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Calle del Perdón - Comares

Actualizado: hace 16 horas

Recreación con IA del momento histórico en base a la azulejería que se encuentra actualmente en la calle del Perdón (Comares). FUENTE- el autor del artículo
Recreación con IA del momento histórico en base a la azulejería que se encuentra actualmente en la calle del Perdón (Comares). FUENTE- el autor del artículo

Si hoy paseamos por Comares, célebre por sus extraordinarias vistas panorámicas de la Axarquía, nos toparemos con una calle de nombre tan sugerente como enigmático: la calle del Perdón. Esta toponimia constituye el vestigio silencioso de un episodio de gran trascendencia para la historia de la Axarquía.


La población musulmana de Comares venía arrastrando una crisis demográfica desde comienzos del siglo XV, al tratarse de una tierra fronteriza sometida a continuos ataques o razzias procedentes de Antequera y Archidona por parte de los nobles cristianos. Tras la conquista de la comarca en 1487, muchos musulmanes acomodados vendieron sus propiedades y partieron hacia el exilio. En 1494, el Corregidor de Málaga interrogó a los moradores que permanecían en Comares acerca de sus actividades laborales, y estos declararon que llevaban más de cincuenta años sin cultivar los campos debido a los constantes peligros derivados de la guerra.


Recreación por IA de la entrevisa del Corregidor de Málaga. FUENTE- el autor del artículo.
Recreación por IA de la entrevisa del Corregidor de Málaga. FUENTE- el autor del artículo.

Llegado el año 1500, y en el marco de la progresiva unidad religiosa impulsada por los Reyes Católicos, se decretó la conversión forzosa de la población musulmana. En Comares, alrededor de treinta familias aceptaron el bautismo en una ceremonia pública celebrada, según la tradición, en la actual calle del Perdón. Como recuerdo de aquel suceso —y desde entonces—, tras los tres toques reglamentarios de la misa mayor de domingos y festivos, se hacen sonar treinta campanadas en memoria de aquellas familias que abrazaron oficialmente el cristianismo.


Poco sabemos con certeza sobre el destino de aquellos nuevos cristianos. Desconocemos si su conversión fue sincera o si, por el contrario, recurrieron al principio islámico de la taqiyya (تقية), que permite ocultar la fe en circunstancias adversas. Lo que sí parece claro es que estas comunidades quedaron sometidas a una estricta vigilancia y a un profundo proceso de aculturación: se les prohibió el uso del imāla –dialecto andalusí del árabe–, se restringieron sus prácticas religiosas, sus ceremonias y formas de oración, e incluso se intentó erradicar su alimentación tradicional. A ello se sumaron cargas fiscales que agravaron su situación. En este contexto de presión y desconfianza, la prudencia se convirtió en una forma de supervivencia: ocultar la verdadera identidad religiosa era, en muchos casos, la única defensa posible. Así, de puertas afuera eran Juan o María; pero de puertas adentro seguían siendo Mohamed o Fátima, aferrados en silencio a unas creencias y a unas costumbres que se resistían a desaparecer.


Sin embargo, la tensión acumulada estalló finalmente entre 1568 y 1571, conocido como la rebelión de las Alpujarras. Los habitantes de Comares no se alzaron en un primer momento, sino que mantuvieron una actitud inicialmente pasiva, en un contexto donde la convivencia con las autoridades cristianas había sido relativamente estable. No obstante, el avance del conflicto y el temor a las represalias provocaron el abandono progresivo del pueblo por parte de la mayoría de sus moradores, quedando Comares despoblado, como ocurrió en otras localidades de la Axarquía. Parte de esta población buscó refugio en enclaves fortificados como el Fuerte de Frigiliana, junto a otros tres mil moriscos, donde fueron masacrados por los soldados de Don Juan de Austria.


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