Enrique Ramos Ramos: el algarrobeño que llegó a ser ministro de la República
- Francisco Miguel González López

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Actualizado: hace 1 hora
LOS PRIMEROS AÑOS
Enrique Rodolfo Quintiliano Ramos Ramos nació en Algarrobo el 9 de octubre de 1890, hijo de Enrique Ramos Rodríguez y Fidela Ramos García. Su padre estaba domiciliado en la Plaza de la Constitución de este municipio y era un importante terrateniente local. Incluso, en tiempos de la Restauración, éste llegó a ser Presidente de la Diputación de Málaga. Por lo tanto, la familia Ramos disfrutaba de una situación relativamente acomodada y concedió una gran importancia a la educación de sus hijos.

El joven Enrique realizó sus estudios de bachillerato en Málaga y muy pronto mostró unas extraordinarias capacidades intelectuales. Posteriormente se trasladó a Madrid para estudiar Derecho en la Universidad Central. Allí obtuvo brillantes calificaciones y se doctoró en 1912 con una tesis dedicada a la escuela histórica del Derecho. Su formación coincidió con uno de los momentos más fecundos de la renovación intelectual española. Entró en contacto con el ambiente de la Institución Libre de Enseñanza, cuyo ideario defendía una educación moderna, científica, laica y abierta a las corrientes culturales europeas.
Gracias a una beca de la Junta para Ampliación de Estudios pudo completar su formación en la Universidad de Heidelberg, epicentro del pensamiento jurídico alemán. Allí conoció las teorías de Rudolf Stammler y Friedrich Carl von Savigny, ampliando considerablemente su horizonte jurídico y adquiriendo un profundo conocimiento del derecho comparado europeo.

A su regreso a España abrió un despacho de abogados en Madrid, en el número 32 de la calle Almagro, además de desarrollar una intensa actividad académica como profesor auxiliar de Derecho Romano en la Universidad Central. Al mismo tiempo tradujo diversas obras jurídicas y publicó trabajos especializados que le proporcionaron popularidad en los círculos intelectuales madrileños.
Su compromiso político comenzó muy pronto. Desde joven se identificó con el republicanismo y participó en diversas campañas electorales durante los últimos años de la Restauración (1874-1931). Se presentó en 1919 como diputado a Cortes por el distrito de Torrox, pero no fue elegido. En 1923, sin embargo, lo consiguió por el distrito de Vélez-Málaga. Poco después, sería suspendido tras el golpe militar de Miguel Primo de Rivera.
UN JURISTA AL SERVICIO DEL ESTADO
La proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931 supuso un punto de inflexión en la trayectoria política de Enrique Ramos Ramos. Tras casi dos décadas de actividad intelectual y compromiso republicano, el nuevo régimen ofrecía la oportunidad de poner en práctica muchas de las ideas políticas y jurídicas que había defendido desde su juventud. Para él, la República representaba la posibilidad de modernizar profundamente el Estado español mediante reformas legales, educativas, económicas y sociales inspiradas en los principios del liberalismo democrático y del reformismo europeo.
En las elecciones constituyentes de junio de 1931 obtuvo el acta de diputado por la provincia de Málaga dentro de la candidatura republicano-socialista. Enrique Ramos se integró en Acción Republicana, el partido dirigido por Manuel Azaña, circunstancia que explicará los importantes cargos que ocuparía posteriormente: además de sus responsabilidades parlamentarias, fue miembro de la Comisión Jurídica Asesora, abogado fiscal y teniente fiscal del Tribunal de Cuentas. Estas funciones le permitieron participar en la reorganización administrativa del nuevo Estado y en la elaboración de importantes reformas legislativas.

En este contexto, Enrique Ramos participó en los trabajos preparatorios de la Constitución y presentó diversas iniciativas relacionadas con la cuestión religiosa, especialmente en el artículo tercero que establecía que «el Estado español no tiene religión oficial». Aquella fórmula suponía una ruptura con la tradición constitucional española y pretendía garantizar la neutralidad religiosa de los poderes públicos. Asimismo, Ramos intentó buscar soluciones de equilibrio entre las distintas sensibilidades presentes en las Cortes. Su propuesta consistía en que las relaciones entre el Estado y las órdenes religiosas fueran reguladas mediante una legislación específica. Esta iniciativa fue inicialmente bien recibida por algunos diputados que buscaban una solución de consenso. Sin embargo, las profundas tensiones políticas del momento hicieron que la propuesta no prosperara.
A la par, su nombramiento como subsecretario de la Presidencia del Gobierno constituyó uno de los momentos decisivos de su carrera política. La Segunda República afrontaba enormes desafíos. La crisis económica internacional, los conflictos agrarios, las reivindicaciones obreras, las tensiones territoriales y la oposición de importantes sectores conservadores generaban un clima político extraordinariamente complejo. El trabajo de técnicos como Enrique Ramos resultó fundamental para el funcionamiento cotidiano del Gobierno. Su labor, discreta pero constante, le convirtió en uno de los hombres de confianza del presidente Azaña.

MINISTRO DE HACIENDA Y TRABAJO
La victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 le abrió una nueva etapa política. Manuel Azaña y sus colaboradores regresaron al poder con el propósito de recuperar las reformas paralizadas durante el bienio anterior y tratar de reducir la conflictividad social. En febrero de 1936 Enrique Ramos fue nombrado ministro de Trabajo, Sanidad y Previsión.
La situación era extraordinariamente difícil. Los acontecimientos de octubre de 1934 habían dejado profundas heridas en la sociedad española. Miles de trabajadores habían sido despedidos por motivos políticos y numerosos conflictos laborales permanecían sin resolver. Entre las primeras medidas impulsadas por el nuevo ministro destacó la readmisión de trabajadores represaliados tras aquellos sucesos y la recuperación de los Jurados Mixtos, organismos destinados a facilitar la negociación entre empresarios y trabajadores y evitar conflictos laborales. Su departamento también promovió diversas iniciativas destinadas a combatir el desempleo y mejorar la protección social de los trabajadores. Estas políticas encontraron un importante respaldo entre los sectores progresistas, aunque suscitaron fuertes críticas por parte de la oposición conservadora, que las consideraba excesivamente favorables a las organizaciones obreras.

En mayo de 1936 pasó a ocupar el Ministerio de Hacienda, una de las carteras más importantes del Gobierno, donde permaneció al frente del ministerio durante los gobiernos de Santiago Casares Quiroga, Diego Martínez Barrio y José Giral.
COMPROMISO CON ALGARROBO
Uno de los aspectos más singulares de la biografía de Enrique Ramos Ramos es la estrecha relación que mantuvo con Algarrobo a lo largo de toda su trayectoria pública. A diferencia de otros políticos de la época que, una vez establecidos en Madrid, reducían sus contactos con sus lugares de origen, Ramos nunca perdió el vínculo con la localidad donde había nacido. Por entonces, los diputados y ministros no eran únicamente legisladores o gobernantes nacionales; también actuaban como intermediarios entre las poblaciones locales y la Administración central.
Entre los alcaldes con los que mantuvo una relación más estrecha destacaron Ramiro Navarta, Gaspar Pastor y Domingo Navarta. La correspondencia conservada refleja una comunicación frecuente y una clara voluntad de colaboración. En una de sus cartas dirigidas al alcalde Gaspar Pastor, Enrique manifestaba que podían contar con él para todo aquello que afectara a los intereses generales del municipio.
Una de sus principales preocupaciones fue el desarrollo de las infraestructuras públicas de Algarrobo. La España rural de los años treinta presentaba importantes carencias en materia de equipamientos municipales. Muchos pueblos carecían de mercados adecuados, escuelas suficientes o edificios públicos en condiciones aceptables. Además, a ello se sumaba la precariedad de las vías de comunicación, con carreteras en muy malas condiciones. Consciente de estas limitaciones, Enrique Ramos animaba a las autoridades locales a elaborar proyectos y presupuestos de las obras que considerasen necesarias. Una vez preparados los expedientes, se comprometía a trasladarlos personalmente a los distintos ministerios para intentar obtener financiación. Entre las iniciativas más destacadas figuró la construcción de un mercado municipal y la ampliación de las instalaciones escolares.
Un episodio especialmente significativo tuvo lugar a finales de 1931. El Ayuntamiento deseaba adquirir un inmueble en Mezquitilla para destinarlo a fines educativos, pero las limitaciones económicas del municipio dificultaban la operación. Enrique Ramos aconsejó a las autoridades locales que solicitaran ayuda al Ministerio de Instrucción Pública alegando la situación económica del pueblo y comunicó que ya había hablado personalmente con el ministro Marcelino Domingo para facilitar la concesión de la subvención.
Debido a esta actitud, el Ayuntamiento decidió dedicarle la principal plaza del pueblo como reconocimiento a la ayuda prestada y a la relevancia política alcanzada por uno de los hijos más ilustres de la localidad. Ramos agradeció emocionado esta distinción y manifestó que siempre conservaría aquel homenaje como una de las mayores muestras de afecto recibidas a lo largo de su vida.
No obstante, tras la Guerra Civil la plaza cambió de denominación. Habría que esperar 40 años para que en la década de 1980 un colegio público de Algarrobo-Costa recibiera su nombre y, años más tarde, diversas instituciones culturales de la Axarquía le concedieron el título de Axárquico de Honor Histórico.
GUERRA CIVIL
El golpe de Estado del verano de 1936 sorprendió a Enrique Ramos Ramos desempeñando el cargo de ministro de Hacienda. El fracaso de la insurrección en una parte importante del territorio español transformó rápidamente la situación en una guerra civil que se prolongaría durante casi tres años y que modificaría profundamente la vida de millones de españoles. Para los dirigentes republicanos, la prioridad inmediata consistió en garantizar la supervivencia del Estado y organizar la resistencia frente a los sublevados.

Su permanencia en el ministerio fue relativamente breve. Posteriormente desempeñó otras responsabilidades administrativas de menor relevancia política. Fue presidente del Patronato Nacional de Turismo y miembro del Consejo del Tesoro Artístico, organismo encargado de proteger el patrimonio histórico y artístico amenazado por los efectos de la guerra. Asimismo, volvió a desempeñar funciones relacionadas con el Tribunal de Cuentas.
La Guerra Civil también representó un profundo drama familiar para su familia. Su hermano Heliodoro, prestigioso médico malagueño y tesorero del Colegio Oficial de Médicos de esta provincia, fue detenido y encarcelado tras la ocupación de Málaga por las tropas franquistas en febrero de 1937. Desde la zona republicana, Enrique Ramos realizó numerosas gestiones para intentar salvar la vida de su hermano. Buscó apoyos políticos y promovió diversas iniciativas encaminadas a conseguir un intercambio de prisioneros que permitiera evitar su ejecución. Sin embargo, todas estas gestiones resultaron inútiles. Finalmente, Heliodoro Ramos fue fusilado el 8 de mayo de 1937.

A medida que avanzaba la guerra, la situación militar de la República fue deteriorándose progresivamente. La caída de Cataluña a comienzos de 1939 y el avance de las tropas franquistas hacia la zona centro hicieron evidente que la derrota era inminente. Muchos dirigentes políticos comenzaron a preparar su salida del país para evitar la represión.
En aquellos momentos, Enrique Ramos y su hermano Gabriel se encontraban en Valencia. Su propósito inicial era reunirse con su otro hermano, Rodolfo, y embarcar juntos rumbo a Francia desde el puerto. Sin embargo, Rodolfo y otros miembros de la familia no llegaron a tiempo. Ante la inminencia de los acontecimientos, Enrique y Gabriel decidieron partir sin esperarlos, una decisión que, probablemente, les salvó la vida. Sus hermanos, al no poder alcanzar el puerto, se vieron obligados a ocultarse durante un tiempo en la montaña mientras las tropas franquistas culminaban la ocupación del territorio republicano.
Su estancia en París coincidió con un contexto internacional extraordinariamente difícil. Europa avanzaba rápidamente hacia una nueva guerra mundial y la invasión alemana de 1940 agravaría aún más la situación de los refugiados españoles. En estas circunstancias numerosos españoles buscaron destinos alternativos en América.
Ante esta incertidumbre, Enrique Ramos decidió trasladarse a Estados Unidos y en 1939 se estableció en Nueva York.
EL APARATO REPRESIVO FRANQUISTA CONTRA EL EX MINISTRO
Aunque Enrique Ramos había conseguido abandonar España justo antes del final de la Guerra Civil, las autoridades franquistas no dejaron de actuar contra él. Su condición de antiguo ministro de la República y estrecho colaborador de Manuel Azaña lo convertía en una figura muy significativa para la política represiva impulsada por la dictadura.
La represión franquista consistía únicamente en castigar y depurar políticamente a todos aquellos que hubieran apoyado a la República. Para ello se crearon distintos mecanismos represivos, entre ellos los consejos de guerra sumarísimos, la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939 y, posteriormente, el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo.

Uno de los primeros instrumentos utilizados contra el antiguo ministro fue la Ley de Responsabilidades Políticas, aprobada en febrero de 1939. Esta legislación partía de un principio básico: consideraba responsables de la Guerra Civil y de la situación política anterior a todos aquellos que hubieran colaborado con la República desde octubre de 1934 en adelante. La ley permitía imponer fuertes sanciones económicas y confiscar bienes a los considerados enemigos del nuevo Estado. Enrique Ramos fue incluido en estos procedimientos. Las autoridades franquistas ordenaron investigar su patrimonio, bloquear sus cuentas bancarias y reclamar posibles deudas pendientes. La documentación conservada muestra incluso la intervención sobre una modesta cuenta bancaria que mantenía en Málaga. Además, se le impuso una multa de 500.000 pesetas, una cantidad extraordinariamente elevada para la época, destinada tanto a castigar económicamente al antiguo dirigente republicano como a impedir cualquier posibilidad de reconstrucción patrimonial.
La persecución no terminó con las responsabilidades políticas. En octubre de 1941 Enrique Ramos fue denunciado por su supuesta pertenencia a la masonería. La acusación se apoyaba en el falso testimonio de Luis Massip del Rey, antiguo masón y periodista que colaboró con los servicios represivos franquistas en la identificación de presuntos miembros de las logias españolas. El régimen de Franco consideraba la masonería uno de sus principales enemigos ideológicos. La Ley para la Represión de la Masonería y el Comunismo permitía perseguir judicialmente a quienes hubieran pertenecido o colaborado con organizaciones masónicas.

Como consecuencia de esta denuncia, se abrió un expediente contra Enrique Ramos. La investigación intentó demostrar su supuesta pertenencia a la Logia del Oriente Español. Sin embargo, los documentos conservados presentan importantes lagunas. No se identificó de forma concluyente ni la logia a la que habría pertenecido, ni apareció documentación sobre su iniciación, grado masónico, número de afiliación o pago de cuotas. Pese a estas carencias probatorias, el procedimiento continuó adelante.
Finalmente, el 10 de julio de 1942, Enrique Ramos fue condenado en rebeldía a veinte años y un día de reclusión mayor, junto con las correspondientes penas accesorias de inhabilitación absoluta e interdicción civil. La condena tenía un carácter principalmente simbólico, ya que el antiguo ministro permanecía en el exilio y no podía ser detenido por las autoridades españolas. Sin embargo, sus consecuencias jurídicas eran importantes, pues impedían cualquier eventual regreso al país y reforzaban la confiscación de sus bienes.
VIDA EN NUEVA YORK
Nueva York era una de las grandes capitales del mundo contemporáneo. Su enorme desarrollo económico, su diversidad cultural y el dinamismo de sus instituciones ofrecían importantes oportunidades a quienes lograban abrirse camino, pero también planteaban enormes desafíos a los recién llegados.

Para Enrique, las primeras dificultades fueron de carácter material. Como la mayoría de los exiliados republicanos, tuvo que encontrar medios de subsistencia en un contexto completamente nuevo. Las cartas que escribió durante aquellos años muestran a un hombre consciente de las dificultades que atravesaba. En una ocasión resumió su situación con una expresión especialmente significativa: «La vida aquí dura, pero tranquila.»
Una de sus mayores preocupaciones era la inseguridad jurídica que afectaba a muchos refugiados. Las autoridades estadounidenses aplicaban una estricta política migratoria y numerosos exiliados vivían pendientes de permisos, renovaciones y trámites administrativos que condicionaban su permanencia en el país. Enrique Ramos luchaba contantemente por evitar cualquier riesgo de expulsión.
Pese a todo, su sólida formación jurídica y su amplio conocimiento de idiomas resultaron fundamentales para superar los problemas iniciales. Dominaba el alemán, el francés, el inglés y el italiano, además del español, circunstancia poco habitual incluso entre los intelectuales españoles de su generación. Tras algunos trabajos iniciales relacionados con la enseñanza del español, consiguió incorporarse al prestigioso despacho de abogados Galef y Jacobs, especializado en asuntos internacionales, donde terminó convirtiéndose en socio y responsable de los asuntos relacionados con España e Hispanoamérica.
LABOR DIVULGATICA
Enrique Ramos nunca abandonó la preocupación por el futuro de España. Seguía atentamente las noticias procedentes de su país y mantenía contactos permanentes con otros exiliados para intercambiar información sobre la situación política, económica y social del país. La derrota de las potencias fascistas en la Segunda Guerra Mundial despertó enormes esperanzas entre los republicanos españoles. Muchos pensaban que las democracias vencedoras actuarían contra la dictadura franquista, cuya afinidad ideológica con los regímenes de Hitler y Mussolini parecía evidente. Enrique Ramos compartía estas expectativas.
Sin embargo, el rápido desarrollo de la Guerra Fría alteró profundamente el panorama internacional. El enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética convirtió el anticomunismo en una prioridad estratégica, y el régimen de Franco comenzó a ser considerado un posible aliado frente a la expansión soviética. Esta evolución provocó una profunda decepción entre los exiliados republicanos. Además, Enrique Ramos observaba con preocupación cómo la opinión pública internacional seguía identificando frecuentemente a la República española con el comunismo, simplificando una realidad política mucho más compleja.

Para combatir esa imagen, desarrolló una importante labor divulgativa. Fue invitado a impartir conferencias y preparar estudios sobre los regímenes autoritarios europeos y sobre la situación española. Su objetivo consistía en explicar que la Segunda República había sido un proyecto democrático y constitucional y que la dictadura franquista representaba una ruptura violenta del orden legal.
HENRIETTE LORTON Y SUS ÚLTIMOS AÑOS
Tras el fracaso de su primer matrimonio con Purificación Gómez, inició una nueva relación con Henriette Lorton, una ciudadana alemana de origen judío que residía en Nueva York desde hacía muchos años. Ambos compartieron una vida tranquila en Manhattan y Henriette se convirtió en una compañera fundamental durante sus últimos años.

En los años cincuenta le fue diagnosticado un cáncer de pulmón, enfermedad para la que buscó tratamiento en Alemania. La medicina alemana gozaba entonces de un considerable prestigio internacional, y Ramos depositó sus esperanzas en los especialistas de aquel país. Apenas un año antes de su fallecimiento, la pareja decidió contraer matrimonio. La presencia constante de Henriette durante sus tratamientos médicos y sus viajes a Europa muestra la estabilidad afectiva que ambos habían alcanzado después de tantos años de incertidumbres y dificultades.
Enrique Ramos Ramos falleció en Múnich el 26 de junio de 1958, con sesenta y siete años. Su fallecimiento pasó desapercibido en la España oficial de la dictadura. Sin embargo, entre las comunidades del exilio y entre quienes habían compartido con él la experiencia republicana, su desaparición fue considerada la pérdida de uno de los juristas y políticos más brillantes de su generación.
FUENTES Y RECURSOS
Enrique Ramos Ramos, ministro de Hacienda de la Segunda República (1ª parte)
Clara López Sánchez, Francisco Jesús Martín Marín. Revista europea de historia de las ideas políticas y de las instituciones públicas, Nº. 12, 2018, págs. 9-23
Actuaciones de Enrique Ramos Ramos como Ministro de Hacienda de la Segunda República (2ª partes). Clara López Sánchez. Revista Crítica de la Historia de las Relaciones Laborales y de la Política Social, Nº. 11 (Diciembre 2017-Mayo2018), 2017-2018, págs. 158-180
El cardenal Francis Spellan bajo el anticlericalismo del exministro español Enrique Ramos Ramos. Clara López Sánchez. Revista europea de historia de las ideas políticas y de las instituciones públicas, Nº. 12, 2018, págs. 145-154
El jurista de izquierdas Enrique Ramos Ramos y la cuestión religiosa durante la Segunda República y en el exilio de Nueva York” Martín Marín. Francisco Jesús, Clara López Sánchez. Revista crítica de Derecho Canónico Pluriconfesional, Nº. 3, 2016, págs. 175-216
El pensamiento social y la operativa de un ministro republicano de Trabajo, Sanidad y Previsión: Enrique Ramos Ramos, la mano derecha de Manuel Azaña Díaz. Clara López Sánchez, Francisco Jesús Martín Marín. Revista Crítica de la Historia de las Relaciones Laborales y de la Política Social, Nº. 10 (Diciembre 2015), 2015, págs. 107-167
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