaga, mientras que los personajes de rango nobiliar elevado terminaron en Granada.


Bernáldez habla de 825 prisioneros reunidos en Málaga, de los cuales 250 serían caballeros, alcaides, comendadores, hidalgos y otros nobles. El resto fue distribuido en otros espacios de la ciudad, mientras que otras tradiciones distinguen entre los prisioneros destinados a la Alcazaba y aquellos recluidos en Gibralfaro.


Raúl González Arévalo ha demostrado que algunos cautivos procedentes del desastre de 1483 permanecieron en Vélez-Málaga durante todo el período comprendido entre la derrota y la conquista castellana de la ciudad. La propia capitulación de esta ciudad resulta reveladora. La Corona exigió la entrega de los cautivos cristianos que permanecieran en la ciudad y también reclamó aquellos que hubieran sido trasladados fuera de ella, como ocurrió con los catorce prisioneros que, según González Arévalo, fueron trasladados a Almuñécar.


El cautiverio generó una actividad paralela: la de los alfaqueques, intermediarios especializados en la recuperación de prisioneros. Su papel resulta fundamental para comprender la frontera tardomedieval. El rescate implicaba negociación, conocimiento de las dos sociedades, circulación de dinero y establecimiento de garantías. José Enrique López de Coca Castañer ha demostrado que, incluso después de la conquista de Málaga, los rescates continuaron desarrollándose mediante redes complejas en las que participaron mudéjares, alfaqueques y particulares. Entre 1488 y 1496 se organizaron distintas operaciones para recuperar cristianos cautivos en territorio granadino y, posteriormente, incluso en el norte de África.


Uno de los protagonistas documentados es Lorenzo Fernández de Padilla, vecino de Ronda, que participó en expediciones para rescatar cautivos. También aparece Hamete Alhage, de origen tunecino y residente en la serranía, que actuó en la recuperación de cristianos retenidos en Almuñécar y otros lugares.


El rescate de los cautivos podía financiarse mediante recursos personales, familiares, concejiles o mediante operaciones de intercambio. En el caso del desastre de la Axarquía conocemos que el propio conde de Cifuentes fue liberado en 1483; y su sobrino Juan de Pineda, también lo fue ese año. Juan de Robles, alcaide y corregidor de Jerez, permaneció cautivo hasta abril de 1487. El alcaide de Antequera Gómez Suárez de Figueroa fue rescatado en 1485.


La documentación concejil sevillana añade otros nombres: Fernando de Laredo, Pedro de Hoces, Juan de Cárdenas, Marco Jiménez, Juan de Monsalve, los hijos de Pedro de Esquivel, Juan Gutiérrez Tello y Álvaro de Pineda, para cuya recuperación consta la intervención económica del concejo. El rescate de cautivos era, por tanto, un fenómeno que afectaba directamente a las economías familiares y municipales.


La conquista de Málaga en 1487 produjo un momento decisivo. Los Reyes Católicos ordenaron liberar a los cristianos cautivos que se encontraban en la ciudad, los cuales fueron recibidos por los Reyes Católicos y la infanta, que les proporcionaron ropa y alimentos, en un acto propagandístico.


FUENTE- José Moreno Carbonero: Liberación de los cautivos de Málaga por los Reyes Católicos, 1930.
FUENTE- José Moreno Carbonero: Liberación de los cautivos de Málaga por los Reyes Católicos, 1930.

FACTORES DEL DESASTRE


La explicación más coherente ante esta cuestión no puede albergar una única respuesta, sino varias. El ejército cristiano disponía de una importante concentración de caballería y de combatientes experimentados. Sin embargo, tales contingentes no eran idóneos para el tipo de territorio. En campo abierto, la caballería tenía altas capacidades de maniobra. En un paisaje abrupto como era el de la Axarquía, esa ventaja desaparecía.


El ejército nazarí hizo exactamente lo contrario: evitó ofrecer al adversario las condiciones que favorecían a la caballería castellana. La defensa utilizó, además, el conocimiento del terreno, los ahumadas de las atalayas, refugios fortificados, ataques desde posiciones dominantes y emboscadas.


El resultado fue que una fuerza inicialmente superior terminó convertida en varios grupos aislados, incapaces de hacer frente a las ventajas del enemigo.


Esta es, a nuestro juicio, una de las claves interpretativas que debería vertebrar todo nuestro artículo: El desastre de la Axarquía demuestra, más precisamente, la capacidad de una defensa territorial bien adaptada al terreno para neutralizar las ventajas de un ejército superior cuando este combate en condiciones desfavorables.


Más adelante, las consecuencias de la guerra civil nazarí, el agotamiento de los recursos del emirato granadino, el empleo de la artillería en los asedios, un mayor conocimiento del territorio junto a un aprendizaje de los fracasos anteriores, seguramente provocaron la caída definitiva del reino de Granada y, con él, 781 años de presencia del Islam en la península ibérica.


BIBLIOGRAFÍA


  1. Abad Merino, Mercedes (2017). «Mediación cultural y mediación lingüística en la frontera de Granada». Medievalismo, 27, pp. 13-43. DOI: 10.6018/medievalismo.27.310541. Es especialmente útil para entender la frontera como espacio cultural de contacto, donde guerra, treguas, comercio, cautiverio y mediación lingüística coexistían. Revistas UM

  2. Abad Merino, Mercedes (2024). «Ver a través de sus ojos y su lengua: percepción sensorial de la frontera de Granada en la memoria de sus protagonistas». Cuadernos Medievales, 37, pp. 24-40. Es particularmente interesante para la cuestión que señalabas de la frontera como experiencia y construcción mental. Dialnet

  3. Abad Merino, Mercedes. «La interpretación en espacios de frontera en la Edad Media». Portal de Historia de la Traducción en España (PHTE). El trabajo define la frontera castellano-granadina como una demarcación viva y dinámica, con períodos de guerra y treguas, pero también como un espacio estable de vecindad y contacto. PHTE

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  5. García Fernández, Manuel (1987). «La frontera de Granada a mediados del siglo XIV». Revista de Estudios Andaluces, 9, pp. 69-86. Aunque se centra en el siglo XIV, resulta útil para contextualizar la formación y funcionamiento histórico de la frontera. Jaculab Wiki

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  7. Roldán Castro, Fátima (1997). «La frontera oriental nazarí (s. XII-XVI): el concepto de alteridad a partir de las fuentes de la época». En Actas del Congreso La Frontera Oriental Nazarí como Sujeto Histórico (S. XIII-XVI), Lorca-Vera, 22-24 de noviembre de 1994, pp. 563-570. Es especialmente pertinente para la cuestión de la frontera como construcción de la alteridad, es decir, la percepción del «otro» cristiano o musulmán. Dialnet

  8. Roldán Castro, Fátima (1996). «La frontera nazarí: de nuevo sobre el concepto de alteridad». Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino. Es otra referencia importante para estudiar la frontera no solamente como espacio geográfico, sino como espacio de construcción identitaria y percepción del adversario. ORCID

  9. Jiménez Alcázar, Juan Francisco; Abad Merino, Mercedes (2014). «Con tanto ruido que parecía hundirse el mundo. Paisajes sonoros en la Frontera de Granada (siglos XV-XVI)». En O. Cattedra y G. Rodríguez (coords.), Actas del V Simposio Internacional Textos y Contextos, pp. 101-126. Muy interesante para aproximarse a la experiencia cotidiana y sensorial de quienes habitaban la frontera. Intus

  10. Jiménez Alcázar, Juan Francisco (2022). «Configuración y asiento de una demarcación fronteriza: el sector oriental del reino de Granada (1244-1304)». Intus-Legere Historia, 16-2, pp. 404-429. Útil para comprender la configuración territorial y política de la frontera, aunque cronológicamente sea anterior al episodio de 1483. Intus

 
 
 

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