Fenómenos meteorológicos extremos en la Axarquía
- Francisco Miguel González López

- hace 3 días
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Actualizado: hace 1 día
INTRODUCCIÓN
La percepción social de los fenómenos meteorológicos extremos ha experimentado una profunda transformación durante las últimas décadas. La creciente repercusión mediática de las "depresiones aisladas en niveles altos" (DANAs), de las lluvias torrenciales y de las inundaciones registradas en distintos puntos del litoral mediterráneo ha favorecido la difusión de la idea de que estos episodios constituyen un fenómeno climático esencialmente contemporáneo. Sin restar importancia a las modificaciones que el calentamiento global está introduciendo en la frecuencia e intensidad de determinados procesos atmosféricos, el análisis de la documentación histórica demuestra que las precipitaciones extremas forman parte del funcionamiento natural del clima mediterráneo desde hace siglos y que su recurrencia puede seguirse documentalmente, al menos, desde finales de la Edad Media.
La comarca de la Axarquía constituye un laboratorio excepcional para estudiar esta realidad. Presenta una de las configuraciones geomorfológicas más complejas del litoral mediterráneo andaluz. En apenas unas decenas de kilómetros, se suceden las cumbres de Sierra Tejeda y Sierra Almijara, que superan ampliamente los 1.500 metros de altitud, un entramado de barrancos y valles profundamente encajados y una estrecha llanura litoral donde desembocan cursos fluviales de reducido recorrido, entre los que destacan los ríos Vélez, Benamargosa, Torrox, Algarrobo y Chíllar en Nerja. Esta singular disposición espacial convierte a la comarca en un territorio especialmente sensible a los procesos de concentración rápida de escorrentía durante los episodios de lluvia intensa.
Desde el punto de vista climático, la Axarquía comparte las características generales del dominio mediterráneo cálido (Csa según la clasificación de Köppen), caracterizado por inviernos suaves, veranos secos y una marcada irregularidad en el régimen de precipitaciones. Sin embargo, esta aparente estabilidad esconde una elevada variabilidad interanual, alternándose largos periodos de sequía con episodios de precipitación extraordinariamente intensa concentrados en pocas horas o pocos días.
Por otro lado, limitar la explicación de estos fenómenos exclusivamente al comportamiento atmosférico supondría ofrecer una visión incompleta del problema. Las investigaciones de Francisco de Asís Rodríguez Martínez y Miguel Ángel Mesa Garrido han evidenciado que la evolución histórica del paisaje desempeñó un papel decisivo en la intensificación de las inundaciones a partir de la Edad Moderna. La expansión agrícola posterior a la conquista castellana, especialmente mediante el cultivo del viñedo y el olivo y la progresiva roturación de las laderas, favoreció la desaparición de amplias masas forestales, incrementó los procesos erosivos y aceleró la colmatación de los cauces fluviales. Como consecuencia, muchas avenidas que anteriormente podían ser absorbidas por ríos de mayor profundidad comenzaron a producir desbordamientos cada vez más frecuentes y destructivos.
EL EFECTO EMBUDO
La configuración geográfica de la Axarquía, situada entre las sierras de Tejeda, Almijara y Alhama y el mar Mediterráneo, se caracteriza por sus cuencas hidrográficas de pequeño tamaño, con sus ríos de corto recorrido y fuertes pendientes. Estas características favorecen que el agua de lluvia descienda con gran rapidez hacia los cauces principales. La intensidad de las precipitaciones y la fuerte pendiente del relieve provocan que el caudal de los ríos aumente excesivamente en muy poco tiempo. Al alcanzar la llanura litoral, donde la pendiente disminuye de forma brusca, los ríos pierden velocidad y aumenta la probabilidad de desbordamiento. Como consecuencia, se producen inundaciones que afectan tanto a las vegas agrícolas como a los núcleos de población. A esto lo hemos llamado efecto embudo hidrológico, propuesto en este trabajo, el cual constituye un modelo interpretativo que sintetiza el funcionamiento del sistema territorial axárquico.

En otras palabras, una amplia superficie montañosa recoge las precipitaciones y las concentra progresivamente mediante una densa red de barrancos y afluentes hasta un reducido número de cauces principales. El resultado es una rápida acumulación de caudales que supera con facilidad la capacidad hidráulica del tramo bajo de los ríos, especialmente cuando la avenida transporta grandes cantidades de sedimentos procedentes de las laderas erosionadas. El embudo, por tanto, no solo concentra agua, sino también materiales sólidos, acelerando la colmatación de los cauces y favoreciendo la repetición de los desbordamientos en los mismos sectores de la comarca.
La historia ambiental de la Axarquía demuestra igualmente que este proceso natural fue intensificado por la acción humana. La progresiva deforestación iniciada tras la conquista castellana de 1487, la expansión del viñedo, el olivar y otros cultivos sobre laderas de fuerte pendiente, así como la ocupación histórica de las vegas fluviales, alteraron profundamente el equilibrio hidrológico de las cuencas. La pérdida de la cubierta vegetal redujo la infiltración del agua, incrementó la escorrentía superficial y favoreció la erosión de los suelos, mientras que la acumulación de sedimentos en los cauces disminuyó su capacidad de evacuación. Paralelamente, el crecimiento de los núcleos urbanos y de las infraestructuras sobre las llanuras de inundación aumentó progresivamente la exposición de la población frente a un riesgo que permanecía inherente al territorio. En consecuencia, las grandes riadas históricas deben interpretarse como el resultado de la interacción entre procesos naturales y decisiones de ocupación y aprovechamiento del espacio desarrolladas a lo largo de más de cinco siglos.
3. LAS PRIMERAS REFERENCIAS DOCUMENTALES: DE LA BAJA EDAD MEDIA AL SIGLO XVIII
Las referencias más antiguas conocidas sobre fenómenos hidrometeorológicos en el territorio malagueño corresponden al siglo XV. Rodríguez Martínez y Mesa Garrido identifican un largo periodo de precipitaciones comprendido entre octubre de 1434 y marzo de 1435 que afectó al entorno de Málaga y que constituye uno de los primeros testimonios documentales de lluvias extraordinarias en el ámbito provincial. Sin embargo, las fuentes medievales no describen entonces ninguna inundación del Guadalmedina, circunstancia que los autores atribuyen al mayor encajamiento y profundidad del cauce antes de los intensos procesos de sedimentación posteriores.
Durante los siglos XVI, XVII y XVIII la documentación continúa siendo relativamente escasa y dispersa. Las noticias aparecen fundamentalmente en libros capitulares, expedientes de reparación de puentes, solicitudes de exención fiscal por pérdida de cosechas o referencias incluidas en crónicas locales. Aunque estos documentos raramente describen las características meteorológicas del episodio, sí permiten conocer sus consecuencias materiales, lo que constituye un indicador indirecto de la magnitud alcanzada por las avenidas.
Este periodo coincide, además, con una intensa transformación del paisaje agrario de la Axarquía. La expansión de la agricultura sobre las laderas y la progresiva ocupación de las vegas fluviales incrementaron notablemente la exposición del territorio frente a las inundaciones. Por ello, la documentación administrativa comienza a registrar con mayor frecuencia reparaciones de caminos, reconstrucción de molinos, daños en acequias y pérdidas agrícolas, ofreciendo una imagen cada vez más completa de la vulnerabilidad hidrológica de la comarca.
4. FRECUENCIA TEMPORAL (SIGLO XIX -XX)
En este trabajo hemos analizado 45 episodios documentados de temporales, inundaciones, riadas, huracanes, tormentas torrenciales y otros eventos hidrometeorológicos entre 1830 y 1996 en la Axarquía, a través de periódicos de la época y artículos de investigación. Considerando el intervalo comprendido entre el primer episodio documentado (1830) y el último incluido en la serie (1996), equivalente a 166 años, el tiempo medio transcurrido entre un episodio y el siguiente es de 3,8 años, lo que permite afirmar que, estadísticamente, se produce un fenómeno climatológico extremo aproximadamente cada cuatro o cinco años.

No obstante, este valor constituye únicamente una media estadística y no implica una periodicidad regular. La distribución temporal de los episodios muestra un comportamiento claramente irregular, caracterizado por la alternancia de fases de elevada concentración de eventos y periodos relativamente prolongados con escasa actividad. Así, destacan etapas especialmente activas, como las décadas finales del siglo XIX (1887-1897) o el periodo comprendido entre 1969 y 1989, durante las cuales se sucedieron numerosos temporales e inundaciones en un corto espacio de tiempo. Por el contrario, también se observan intervalos de menor incidencia, como el comprendido entre 1935 y 1955, en el que transcurrieron dos décadas sin registrarse episodios de magnitud comparable en la documentación consultada, interrumpido por la gran inundación de 1958.
En definitiva, la frecuencia obtenida debe interpretarse como un indicador estadístico de recurrencia y no como una pauta cronológica fija.
Fecha | Fenómeno | Lugar |
28 oct. 1434 – mar. 1435 | Periodo de lluvias extraordinarias | Málaga |
11–13 enero 1830 | Huracán, nieve y lluvias | Vélez-Málaga, Bentomiz, Arenas, Cajiz, Almayate |
19 noviembre 1852 | Temporal de siete días e inundación | Río Vélez y Axarquía |
Enero 1856 | Gran temporal regional | Vélez-Málaga, Málaga y Andalucía |
Marzo 1863 | Temporal marítimo | Costa de Vélez |
Marzo 1866 | Temporal e inundación | Vélez-Málaga |
Octubre 1879 | Temporal de lluvias | Málaga |
6–7 abril 1881 | Temporal e inundaciones | Andalucía oriental y Axarquía |
Noviembre 1882 | Temporal de lluvias | Provincia de Málaga |
25 diciembre 1884 | Terremoto de Andalucía | Málaga, Granada y Axarquía |
11 noviembre 1887 – enero 1888 | Temporal persistente | Málaga y Vélez-Málaga |
2 octubre 1888 | Riada | Guadalhorce |
13 octubre 1889 | Tormenta eléctrica | Algarrobo y Benamargosa |
14 noviembre 1889 | Gran inundación | Málaga capital |
26 noviembre 1889 | Gran riada | Benamargosa y Axarquía |
22 agosto 1891 | Temporal | Málaga |
23 febrero 1892 | Temporal | Axarquía |
Octubre 1894 | Temporal | Málaga |
1895 (varios episodios) | Temporales | Axarquía |
Abril–mayo 1896 | Temporales | Vélez-Málaga |
Septiembre 1897 | Temporal | Málaga |
24–29 septiembre 1907 | Gran riada histórica | Vélez-Málaga, Torrox, Nerja y Axarquía |
22 octubre 1907 | Nuevo temporal | Vélez-Málaga |
16 octubre 1908 | Tormenta torrencial | Torrox |
Marzo 1917 | Temporal | Málaga |
21 septiembre 1921 | Temporal | Provincia de Málaga |
Octubre 1926 | Riadas | Málaga y Vélez-Málaga |
Abril y octubre 1927 | Temporales | Axarquía |
Agosto 1929 | Temporal | Málaga |
14 febrero 1932 | Temporal | Málaga |
29 septiembre 1935 | Gran temporal e inundaciones | Vélez-Málaga y Axarquía |
29–30 octubre 1955 | Temporal torrencial | Cuenca del río Vélez |
30 ago.–1 sep. 1969 | Temporal | Axarquía |
18–19 noviembre 1969 | Gran temporal | Benamargosa y cuenca del Vélez |
29–30 septiembre 1969 | Temporal | Viñuela y Zafarraya |
Enero 1970 | Temporal prolongado | Axarquía |
Diciembre 1973 | Temporal | Cuenca del Vélez |
1976–1977 | Temporales consecutivos | Axarquía |
Diciembre 1977 | Temporal | Axarquía |
Enero 1979 | Temporal | Axarquía |
6–8 noviembre 1982 | Temporal histórico | Axarquía |
Noviembre 1983 | Temporal | Axarquía |
Febrero 1984 | Temporal | Axarquía |
Agosto 1987 | Gota fría | Axarquía |
Diciembre 1987 | Temporal | Axarquía |
Enero 1988 | Temporal | Axarquía |
26 noviembre 1989 | Riada histórica | Benamargosa y Axarquía |
7 marzo 1991 | Temporal | Axarquía |
Diciembre 1996 | Inundación | Delta del río Vélez |
CONSECUENCIA DE LOS FENÓMENOS FENÓMENOS METEOROLÓGICOS EXTREMOS.
Los fenómenos climatológicos extremos registrados en la Axarquía trascendieron el ámbito estrictamente meteorológico para convertirse en auténticas crisis territoriales. Las lluvias torrenciales destruyeron cosechas, arrasaron infraestructuras, interrumpieron las comunicaciones y ocasionaron numerosas pérdidas humanas. La reiteración de estos efectos a lo largo de los siglos XIX y XX pone de manifiesto que las inundaciones constituyeron uno de los principales condicionantes de la vida económica y social de la comarca.
El primer episodio ampliamente documentado corresponde a enero de 1830, publicado por El Correo. El corresponsal describió el temporal como un «huracán furioso», acompañado simultáneamente de nieve y lluvia, afirmando que «no hay memoria de otro igual». Las consecuencias fueron inmediatas. Varias casas de campo se derrumbaron en Cajiz y Almayate, un tramo de la muralla medieval de Vélez-Málaga cayó junto a la Puerta de Antequera y la vega quedó completamente anegada. El episodio ocasionó además la muerte de una mujer, que fue «arrastrada más de un cuarto de legua y estrellada contra las peñas del río Seco», mientras otras dos resultaron gravemente heridas. La noticia documenta igualmente la pérdida de las cosechas de caña de azúcar y batata, dos de los principales cultivos de la vega del río Vélez en aquellos tiempos.
Tras varias décadas de temporales menos documentados, el otoño de 1852 volvió a poner de manifiesto la vulnerabilidad del valle del Vélez. El Heraldo informaba del desbordamiento del río y de la inundación de numerosas huertas, señalando que aquellas lluvias habían supuesto, paradójicamente, «la resurrección del campo» después de varios años de sequía. Este episodio refleja perfectamente la dualidad del clima mediterráneo: unas precipitaciones indispensables para la agricultura después de periodos de sequía.
Mucho más devastadora fue la gran inundación de enero de 1856, considerada una de las mayores catástrofes naturales sufridas por Vélez-Málaga durante el siglo XIX. El periódico El Eco de la Actualidad constituye la fuente más completa conservada sobre este episodio. Su corresponsal describía una ciudad aislada, con «caminos completamente intransitables», «profundos derrumbaderos» y una vega donde las aguas habían arrastrado huertas, arbolado y construcciones rurales.
Las pérdidas humanas fueron igualmente importantes. El periódico informa de tres personas ahogadas al intentar cruzar el río, otras tres fallecidas por el derrumbe de una tapia, además de varios heridos graves y numerosas pérdidas de ganado. A ello se sumó una profunda crisis de abastecimiento provocada por la destrucción parcial de los molinos harineros y la interrupción del suministro de trigo. El propio corresponsal elogiaba la actuación municipal señalando que «el alcalde no cesó hasta asegurar la subsistencia de sus habitantes», organizando el funcionamiento de las tahonas y distribuyendo pan y otros alimentos entre las familias más necesitadas.
Una década después, el temporal de marzo de 1866 volvió a confirmar la extraordinaria recurrencia de estos fenómenos. El Contribuyente describía el desbordamiento de los ríos y la completa inundación de la vega de Vélez-Málaga, donde las aguas destruyeron gran parte de los cañaverales y dejaron nuevamente incomunicada la ciudad. Aunque la noticia resulta menos detallada que la de 1856, confirma que las grandes avenidas del río Vélez constituían no solo un problema recurrente para la economía agrícola de la comarca, sino que también ponían de manifiesto su vulnerabilidad ante estas situaciones.
Esto mismo ocurrió en abril de 1881, cuando un intenso temporal provocó inundaciones en las huertas de ambas márgenes del río en Vélez-Málaga, ocasionando grandes destrozos y cuantiosas pérdidas económicas. La situación generó un fuerte clima de pánico entre la población y paralizó las labores agrícolas, dejando sin trabajo a numerosos jornaleros y haciendo temer una grave crisis de abastecimiento. El temporal también interrumpió las comunicaciones, al quedar cortada la carretera de Vélez y detenida la diligencia que se dirigía a Granada, lo que obligó a movilizar a la Guardia Civil para auxiliar y proteger a los viajeros. Ante la gravedad de los acontecimientos, el veleño Luis de Rute envió un telegrama al gobernador civil solicitando ayuda urgente.
Pero, sin duda, la riada de septiembre de 1907 ha sido, probablemente, la mayor catástrofe hidrológica documentada en la historia contemporánea de la Axarquía. La prensa nacional dedicó durante varias semanas amplios reportajes al desastre. España Nueva reproducía el telegrama remitido por el alcalde de Vélez-Málaga, según el cual «en la madrugada de ayer se desencadenó una espantosa tormenta sobre aquél y el inmediato de Benamargosa, causando terribles daños». El periódico añadía que «habíanse extraído 16 cadáveres de los ríos a que dan nombre ambos pueblos», cifra que aumentaría posteriormente hasta 23 víctimas mortales conforme avanzaban las labores de rescate.

Los daños materiales alcanzaron una dimensión sin precedentes. En Benamargosa, según informaba España Nueva, «la inundación anegó la iglesia e innumerables casas», mientras que en Cútar varias viviendas quedaron completamente destruidas. Los periódicos describen igualmente puentes arrastrados, carreteras destruidas, pueblos incomunicados y el colapso de las comunicaciones ferroviarias. Especial conmoción produjo la muerte del alcalde de Vélez-Málaga, Francisco Mendal Igualada, arrastrado por la riada en el balneario de Vilo (Periana), cuyo propietario perdió la cabeza al conocer la destrucción de su negocio. El entierro del alcalde veleño fue descrito por El Universo como «una imponente manifestación de duelo».

Las consecuencias sociales se prolongaron durante semanas. La Prensa advertía del riesgo sanitario provocado por la acumulación de animales muertos y la contaminación de las aguas estancadas, mientras que otros periódicos informaban de la llegada de «millares de familias en petición de socorros» desde Vélez-Málaga y otros pueblos de la Axarquía hacia la capital malagueña. La catástrofe se convirtió incluso en un asunto de Estado.
Tras la gran riada de 1907, la Axarquía continuó sufriendo nuevos episodios de lluvias torrenciales, aunque ninguno alcanzó inicialmente una magnitud comparable. Los efectos de las lluvias volvieron a sentirse intensamente en 1929. La Voz informaba de que «con motivo de los grandes daños que ha producido en las cosechas la última tormenta», representantes de Periana, La Viñuela y Canillas de Aceituno se desplazaron a Málaga para solicitar ayudas urgentes al gobernador civil. La noticia resulta especialmente interesante porque pone de manifiesto que tales sucesos climatológicos podían provocar una grave crisis económica al arruinar las cosechas de pequeños propietarios y jornaleros.

El último gran episodio ampliamente documentado por la prensa anterior a la Guerra Civil corresponde al temporal de septiembre de 1935. La Nación describía que «la inclemencia del tiempo que se inició el sábado con ligeras lluvias arreció el domingo por la tarde con intensa lluvia», provocando inundaciones y daños materiales de consideración. En el caso de Vélez-Málaga, el periódico afirmaba que «el temporal ha producido varias desgracias personales y daños materiales de gran importancia».
Entre las víctimas identificadas por la prensa destaca el fallecimiento de Carmen Sánchez Cobos y de dos de sus hijos, alcanzados por un rayo en el cortijo de Juan Gómez, en el término municipal de Vélez-Málaga. Este episodio recuerda que por entonces los pararrayos escaseaban o, en las zonas rurales, eran inexistentes.
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
Biblioteca Nacional de España. Hemeroteca Digital. https://hemerotecadigital.bne.es
Las noticias utilizadas en este trabajo proceden, entre otros, de los siguientes periódicos:
· El Correo (1830).
· El Heraldo (1852).
· El Eco de la Actualidad (1856).
· El Contribuyente (1866).
· La Correspondencia de España.
· La Época.
· El Imparcial.
· El Liberal.
· España Nueva.
· El Correo Español.
· El Nacional.
· El Universo.
· La Voz.
· La Nación.
· Vida Gráfica.
BIBLIOGRAFÍA
AEMET. (2011). Atlas climático ibérico. Iberian Climate Atlas. Agencia Estatal de Meteorología.
Confederación Hidrográfica del Sur de España. (Diversos años). Estudios hidrológicos de la cuenca del río Vélez. Ministerio de Medio Ambiente.
Gil Olcina, A. (1997). Climatología general. Ariel.
Llasat, M. C. (2001). "An objective classification of rainfall events on the basis of their convective features". International Journal of Climatology, 21, 1385-1400.
Olcina Cantos, J. (2004). Riesgos naturales. Conceptos fundamentales y clasificación. Ariel.
Olcina Cantos, J. (2017). Clima y riesgos climáticos en España. Síntesis.
Rodríguez Martínez, F. A., & Mesa Garrido, M. A. (2016). La evolución histórica de las inundaciones en la provincia de Málaga.
Senciales González, J. M. (1995). Las inundaciones del río Vélez (Málaga): análisis hidrológico e impacto territorial.
Senciales González, J. M. (Diversos trabajos). Estudios sobre climatología e hidrología de la Axarquía y las cuencas mediterráneas malagueñas.
Vidal-Abarca, M. R., & Suárez Alonso, M. L. (2008). Ecología de ríos mediterráneos. Universidad de Murcia.
REFERENCIAS WEB
Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). https://www.aemet.es
Confederación Hidrográfica del Mediterráneo. https://www.chmediterraneo.es
Instituto Geográfico Nacional. https://www.ign.es
Biblioteca Nacional de España. Hemeroteca Digital. https://hemerotecadigital.bne.es



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