1650: Un episodio de la Guerra Civil inglesa en aguas axárquicas
- Francisco Miguel González López

- hace 1 día
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INTRODUCCIÓN
En el año de 1650, cuando Europa todavía intentaba recomponerse después de décadas de guerras, un episodio aparentemente insignificante ocurrido en la costa de Vélez-Málaga terminó adquiriendo una dimensión internacional. Frente a las aguas de la Axarquía se encontraron intereses comerciales, rivalidades políticas, una guerra civil que había dividido Inglaterra –entre parlamentarios y realistas– y una Monarquía Hispánica que trataba de mantener su delicado equilibrio diplomático.
A finales de octubre de ese año, frente a las playas veleñas aparecieron varios navíos mercantes ingleses. Entonces, entró en escena una escuadra de guerra capitaneada por un príncipe. Hubo negociaciones, amenazas, órdenes, armas y fuego. Y, cuando todo terminó, las consecuencias llegaron hasta Madrid y Londres.
Lo que ocurrió aquel día parece, a primera vista, una pequeña historia naval. En realidad, fue algo mucho mayor: durante unas horas, la guerra civil inglesa se libró en aguas axárquicas… y los protagonistas de este suceso no eran precisamente unos desconocidos.
LA GUERRA CIVIL INGLESA
Para entender este episodio hay que retroceder algunos años.
En 1642 estalló la guerra civil inglesa, integrada en el conjunto de conflictos que conocemos como las Guerras de los Tres Reinos. En un lado estaban los realistas, partidarios de Carlos I; en el otro, las fuerzas parlamentarias, que defendían una transformación profunda del poder político y de la relación entre la Corona y el Parlamento.
La guerra no fue únicamente una disputa entre rey y Parlamento. En ella se mezclaron cuestiones fiscales, religiosas, militares y constitucionales. Las tropas parlamentarias terminarían organizándose en el célebre New Model Army, a cuya cabeza se encontraba Oliver Cromwell, mientras que los realistas —los Cavaliers— luchaban por conservar la monarquía.


La derrota de Carlos I fue definitiva. El 30 de enero de 1649, el rey fue decapitado en Londres. La fecha resulta especialmente significativa si pensamos que se adelantó en el tiempo, pues Luis XVI de Francia sería ejecutado de igual manera exactamente 144 años después, en 1793. La ejecución del rey inglés fue un acontecimiento revolucionario: la monarquía inglesa fue abolida y se proclamó la Commonwealth, o sea, una república.
Su hijo, Carlos II, heredero de la Corona, pasó al exilio. Primero se movió entre Francia, Jersey y los Países Bajos, y en 1650 aceptó la invitación de los escoceses para regresar a las islas y reclamar su corona. En aquel momento se encontraba, por tanto, en plena lucha por recuperar el trono que consideraba suyo.
La posición española ante aquel conflicto fue, sin embargo, mucho más compleja de lo que podría suponerse. Felipe IV simpatizaba naturalmente con la causa monárquica, pero la diplomacia española estaba guiada por intereses muy concretos: España necesitaba mantener abiertas sus comunicaciones, proteger sus intereses comerciales con la isla y, sobre todo, no provocar innecesariamente a un nuevo poder que estaba demostrando una creciente capacidad naval.

De hecho, Madrid adoptó una política pragmática. España terminó reconociendo oficialmente a la Commonwealth en 1650 y mantuvo a Alonso de Peralta y Cárdenas como embajador en Londres, mientras el nuevo régimen inglés enviaba a Anthony Ascham como representante a Madrid. Pero éste fue asesinado por sicarios ingléses nada más poner un pie en la capital del reino.
Era una situación paradójica: España simpatizaba con el rey destronado, pero diplomáticamente trataba con el gobierno que controlaba en ese momento Inglaterra.
Y esa contradicción sería fundamental en la historia que nos atañe.
RUPERTO DE RIN
Uno de los protagonistas de esta historia se llamaba Ruperto del Rin. Nacido en Praga en 1619, no era un cualquiera: era hijo de Federico V del Palatinado e Isabel Estuardo, hija de Jacobo I de Inglaterra. Era, por tanto, sobrino de Carlos I y primo de Carlos II.
Militar de extraordinario talento, había adquirido experiencia durante la Guerra de los Treinta Años y en la Guerra Civil inglesa se convirtió en uno de los principales comandantes de la causa realista. Audaz, agresivo y partidario de los ataques rápidos, Ruperto se convirtió en un líder nato de los Cavaliers.
Pero la decapitación de Carlos I cambió completamente su situación.

Carlos II estaba en el exilio y ya no existía un Estado realista capaz de mantener una gran fuerza militar. Ruperto pasó entonces al ámbito naval. Su escuadra debía combatir en nombre del rey y, al mismo tiempo, tenía la difícil misión de mantenerse con los recursos que pudiera conseguir.
En octubre de 1650 salió de Lisboa con una fuerza de seis barcos principales: el Constant Reformation, de 52 cañones, el Swallow, de 40, el Black Prince, de 40, el Second Charles, de 40, el Henry, de 30, y el Mary, de 14. No era, por tanto, una pequeña banda de corsarios, sino una verdadera escuadra de guerra. Su misión tenía una lógica militar y económica: hostigar o capturar barcos pertenecientes al bando parlamentario, debilitando sus rutas comerciales y obteniendo al mismo tiempo dinero, mercancías y recursos para mantener su propia flota, además de contribuir a fortalecer la posición y el poder de su rey.

Desde Londres, sin embargo, la perspectiva era completamente distinta. Para la Commonwealth, Ruperto ya no era un almirante legítimo, sino un enemigo y un pirata. Para Ruperto, los barcos que obedecían al nuevo gobierno republicano pertenecían a rebeldes y tenía el derecho de capturarlos.
La guerra civil inglesa acababa de transformarse en una guerra naval sin fronteras.
LA TORRE DE LA MAR
La Torre de la Mar no era solo una torre vigía. Su tradición portuaria se remontaba a época andalusí y, después de la conquista castellana, se convirtió en aduana con competencias relacionadas con las actividades pesqueras y mercantiles. Entre ellas destacó especialmente la supervisión de las exportaciones de productos locales, una actividad fundamental para la economía local.
Sobre todo, durante la Edad Moderna, la ensenada de Torre del Mar funcionó como puerto de la Axarquía, aunque sin las grandes infraestructuras portuarias de Málaga. Desde allí salían productos agrícolas de la comarca —vino, pasas, aceite, almendras, higos y otros frutos— hacia los puertos del norte de Europa. Los ingleses, asímismo, tenían un papel protagonista en aquel comercio.

La investigación de José Ignacio Martínez Ruiz, en su artículo Málaga en el comercio anglo-español en el siglo XVII, ha demostrado la extraordinaria importancia de la colonia mercantil inglesa de Málaga y el papel fundamental que desempeñaban las pasas malagueñas en el comercio con Inglaterra. Málaga llegó a convertirse, en palabras del propio estudio, en una especie de "puerto inglés" dentro de España.
Por ello, la presencia de mercantes ingleses en la costa de Vélez no resultaba extraña.
PATENTE DE CORSO
Ruperto abandonó Lisboa el 12 de octubre de 1650 y atravesó el Estrecho. Su objetivo era abordar barcos del bando parlamentario que, según ciertas confidencias llegadas a sus oídos, se hallaban comerciando en las costas de Andalucía.
El primer gran episodio ocurrió en Málaga. Aquí se encontraban fondeados varios mercantes ingleses. Ruperto ideó una operación bastante ingeniosa: uno de sus barcos, el Henry, entraría en el puerto aparentando ser un mercante. Su posición debía dificultar la salida de los barcos ingleses mientras el resto de la escuadra se preparaba para atacar durante la noche.
Pero el plan fracasó porque varios marineros descontentos del propio Henry consiguieron escapar en una embarcación y avisaron a los mercantes ingleses. Estos tuvieron tiempo de prepararse y Ruperto perdió la oportunidad de capturarlos.
Pero Ruperto no abandonó la costa. Puso rumbo hacia el este. Y es entonces cuando apareció en Vélez-Málaga.
EL EPISODIO DE VÉLEZ-MÁLAGA
En Vélez-Málaga se le presentó una segunda oportunidad. Anclados frente a la costa de Torre del Mar había otros cuatro barcos ingleses. Ruperto llegó con su escuadra y decidió intentar primero la vía diplomática. Exigió que las autoridades locales le entregasen los barcos. Así que se entrevistó con el responsable que entonces estaba a cargo de la Capitanía General de la costa de Granada.
Este hombre no era simplemente un funcionario local. La documentación española identifica al rondeño Gaspar Ruiz de Alarcón, caballero de la Orden de Santiago y teniente general de la Costa de Granada. En una Cédula real, contemporánea a los hechos, se explica que Alarcón hizo saber a Ruperto que aquellos barcos se encontraban "debajo de mi artillería con salvoconducto" y que disfrutaban de la seguridad que les proporcionaban los puertos españoles. La situación era jurídicamente clara para las autoridades españolas: la guerra civil inglesa no convertía automáticamente un puerto de Felipe IV en territorio de ninguno de los dos bandos. Los navíos ingleses estaban bajo protección española, cualquiera que fuera el bando al que perteneciesen.


Ruperto, sin embargo, sostenía una interpretación muy diferente. Para él, aquellos barcos eran rebeldes ingleses. Según la doctrina que defendía, ningún Estado extranjero debía ofrecer refugio a los enemigos de su rey, Carlos II.
Hubo varias conversaciones entre Ruperto y Alarcón. Y, finalmente, llegaron a un acuerdo. Ruperto se comprometió a no disparar contra ellos. Pero, repentinamente, éste rompió el acuerdo y decidió actuar. Envió cuatro lanchas con marineros y soldados armados contra los navíos parlamentarios con la intención expresa de quemarlos. El resultado, según nos informa la cédula real, fue que uno de los barcos quedó completamente quemado y otro sufrió un incendio.
Entre aquellos barcos se encontraba el del capitán Morley, el cual escapó del ataque de milagro.
La historiografía naval británica señala que Morley era objeto de la particular animadversión de Ruperto porque era considerado un "reputed regicide", un reputado regicida que había participado en la muerte de su tío Carlos I. Y aquí aparece uno de los elementos más inquietantes de la historia. No sabemos todavía con certeza quién era Morley, aunque podría estar emparentado con los Morley vinculados al bando parlamentario. Pero sí sabemos algo: Ruperto tenía una razón personal y política para querer capturarlo. Y eso convierte el ataque en algo más que una operación de corso. De hecho, la venganza formaba parte de la mentalidad de aquella escuadra. Una memoria vinculada a aquellos marineros resumía su situación con una frase extraordinariamente expresiva: "poverty and despair as our companions, and revenge as our guide" (Pobreza y desesperación como compañeros; la venganza como guía).
Ruperto, después del ataque sorpresa, abandonó Vélez y continuó hacia Motril, donde volvió a atacar otros mercantes ingleses. Esta vez las defensas españolas llegaron a abrir fuego contra los realistas. La persecución continuó hacia el este. Mientras Ruperto y su hermano Mauricio perseguían al mercante londinense Marmaduke, el célebre Robert Blake seguía el rastro de la escuadra, la cual quedó finalmente destruida en Cartagena.
REPERCURIONES DIPLOMÁTICAS
El episodio de Vélez tuvo una consecuencia que fue mucho más allá de los barcos incendiados.
Para Felipe IV, Ruperto había cruzado una línea roja. Una cosa era tolerar la presencia de una escuadra realista en aguas españolas; otra muy distinta permitir que una potencia extranjera utilizara un puerto de la Monarquía Hispánica para resolver por la fuerza una guerra civil que no era española.
La documentación es inequívoca. Felipe IV denunció que Ruperto había cometido una "tan declarada hostilidad dentro de mi puerto y debajo de mi artillería" y consideró que había violado la seguridad que España les había concedido. Como consecuencia, ordenó que ni Ruperto ni sus navíos fueran admitidos en los puertos de la Monarquía, mientras que los barcos del Parlamento debían recibir buen trato. La cédula dic así:
«Que ha faltado (Ruperto) a la obligación que debía, haciendo tan declarada hostilidad dentro de mi puerto y debajo de mi artillería, violando la observancia de la república, he resuelto que de aquí adelante ni los navíos referidos del dicho príncipe ni su persona sean admitidos ni (f) en mis puertos por ningún caso ni accidente, y que los de la armada del Parlamento que han entrado o entraren en ellos se les haga todo el buen pasaje y tratamiento.»
Este asunto, por tanto, modificó la política de España respecto a los realistas. Sin embargo, es importante entender bien que España no se convirtió de repente en una aliada de Cromwell. La cuestión era otra. Madrid había reconocido diplomáticamente a la Commonwealth y quería preservar sus propios intereses; Ruperto, al atacar barcos protegidos por la jurisdicción española, había convertido la guerra civil inglesa en un problema de soberanía española.
Cuando este asunto llegó a Londres. Alonso de Peralta y Cárdenas, embajador de Felipe IV ante Inglaterra, tuvo que explicar en el Parlamento la posición española. El 26 de diciembre de 1650 pronunció un discurso sobre la derrota de la flota de Ruperto en Cartagena, y donde nombro los hechos de Vélez-Málaga. El impreso contenía además un relato naval parlamentario de la persecución.
Así, este episodio había recorrido en pocas semanas el camino diplomático entre la costa de Vélez-Málaga, Madrid y Londres.
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
Fuentes primarias
Felipe IV, cédula dirigida a don Francisco Fernández Melgarejo, corregidor de Murcia y Cartagena, enero de 1651, sobre los acontecimientos de Vélez-Málaga y la actuación de Ruperto. La documentación recoge la intervención de don Gaspar Ruiz de Alarcón, los cuatro barcos parlamentarios, las negociaciones y el ataque posterior.
Alonso de Cárdenas, The addresse of Don Alfonso de Cardenas Lord Ambassadour for the King of Spain, to the Parliament of the Common-wealth of England, 1650. El impreso fue dirigido al Parlamento de la Commonwealth y contiene el discurso diplomático de Cárdenas y un relato parlamentario de la derrota de Ruperto.
Robert Blake, correspondencia recopilada en The Letters of Robert Blake, Navy Records Society. El índice documenta la presencia de Ruperto en Málaga, su intento de capturar mercantes y la persecución posterior.
Bibliografía
Ballester Rodríguez, Mateo (2015). «Los ecos de un regicidio. La recepción de la Revolución inglesa y sus ideas políticas en España (1640-1660)». Revista de Estudios Políticos, núm. 170, octubre-diciembre, pp. 91-119
Cárdenas, Alonso de (2011). La Revolución inglesa (1638-1656) / The English Revolution (1638-1656). Edición de Ángel Alloza y Glyn Redworth. Madrid: Biblioteca Nueva, 178 pp.
Clowes, W. L., The Royal Navy: A History from the Earliest Times to the Present. La obra recoge expresamente la destrucción de dos barcos ingleses en Vélez-Málaga y menciona al capitán Morley.
Hannay, David, A Short History of the Royal Navy, 1217–1688. Especialmente útil para comprender la transformación de la escuadra de Ruperto en una fuerza que debía mantenerse mediante capturas y para la interpretación de su campaña mediterránea.
Maestre de San Juan Pelegrín, Federico (2007). «Cartagena año 1650, escenario bélico de la Guerra Civil Inglesa». Cartagena Histórica, n.º 21, pp. 29-41.
Martínez Ruiz, José Ignacio, «A towne famous for its plenty of raisins and wines. Málaga en el comercio anglo-español en el siglo XVII», Hispania, 71/239 (2011), pp. 665-690. Estudio fundamental para el contexto comercial anglo-malagueño y la importancia de las pasas y otros productos malagueños en el comercio inglés.
Scott, Eva, Ruperto, Prince Palatine. Biografía clásica de Ruperto, útil especialmente para reconstruir su trayectoria y su versión de los acontecimientos.
Powell, J. R. (ed.), The Letters of Robert Blake, Navy Records Society, 1937. Fundamental para seguir la persecución parlamentaria de Ruperto por el Mediterráneo.



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