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Bandolerismo en la Axarquía. Mito y realidad

recreación por IA del célebre bandolero José María el Tempranillo, según un dibujo de John Frederick Lewis (1800-1805)
recreación por IA del célebre bandolero José María el Tempranillo, según un dibujo de John Frederick Lewis (1800-1805)

HISTORIA DEL BANDOLERISMO ANDALUZ


El bandolerismo andaluz no es un fenómeno repentino del siglo XIX, sino una realidad histórica de muy larga duración. Ya en época romana se documentan partidas de salteadores en zonas montañosas y mineras de la Bética, lo que llevó a las autoridades imperiales a construir torres de vigilancia para proteger las explotaciones y los caminos.


Durante las conquistas de los reinos cristianos en la Baja Edad Media existieron los llamados golfines, que actuaban en las fronteras con el Reino de Granada. Eran salteadores formados por caballeros, hidalgos o milicianos desarraigados, habituados a un modo de vida marcado por las guerras fronterizas. Las crónicas de Alfonso XI advertían ya del peligro de sus emboscadas, y las Cortes del siglo XIV y XV reclamaron medidas contundentes contra ellos.


Tras la conquista castellana del reino nazarí, el fenómeno adoptó un nuevo rostro: los monfíes, moriscos fugitivos y proscritos que se refugiaron en las sierras de la Axarquía y Ronda. Protagonizaron ataques y resistencias durante la conversión forzosa y la rebelión de las Alpujarras. El cronista veleño Juan Vázquez Rengifo, en su obra Grandezas de la ciudad de Vélez y hechos notables de sus naturales (1615), narra que, semanas después del estallido de la guerra en las Alpujarras, un grupo de moriscos se reunió clandestinamente en un molino de la carretera de Sedella. Allí se encontraba un tal Almueden, monfí de las Alpujarras, quien les contó cómo Aben Humeya se había levantado y pretendía traer huestes a esta zona del reino con ayuda de piratas berberiscos.


Monfíes en la revuelta de las Alpujarras según un grabado de la novela Los Monfíes de las Alpujarras (1859) de Manuel Fernández y González..
Monfíes en la revuelta de las Alpujarras según un grabado de la novela Los Monfíes de las Alpujarras (1859) de Manuel Fernández y González..
Aspecto de un bandolero del siglo XVII
Aspecto de un bandolero del siglo XVII

Ya en el tránsito entre los siglos XVIII y XIX surge el bandolerismo “clásico” o romántico, el más conocido en el imaginario colectivo. Personajes como Diego Corrientes, José María “el Tempranillo” o los Siete Niños de Écija encarnaron un bandido idealizado, mezcla de delincuente y héroe noble, muy difundido por viajeros extranjeros.

 

EL BANDOLERO EN LA LITERATURA EXTRANJERA Y ESPAÑOLA


A lo largo del siglo XIX, España fue visitada por numerosos viajeros extranjeros —muchos de ellos artistas y escritores— que anotaron sus experiencias en una tierra que consideraban ajena, exótica y misteriosa. Fueron ellos quienes, en buena medida, forjaron una imagen idealizada del bandolero: lo convirtieron en símbolo de libertad, justicia natural y rebeldía heroica, deformando la realidad histórica mediante exageraciones y fantasías. Difundieron así, a nivel internacional, el mito que hoy conocemos.


Los franceses Prosper Mérimée, Gustave Doré y Jean Charles Davillier; el estadounidense Washington Irving; o el inglés Richard Ford describieron España como un país atrasado, con personajes pintorescos y exóticos en la forma de toreros, bailadoras y bandidos, mezcla de Oriente y Edad Media. En ese marco destacaron la figura del bandolero, presentado como rebelde frente a la injusticia, héroe popular o incluso “buen salvaje”, en contraste con la sociedad corrupta que ellos creían observar. Algunos viajeros extranjeros llegaron a afirmar que deseaban ser asaltados para conocer personalmente a estos delincuentes y, cuando no lo lograban, expresaban su frustración.


Visión romántica del bandolero-contrabandista según la obra de John Frederic Lewis "contrabandista saliendo de Gibraltar".
Visión romántica del bandolero-contrabandista según la obra de John Frederic Lewis "contrabandista saliendo de Gibraltar".

La realidad distaba mucho de esa visión idealizada. ¿Cómo veíamos los propios españoles al bandolero?


En España, la imagen varió según las épocas. En el siglo XVII, Tirso de Molina presenta en El bandolero la vida de Pedro Armengol, noble convertido en proscrito por circunstancias trágicas y finalmente convertido en Santo. Aquí el bandolero aparece como caballero caído, virtuoso y heroico.


En el siglo XIX conviven dos visiones muy diferentes. La romántica, como en El Barquero de Cantillana (1894), donde el bandido surge como víctima del cacique, hombre de honor y protector de los débiles. Y la realista y crítica, representada por Benito Pérez Galdós (1887), que retrata a los bandoleros contemporáneos —Melgares, el Bizco y Frasco Antonio— como criminales peligrosos, sanguinarios y reflejo de la debilidad del Estado.


Francisco Algora, Sancho Gracia y Pepe Sancho, actores españoles que participaron en la popular serie de televisión Curro Jiménez en los años 80. La historia se basaba en la visión romántica del bandolero de la obra "el barquero de Cantillana". Fuente: RTVE
Francisco Algora, Sancho Gracia y Pepe Sancho, actores españoles que participaron en la popular serie de televisión Curro Jiménez en los años 80. La historia se basaba en la visión romántica del bandolero de la obra "el barquero de Cantillana". Fuente: RTVE

A comienzos del siglo XX la perspectiva se vuelve criminológica. Constancio Bernaldo de Quirós describe al bandolero como delincuente común, brutalizado por su entorno y sostenido por la complicidad rural, despojándolo de cualquier romanticismo.


La literatura de cordel, la prensa y los folletines reforzaron una imagen ambigua: mitad héroe popular, mitad delincuente temido.

 

LOS ÚLTIMOS BANDOLEROS DE LA AXARQUÍA


En las últimas décadas del siglo XIX, cuando el bandolerismo ya declinaba en la mayor parte de España, la Axarquía malagueña vivió un último brote especialmente violento protagonizado por tres hombres: Manuel Melgares Ruiz, Luis Muñoz García —apodado el Bizco del Borge— y Francisco Antonio Palma, conocido como Frasco Antonio.


Interpretación de la IA basada en dibujos y descripciones de la época: Frasco Antonio a la izquierda y Manuel Melgares a la derecha.
Interpretación de la IA basada en dibujos y descripciones de la época: Frasco Antonio a la izquierda y Manuel Melgares a la derecha.

El origen del triunvirato se remonta al secuestro ocurrido el 17 de abril de 1877. El joven propietario Juan Aurioles y Aurioles, de Zahara de la Sierra (Cádiz), fue raptado mientras dormía en una choza del cortijo Cama del Puerco. Tres hombres armados llegaron a caballo, redujeron a los presentes y se lo llevaron. A partir de aquí se inició uno de los secuestros más impactantes de la Andalucía del siglo XIX. Los secuestradores exigieron 10.000 duros de rescate y, tras recibir la suma, lo liberaron.


En enero de 1879 se celebró el Consejo de Guerra encargado de esclarecer el secuestro. Fueron interrogadas sesenta y seis personas. La sentencia fue especialmente dura para algunos vecinos de Zahara de la Sierra, que, según la justicia, habían participado en el plan. Sin embargo, los auténticos perpetradores nunca fueron capturados, aunque sí condenados a muerte: José Moreno Reyes —apodado Jarceso—, Luis Muñoz García (el Bizco del Borge) y Manuel Melgares Ruiz.


A partir de entonces se forja la leyenda.


Recreación de un juicio por bandolerismo. Mediados del siglo XIX
Recreación de un juicio por bandolerismo. Mediados del siglo XIX

EL TRIUNVIRATO EN LA PRENSA DE LA ÉPOCA


La prensa construyó una imagen sensacionalista y aterradora. El Noticiero (1883) los describe como “héroes de un drama constante”, capaces de burlar a la Guardia Civil y aterrorizar las provincias de Málaga, Granada y Córdoba. La Correspondencia (1883) contrapone al Bizco, violento y dado a la bebida, con Melgares, astuto, sobrio y proclive a disfrazarse de sacerdote para mezclarse entre la población.


El Resumen (1885) ofrece descripciones físicas minuciosas: el Bizco como personaje pintoresco pero peligroso, experto en camuflarse; Melgares como el más calculador, frío y astuto; y Frasco Antonio como el más rudo y directo del grupo. Otros periódicos —La Época, El Motín, La Hormiga de Oro— los presentan influyendo en las elecciones de 1886 y como instrumentos del caciquismo político.


Los periódicos de la época recogen numerosos episodios sobre la banda. Uno de los más célebres fue el asesinato de dos guardias civiles en el cortijo de los Gálvez en Vélez-Málaga (1885). Este crimen provocó duras órdenes del Gobierno: creación de redes de espionaje, mayor vigilancia de caminos y establecimiento de somatenes.


Guardias civiles registrando un cortijo. Este cuerpo, fundado en 1844, fue clave para la lucha contra el bandolerismo. Fuente: Archivo de la Guardia Civil.
Guardias civiles registrando un cortijo. Este cuerpo, fundado en 1844, fue clave para la lucha contra el bandolerismo. Fuente: Archivo de la Guardia Civil.

Tras el terremoto de 1884 se produjo un episodio curioso. El rey Alfonso XII, que visitaba los pueblos afectados, pidió naranjas en una casa de Torrox sin saber que pertenecía a la familia de Melgares. Los propietarios rehusaron recibir pago alguno, gesto que mezcló deferencia y simbolismo.


Los métodos criminales del triunvirato eran variados. Enviaban cartas extorsivas a propietarios rurales exigiendo grandes sumas de dinero. En una ocasión, Melgares entró en un cortijo de Cuevas de San Marcos fingiendo un recado y obligó al dueño a entregarle 4.000 duros.


Descanso de una batida de la Guardia civil en la misión de perseguir a bandoleros.
Descanso de una batida de la Guardia civil en la misión de perseguir a bandoleros.

También empleaban engaños ingeniosos. En una fonda de Zafarraya pagaron con antelación unas copas para los guardias civiles y dejaron pistas falsas para despistarlos. En otras ocasiones, se disfrazaban de sacerdotes o viajeros para transitar por los pueblos sin ser reconocidos.

 

LA CAÍDA Y MUERTE DE LOS TRES BANDIDOS


El final llegó entre 1886 y 1889, aunque de manera escalonada.


Frasco Antonio fue abatido por la Guardia Civil cuando intentaba cobrar una extorsión al propietario Miguel Moreno Velasco en Vélez-Málaga. Recibió un disparo en la cabeza tras una resistencia desesperada. Su compañero Manuel “Vertedor” murió también en la huida.


La muerte de Melgares —producida poco antes o poco después, según las fuentes— generó múltiples versiones periodísticas: unos afirmaron que fue asesinado por el Bizco; otros, que murió de fiebres; algunos incluso aseguraron que el cadáver exhumado no era el suyo y que había huido al extranjero.


Reconstrucción de la fotografía tomada por la Guardia civil, del Bizco muerto.
Reconstrucción de la fotografía tomada por la Guardia civil, del Bizco muerto.

El último en morir fue el Bizco del Borge. Localizado en el cortijo Grande de Lucena, se enfrentó a la Guardia Civil. Disparó dos veces antes de caer abatido. Portaba una escopeta Remington, una pistola, un cuchillo, cartuchería y diversos objetos personales. Su muerte marcó simbólicamente el fin del bandolerismo clásico en la Axarquía.

 

CONCLUSIÓN


El bandolerismo andaluz es un fenómeno histórico complejo, nacido de crisis económicas, inestabilidades políticas, estructuras sociales profundamente desiguales y un sistema de seguridad débil. A lo largo del tiempo, la literatura y los viajeros románticos deformaron su imagen, creando un mito heroico que poco tenía que ver con la realidad.


Los últimos bandoleros de la Axarquía —Melgares, el Bizco del Borge y Frasco Antonio— encarnaron la fase final de esa historia: criminales despiadados para la prensa y el Estado, pero también personajes envueltos en leyendas, disfraces e ingenio que alimentaron el imaginario popular.


Su persecución, sus enfrentamientos con la Guardia Civil y sus muertes cerraron un capítulo histórico cuyo eco aún resuena en crónicas, relatos y rutas culturales de Andalucía.


FUENTES



 
 
 

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