Joris Hoefnagel y el primer grabado de Vélez-Málaga
- Francisco Miguel González López
- hace 2 días
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INTRODUCCIÓN
Antes de la aparición de la cámara, la memoria visual de las ciudades dependía exclusivamente de la mirada de viajeros, pintores y grabadores, los cuales pululaban por Europa capturando el mejor perfil de los lugares que visitaban. Uno de estos viajeros, el flamenco Joris Hoefnagel, dibujó hacia 1564 el primer grabado que se conoce de Vélez-Málaga, publicado en el Civitates Orbis Terrarum, uno de los más grandes atlas urbano del Renacimiento.
Aquella estampa constituye mucho más que una curiosidad artística. Es un documento histórico de extraordinario valor. En ella aparecen representados el perfil urbano de la ciudad apenas 78 años después de la conquista castellana, la fortaleza nazarí aún dominando la urbe, las iglesias levantadas sobre antiguas mezquitas, el arrabal de San Sebastián y las murallas que la rodeaban. Y es que gracias a este dibujo conocemos la fisonomía de la ciudad cuando aún no existían numerosos edificios que hoy consideramos inseparables de su imagen.
Paradójicamente, durante siglos el verdadero autor de aquella vista permaneció prácticamente oculto. La fama editorial del Civitates Orbis Terrarum hizo que el nombre del grabador, Frans Hogenberg, eclipsara al del dibujante que había recorrido personalmente Andalucía tomando apuntes de sus pueblos y ciudades. Solo los estudios desarrollados durante las últimas décadas han permitido reconstruir con precisión el proceso de elaboración de estas imágenes y devolver a Joris Hoefnagel el protagonismo que le corresponde.
Este artículo pretende recorrer la historia de aquella primera imagen de Vélez-Málaga. Analizaremos quién era el joven artista que la realizó, por qué un flamenco viajaba por Andalucía en pleno siglo XVI, cómo nació el proyecto editorial más ambicioso de la cartografía urbana renacentista, de qué manera fue reproducido durante tres siglos y qué información histórica continúa revelándonos hoy uno de los documentos gráficos más importantes conservados sobre la ciudad.
UN FLAMENCO POR TIERRAS ANDALUZAS
Durante la Edad Media las ciudades europeas apenas podían reconocerse en los mapas. Las representaciones urbanas tenían un carácter esencialmente simbólico: murallas esquemáticas, torres repetidas y edificios idealizados servían para indicar la existencia de una población, pero raramente pretendían reproducir su aspecto real. Lo importante no era la fidelidad, sino el significado.
Todo cambió durante el Renacimiento.
El descubrimiento de nuevos territorios, la era de la navegación oceánica y el desarrollo de la cartografía despertaron una auténtica obsesión por conocer el mundo con exactitud. Navegantes, cosmógrafos, ingenieros militares y artistas comenzaron a medir costas, levantar planos y representar ciudades con un grado de precisión desconocido hasta entonces. La imagen dejó de ser únicamente un recurso artístico para convertirse también en una herramienta científica, política y propagandística.
La Monarquía Hispánica participó en este proceso a la par que se forjaba el imperio español. Bajo el reinado de Felipe II se impulsó uno de los mayores programas de conocimiento territorial emprendidos en la Europa del siglo XVI. El monarca encargó descripciones geográficas, recopiló las célebres Relaciones Topográficas y envió a su dibujante de cámara, el belga Anton van den Wyngaerde (llamado por los españoles como Antonio de las Viñas), a recorrer numerosas ciudades españolas para realizar panorámicas de extraordinaria precisión. Aquellas vistas no eran simples ilustraciones: constituían una forma de inventariar visualmente el reino y de mostrar al resto de Europa el poder de la Corona.
Mientras Wyngaerde trabajaba al servicio directo del rey, otro artista flamenco recorría los caminos de Castilla y Andalucía. Aquel joven se llamaba Joris Hoefnagel y tenía poco más de veinte años por entonces cuando llegó a Vélez-Málaga.

Pero antes, conviene responder a una pregunta que resulta esencial para comprender toda esta historia: ¿Qué hacía un flamenco recorriendo Andalucía?
Los llamados Países Bajos pertenecían a la Monarquía Hispánica por herencia de Carlos V. Su hijo, Felipe II, gobernaba un inmenso conjunto de reinos y estados dispersos por Europa, América y Asia. Amberes, ciudad natal de Hoefnagel, era entonces uno de los principales centros financieros del continente y mantenía intensas relaciones comerciales con Castilla y con los puertos andaluces. Joris Hoefnagel nació allí en 1542, en el seno de una próspera familia dedicada al comercio de diamantes. Recibió una educación propia de las élites urbanas del Renacimiento: estudió latín, aprendió varias lenguas, cultivó la música y desarrolló desde muy joven una extraordinaria habilidad para el dibujo.
Entre 1561 y 1569 recorrió buena parte de Europa. Visitó Francia, Inglaterra, Alemania y España. No obstante, ninguna región ocupó un lugar tan destacado como Andalucía. Los estudios realizados sobre su obra pictórica permiten afirmar que permaneció en España aproximadamente entre 1563 y 1567, y que buena parte de ese tiempo transcurrió en tierras andaluzas. No parece una elección casual. Andalucía ofreció al viajero flamenco un paisaje radicalmente distinto al de los Países Bajos: montañas abruptas, ciudades de origen islámico, huertas irrigadas mediante acequias, fortalezas medievales y una arquitectura donde convivían iglesias cristianas con antiguas mezquitas transformadas tras la conquista castellana.

La fascinación de Hoefnagel por Andalucía queda reflejada en un dato destacado. De las cuarenta y cuatro vistas españolas publicadas posteriormente en el Civitates Orbis Terrarum, treinta y cuatro corresponden a ciudades andaluzas.
EL ATLAS QUE CAMBIÓ LA IMAGEN DEL MUNDO
Años después de su visita a España, sus dibujos llegarían a Colonia, donde serían transformados en planchas de cobre por el maestro grabador Frans Hogenberg bajo la dirección del humanista Georg Braun. Formaron parte del atlas Civitates Orbis Terrarum (Ciudades del Mundo), el primer gran atlas dedicado exclusivamente a las ciudades del mundo conocido, cuya publicación se produjo en 1572.

Bastaba abrir cualquiera de sus páginas para comprender que el lector tenía entre sus manos algo completamente nuevo. En ellas se representaban ciudades vistas desde la distancia, reconocibles, con sus murallas, sus iglesias, sus fortalezas, sus puertos, sus puentes y sus habitantes. Por primera vez en la historia un lector podía contemplar con bastante fidelidad el aspecto de Sevilla, Toledo, Lisboa, Londres, Constantinopla o, en nuestro caso, Vélez-Málaga, sin haber viajado jamás hasta ellas.
El Civitates Orbis Terrarum contenía más de trescientas sesenta láminas, representando aproximadamente cuatrocientas ochenta ciudades distribuidas por Europa, Asia, África y América. Nunca antes se había intentado algo semejante. Era una auténtica enciclopedia visual del planeta conocido.
TRES HOMBRES, UNA MISMA OBRA
Durante mucho tiempo la historia simplificó enormemente el origen del Civitates. Las láminas aparecían firmadas por Braun y Hogenberg, de manera que parecía lógico pensar que ambos eran también los autores de los dibujos.
Hoy sabemos que aquella interpretación era incompleta. En realidad, el atlas fue el resultado de una compleja colaboración entre tres figuras muy diferentes.
Georg Braun (1541-1622) era canónigo de la catedral de Colonia, humanista y editor. Fue el auténtico director del proyecto. Su trabajo consistía en reunir dibujos procedentes de toda Europa, seleccionar las ciudades que debían publicarse, redactar los textos descriptivos y coordinar la impresión de los diferentes volúmenes.
Frans Hogenberg (ca. 1535-1590) era quien transformaba los dibujos en imágenes reproducibles. Trabajaba mediante una técnica denominada calcografía o grabado en cobre. Era un trabajo de una precisión extraordinaria, pues el proceso de entintado era sumamente complejo. No resulta extraño que Hogenberg haya pasado a la historia como uno de los mejores grabadores europeos del Renacimiento.
Sin embargo, Hogenberg no viajó a la mayoría de esas ciudades ni fue el autor de los dibujos originales. Su labor consistía en grabar las planchas de cobre desde su taller de Colonia, a partir de los dibujos que le remitían diversos artistas. Entre ellos destacó Joris Hoefnagel, quien recorrió durante varios años la Península Ibérica realizando un trabajo casi sistemático de documentación gráfica del territorio.
EL VIAJE DESDE GRANADA A VÉLEZ
En algún momento entre 1563 y 1567 —muy probablemente durante 1564, cuando el artista recorrió Andalucía oriental— el pintor flamenco ascendió por el antiguo camino que comunicaba Granada con Vélez-Málaga.
Tras franquear el Boquete de Zafarraya, la ruta se internaba en una sucesión de barrancos y lomas hasta alcanzar la fértil vega del río Vélez. Era un itinerario conocido desde siglos atrás, aunque no estaba exento de peligros, no solo por lo abrupto de la orografía, sino también por la presencia de salteadores. Cuando Hoefnagel recorrió aquel camino, la Axarquía se encontraba a las puertas de la rebelión de las Alpujarras (1568-1571), y ya entonces la comarca era escenario de la actividad de monfíes, bandidos moriscos que se refugiaban en las sierras y asaltaban a los viajeros. Es posible que Joris tuviera que afrontar ese riesgo durante su viaje.

ANÁLISIS DEL GRABADO
Una de las cualidades más llamativas de Hoefnagel en su obra es su extraordinario sentido de la composición. No elegía cualquier lugar para dibujar. Antes de comenzar a dibujar buscaba un punto desde el que pudiera visualizar al completo la estructura urbana, el relieve y las principales vías de comunicación.
En nuestro caso, El grabado de Vélez-Málaga aparece contemplada desde el sureste. En él aparecen los edificios más emblemáticos de la ciudad: La fortaleza, el barrio de la Villa, Santa María, San Juan o el arrabal de San Sebastián. No sobresale, sin embargo, la iglesia de Santiago Apóstol (y el convento de San Francisco) pues en torno a 1564 probablemente presentaba un aspecto mucho más modesto que en siglos posteriores y no encarnaba un hito arquitectónico como en la actualidad. Cabe destacar del grabado, el Boquete de Zafarraya, en el perfil de montañas de la parte superior izquierda.


En base al análisis paisajístico de Santiago Manuel Pardo, podemos deducir que Hoefnagel se ubicó en el actual barrio de Capuchinos, aproximadamente en las inmediaciones de la actual avenida Vivar Téllez, para dibujar los posibles bocetos de la ciudad. Naturalmente, esta identificación debe considerarse una hipótesis de trabajo, pues no existe ningún documento que indique el lugar exacto donde se instaló. Sin embargo, la comparación entre la composición del grabado y la orientación desde Google Earth, le otorgan por el momento la candidatura más verosímil.

No obstante, existe una segunda teoría defendida por el topógrago y cartógrafo veleño Miguel Ángel Torres Delgado, el cual sitúa el lugar donde el pintor flamenco realizó su trabajo en el Camino Viejo de Málaga, sobre un doble desmonte surcado de chumberas, desafortunadamente ya inexistente por el urbanismo moderno (ubicado en el sector VM7). Según Miguel, en sus inicios como pintor al óleo, hizo un cuadro yendo por las tardes a ese olivar, sobre 1982, que encajaba perfectamente con la perspectiva del paisaje realizado por el flamenco de 1564.
Además del paisaje, Hoefnagel dibujó tres personajes en el primer término del grabado. Dos a caballo y uno a pie. Hemos llevado a cabo un análisis exhaustivo y la conclusión en la siguiente: las figuras sirven para introducir escalas. Gracias a ellos comprendemos el tamaño del paisaje.
Pero además aportan información etnográfica. Su vestimenta, su postura, su actividad. Todo nos ayuda a reconstruir una imagen de la vida cotidiana.

Los dos personajes montados a caballo comparten varios rasgos. Ambos llevan una capa corta o esclavina. Era una prenda muy habitual entre viajeros, pues servía para proteger del viento y de la lluvia, además de símbolo de cierta respetabilidad. Bajo la capa se aprecia un jubón ceñido, la prenda masculina por excelencia del siglo XVI, y las piernas aparecen cubiertas por calzas ajustadas, probablemente enterizas. En la segunda mitad del XVI todavía era frecuente este tipo de calza entre campesinos y viajeros, aunque en ambientes urbanos comenzaban a imponerse otros modelos. Los dos parecen cubrir la cabeza con un pequeño sombrero de ala corta, probablemente un sombrero de fieltro, muy difundido durante el reinado de Felipe II, y detrás de ellos, sobre el lomo de sus corceles, puede distinguirse dos camas plegadizas. Además, uno de los jinetes parece portar una espada al cinto, y se percibe su mano izquierda alzada en actitud de dialogo con el tercer personaje de la composición.
El tercer personaje guarda similitudes con los jinetes: misma vestimenta y sombrero, y porta una espada en su mano derecha (símbolo de distinción social, seguramente era un hidalgo veleño). Su actitud parece ser el de dar la bienvenida a los viajeros jinetes y guiarlos hacia el interior de la ciudad.
Para concluir, en la parte trasera del grabado, hay un texto en latín que encierra un gran valor documental, ya que se trata de una de las descripciones más extraordinarias de La “Xarquía”, topónimo de origen árabe que hace referencia a nuestra actual comarca. Aquí su traducción:

“Vélez-Málaga es una hermosa ciudad de Hispania, situada hacia el oriente, a unas cinco leguas de Málaga y a media legua aproximadamente del mar Mediterráneo. Está rodeada por amenísimos campos y fértiles colinas, sobre una de las cuales se levanta un castillo que, según se dice, fue construido por los africanos o los moros.
Su territorio está formado por llanuras y valles extraordinariamente fértiles, que producen en abundancia toda clase de frutos necesarios para la vida y el bienestar de los hombres. Los huertos, cuidadosamente cultivados por el trabajo y el ingenio de sus habitantes, proporcionan una cosecha admirable de los frutos más selectos: naranjas, granadas, limones, cidras y otros muchos.
Sus colinas son tan apropiadas para la agricultura como para el cultivo de las viñas, ofreciendo excelentes condiciones para la producción de vino. De ellas procede un vino muy apreciado, así como las célebres pasas de Lexía (Alejandría), obtenidas de uvas secadas al sol hasta adquirir un color dorado. También se recogen en abundancia higos, almendras, seda y otros productos muy estimados en los mercados extranjeros, a los que son exportados con notable beneficio.
Las montañas que rodean la ciudad son elevadas y escarpadas. Desde sus cumbres pueden contemplarse claramente el Estrecho de Hércules, las costas de Berbería y las ciudades africanas de Ceuta y Tánger, situadas junto a la entrada del estrecho. Estas montañas reciben diversos nombres: unas son llamadas la Sierra y otras la Xarquía.
En estos lugares viven numerosos habitantes, descendientes en gran parte de los antiguos moros que permanecieron en el país tras su expulsión. Aunque abrazaron la fe cristiana y recibieron nombres cristianos, conservaron durante mucho tiempo sus antiguas costumbres, su lengua y su forma de vestir. Cultivan con gran esmero las viñas y los árboles frutales, embelleciendo todo el territorio con su trabajo y haciendo muy agradable el aspecto del paisaje.
Cada año se recoge una gran cantidad de frutos, que son llevados a Vélez-Málaga para su comercio. Desde allí los mercaderes los cargan en embarcaciones y los distribuyen por numerosos lugares del universo.
A media legua de la ciudad, junto al mar, se encuentra una gran construcción de piedra llamada la Torre de Vélez, frecuentada por numerosas embarcaciones. En ella existen almacenes y dependencias donde se depositan las mercancías procedentes del territorio vecino antes de ser embarcadas. Desde este lugar parten numerosos navíos cargados de productos que proporcionan importantes rentas al rey.
Esta descripción nos ha sido transmitida por el muy ilustre Joris Hoefnagel, quien conoció personalmente estas tierras y afirmó haber observado por sí mismo cuanto aquí se refiere”.
LOS HEREDORES DE HOEFNAGEL
El grabado de Vélez-Málaga publicado en el Civitates Orbis Terrarum permaneció inalterado desde su aparición en 1572 hasta nuestros días. Pero, como toda obra editorial de éxito, aquella imagen comenzó muy pronto una larga cadena de reproducciones. Unas fueron fieles al original. Otras introdujeron pequeñas modificaciones. Algunas copiaban directamente la estampa de Hogenberg; otras ya no reproducían el dibujo de Hoefnagel, sino una copia anterior. Con el paso del tiempo, el árbol genealógico del grabado fue haciéndose cada vez más complejo.
Paradójicamente, el dibujo original de Hoefnagel ha desaparecido. Todo lo que conocemos procede del grabado calcográfico realizado a partir de él. Este hecho tiene una consecuencia fundamental. Todas las imágenes posteriores descienden, directa o indirectamente, de un original que hoy no podemos contemplar.
El primer heredero fue el propio Frans Hogenberg, el impresor y promotor del Civitates Orbis Terrarum. Tras salir de la imprenta, numerosos atlas eran enviados a talleres especializados donde distintos pintores coloreaban cada lámina manualmente. La mejor copia coloreada a mano de la vista de Vélez-Málaga se conserva en el Rijksmuseum de Ámsterdam (Países Bajos).
Más adelante, con el extraordinario auge de la cartografía neerlandesa durante el siglo XVII, las grandes familias editoriales comenzaron a reutilizar imágenes procedentes del Civitates. Entre ellas destacaron las de Johannes Janssonius (1588-1664), Joan Blaeu (1596-1673) o Pieter van den Berge, y Pieter van der Aa, ya en el siglo XVIII.




FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
Braun, Georg; Hogenberg, Frans (1572-1617). Civitates Orbis Terrarum. Edición facsimilar y diferentes reimpresiones consultadas.
Campos-López, Raúl. Diversos estudios sobre las vistas españolas del Civitates Orbis Terrarum y la autoría de Joris Hoefnagel. Citados en la documentación de investigación.
Gámiz Gordo, Antonio (2006). Five Engravings of Vejer (16th–18th centuries). Critical Study. Sociedad Vejeriega de Amigos del País, Vejer de la Frontera. Especialmente útil para comprender la transmisión de las planchas de Hoefnagel, las copias de Janssonius, Coronelli, Pieter van der Berge y Pieter van der Aa, así como la metodología de análisis iconográfico.
Kagan, Richard L. (1986). Ciudades del Siglo de Oro. Las vistas españolas de Anton van den Wyngaerde. Madrid: El Viso.
Morales Martínez, Alfredo J. (2001). Estudios sobre Anton van den Wyngaerde y la representación de ciudades españolas.
Pardo García, Santiago Manuel (2010). «Aproximación metodológica a las vistas de los núcleos de población: el caso de Vélez-Málaga». Cuadernos Geográficos, nº 46, pp. 35-63. Constituye el principal estudio metodológico sobre la percepción paisajística e histórica de las vistas urbanas de Vélez-Málaga.
Ruiz-Padrón, Luis; Gámiz-Gordo, Antonio (2019). «Historical Views and Viewpoints in Málaga until 1850». Disegnarecon, vol. 12, nº 22. Trabajo fundamental sobre la evolución de la iconografía urbana malagueña desde Wyngaerde hasta la fotografía y sobre la metodología para localizar los puntos de vista históricos.
Tesoros Cartográficos. Instituto Geográfico Nacional. Catálogo de una selección de fondos del Archivo Técnico, Biblioteca y Cartoteca del IGN. Especialmente útil para contextualizar la producción cartográfica europea de los siglos XVI-XVIII y las fuentes gráficas contemporáneas.
Wikipedia
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