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La Desbandá

Actualizado: hace 4 minutos

INTRODUCCIÓN


La evacuación de la población desde Málaga hacia Almería, a comienzos de febrero de 1937, constituyó uno de los episodios más violentos de la Guerra Civil española. Conocido en la memoria colectiva como la Desbandá o la juía, supuso el desplazamiento de decenas de miles de personas por la carretera litoral en dirección a Almería, cuyo detonante fue la ofensiva militar desarrollada por las fuerzas sublevadas para conquistar Málaga. En la carretera coincidieron población malagueña, refugiados procedentes de otras provincias andaluzas, mujeres, niños, ancianos y combatientes republicanos en retirada.


Entre julio de 1936 y febrero de 1937 se estima que Málaga acogió alrededor de 90.000 refugiados, y, durante el éxodo, la población desplazada pudo alcanzar entre 50.000 y 100.000 personas en dirección a Almería. Estas cifras, sin embargo, ponen de manifiesto una primera problemática: no existe un censo único y completo ni de los refugiados, ni de los participantes en el éxodo, así como tampoco hay un registro nominal completo de las víctimas.


Refugiada en la catedral de Málaga. Febrero, 1937. FUENTE- Biblioteca Cánovas del Castillo. Diputación de Málaga
Refugiada en la catedral de Málaga. Febrero, 1937. FUENTE- Biblioteca Cánovas del Castillo. Diputación de Málaga

La reconstrucción histórica debe realizarse, por tanto, mediante la confrontación de documentación administrativa, registros civiles, padrones municipales, documentación militar, prensa, testimonios contemporáneos, fotografías y fuentes orales recogidas.


En el presente artículo vamos a intentar hacer una reconstrucción de los hechos acudiendo a todos estas fuentes, además del uso de bibliografía específica.


DESPLAZAMIENTOS Y TRANSFORMACIÓN DEMOGRÁFICA


La sublevación militar de julio de 1936 produjo inmediatamente importantes desplazamientos poblacionales por todo el país. En nuestro caso, Málaga, por su posición geográfica, favorecía este proceso, pues constituía uno de los principales núcleos republicanos del litoral mediterráneo andaluz y mantenía comunicación con otros territorios republicanos por vía terrestre y marítima. Para las personas procedentes de localidades ocupadas por los rebeldes, la capital ofrecía inicialmente una expectativa de seguridad.


Los desplazamientos fueron diversos tanto en su procedencia como en sus características sociales. Al principio, llegaron refugiados procedentes de la provincia de Cádiz, del Campo de Gibraltar, de Sevilla y de su sierra sur; poco después, de diferentes municipios del interior malagueño; y, posteriormente, de territorios próximos al frente de Granada. Esta situación llevó a la ciudad a soportar una inusitada presión demográfica y tuvo consecuencias inmediatas sobre el alojamiento, el abastecimiento, la higiene y la asistencia sanitaria.


La documentación municipal revela la existencia de comités específicamente destinados a organizar el alojamiento. Los refugiados fueron instalados en edificios públicos, locales colectivos, iglesias y diferentes espacios disponibles. El problema no era solamente encontrar un lugar donde dormir: era necesario garantizar alimentación, atención médica, ropa y, en la medida de lo posible, integración en las estructuras asistenciales existentes.


El fenómeno no quedó circunscrito a la capital. A medida que la guerra se aproximaba a Málaga, diferentes municipios de la Axarquía también desempeñaron funciones de acogida. La llegada de población procedente de territorios próximos al frente fue especialmente significativa en localidades como Periana, Colmenar y Vélez-Málaga. En Colmenar, por ejemplo, se documentan aproximadamente setecientos refugiados durante enero de 1937. En Periana, la Comisión de Refugiados registraba a mediados de enero la llegada de más de un centenar de personas procedentes de la zona de Granada occidental. La ocupación de Alhama de Granada el 20 de enero de 1937 intensificó este proceso.


De este modo, Málaga y la Axarquía formaban parte de un sistema de desplazamiento escalonado. Una familia podía abandonar su localidad de origen en julio o agosto de 1936, trasladarse a Málaga, pasar posteriormente a una localidad de la Axarquía y, finalmente, emprender el camino hacia Almería. La Desbandá fue, para muchas personas, un eslabón de una cadena iniciada meses antes y continuaría hasta el final de la guerra.


La documentación padronal nos permite observar las consecuencias de este fenómeno incluso después de la ocupación. En Periana, un año después de este suceso, aparecen más de doscientas personas ausentes respecto a una población de poco más de tres mil habitantes. En Colmenar los registros también reflejan un número considerable de ausencias. Estos datos son importantes porque permiten comprobar que la guerra había alterado profundamente la estructura demográfica de las comunidades locales.


Pero los refugiados también modificaron la percepción de la guerra. Quienes llegaban a Málaga traían consigo oscuros relatos de los territorios ocupados. Describían ejecuciones desmedidas, detenciones, saqueos, persecuciones y desapariciones. La circulación de estos relatos tuvo consecuencias políticas y psicológicas. La población de Málaga comenzó a conocer la violencia que acompañaba al avance de las tropas sublevadas.


Según las fuentes, entre las que se encuentra los estudios realizados por la Universidad Carlos III de Madrid (HISMEDI), Málaga albergó entre 50.000 y 60.000 refugiados, lo que llevó a las autoridades a enfrentarse a graves problemas de abastecimiento, higiene y de salud. En otras palabras, se vieron prácticamente desbordados por la sobrepoblación.    


RUPTURA DEL FRENTE Y MOTIVACIONES DE LA HUIDA


La caída de Málaga fue consecuencia de una operación militar de considerable complejidad en la que participaron fuerzas españolas sublevadas, unidades italianas, combinándose con la aviación y fuerzas navales. La situación republicana era particularmente caótica. Apenas había unidad entre los batallones republicanos. A esto se sumaba la carestía de munición. Además, la provincia se encontraba en una situación muy vulnerable: los barcos de abastecimiento que venían del Levante español eran interceptados por submarinos alemanes o por la aviación rebelde, mientras la capital era bombardeada constantemente.


Artillería transportada italiana en la toma de Málaga (1937). FUENTE- Biblioteca Nacional de España
Artillería transportada italiana en la toma de Málaga (1937). FUENTE- Biblioteca Nacional de España

La ofensiva final comenzó en enero de 1937.


Durante las siguientes semanas, el frente republicano comenzó a mostrar signos de descomposición. El 5 de febrero constituye un momento clave en la crisis: los frentes se rompen. La retirada militar comenzó a afectar directamente a las comunicaciones y a la población civil. Aunque el Gobierno Civil malagueño había estudiado la posibilidad de organizar una evacuación de los refugiados, al final, debido a la rapidez de las operaciones militares, esto nunca se desarrolló y terminó produciéndose una huida masiva y desordenada.


El 7 de febrero las tropas sublevadas estaban a las puertas de la ciudad. La población tenía que tomar una decisión concreta: quedarse o marcharse. La decisión estuvo condicionada por varios factores principales. No fue por un único motivo, como explicaremos a continuación.


Tropas italiana acercándose a Málaga por la carretera de Colmenar (1937). FUENTE- Biblioteca Nacional de España
Tropas italiana acercándose a Málaga por la carretera de Colmenar (1937). FUENTE- Biblioteca Nacional de España

LA EXPERIENCIA PREVIA DE LOS BOMBARDEOS


Durante la Primera Guerra Mundial, los bombardeos aéreos sobre núcleos urbanos fueron todavía relativamente limitados y de carácter ocasional. En la Guerra Civil española, sin embargo, el empleo de la aviación contra las poblaciones de retaguardia adquirió una dimensión mucho más sistemática, convirtiéndose en un instrumento de guerra psicológica destinado a quebrar la moral de la población civil, generar un clima de terror y desarticular la capacidad de resistencia de las retaguardias.


Málaga fue la primera ciudad española sometida a continuos ataques aéreos, incluso antes que Madrid. Su importancia estratégica la convirtió en objetivo de numerosos bombardeos sistemáticos desde los primeros meses de la guerra hasta la ocupación de la ciudad. Sus efectos sobre la población civil fueron devastadores, provocando más de dos centenares de muertos entre la población malagueña y los refugiados que se encontraban en la ciudad.


Los bombardeos generaron un estado de temor e inseguridad permanente entre la población, agravado por la precariedad de los medios de protección, pues carecían de defensas antiaéreas lo suficientemente eficaces para enfrentarse a ataques de tal envergadura. Paralelamente, la violencia de retaguardia alcanzó extrema crudeza: en determinados momentos, el miedo y la muerte por las bombas dieron paso a una violencia de carácter político que se manifestó, entre otros episodios, en las sacas de presos políticos de la cárcel de Málaga y en el asesinato de personas identificadas o señaladas como simpatizantes de la derecha. Según la investigación de Antonio Nadal Sánchez, las sacas de la Prisión Provincial de Málaga durante agosto y septiembre de 1936 provocaron 270 asesinatos de personas detenidas.


Bombardeo de los depósitos de gasolina de la CAMPSA (agosto de 1936) en el puerto de Málaga. Estuvo cinco días ardiendo y produjo numerosos muertos en los barrios obreros colindantes. FUENTE- The Illustrated London News, edición del 3 de octubre de 1936
Bombardeo de los depósitos de gasolina de la CAMPSA (agosto de 1936) en el puerto de Málaga. Estuvo cinco días ardiendo y produjo numerosos muertos en los barrios obreros colindantes. FUENTE- The Illustrated London News, edición del 3 de octubre de 1936

Por otro lado, Luis Miguel Cerdera Jiménez, en su obra Málaga: Base Naval Accidental, dice que «Málaga soportó en apenas 7 meses la escalofriante cifra de 70 ataques aéreos». En otra fuente, Población y guerra civil en Málaga: caída, éxodo y refugio de Lucía Prieto y Encarnación Barranquero, tirando de los libros de registro de defunciones de la capital, dan la triste cifra de 223 víctimas de los bombardeos, ente niños, mujeres y ancianos.  


Casas en la calle Mar en 1937, destruidas por los bombardeos. FUENTE- José Manuel Martínez Bande Campaña de Málaga
Casas en la calle Mar en 1937, destruidas por los bombardeos. FUENTE- José Manuel Martínez Bande Campaña de Málaga

Todo esto resultó decisivo para comprender la reacción de febrero. Cuando aparecieron nuevos rumores sobre el avance de las tropas, el miedo no partía de cero. Era un miedo construido durante meses.


LAS CHARLAS DE QUEIPO DE LLANO


Las emisiones radiofónicas de Gonzalo Queipo de Llano, a través de Unión Radio Sevilla, contribuyeron igualmente a crear un clima de intimidación. Su propaganda grosera y cuartelera tuvieron una función evidente: quebrar la moral del enemigo.


Pero su efecto sobre la población civil fue distinto. Las amenazas de represalias no solo estimularon la evacuación de aquellas personas que se consideraban especialmente expuestas, como, por ejemplo, militantes políticos, sindicalistas, milicianos o personas vinculadas a organizaciones republicanas, sino que afectó a otros habitantes incitados por la propia violencia verbal que Queipo pregonaba: referencia a violaciones de mujeres y ejecuciones indiscriminadas:


«Nuestros valientes legionarios y Regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no castrados milicianos. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen


Gonzalo Queipo de Llano en una durante sus bravatas en Unión Radio Sevilla. FUENTE- EFE/Jalón Angel
Gonzalo Queipo de Llano en una durante sus bravatas en Unión Radio Sevilla. FUENTE- EFE/Jalón Angel

Sus charlas, magistralmente reconstruidas por el historiador Ian Gibson en su obra Queipo de Llano: Sevilla, verano de 1936, nos muestra la deshumanización del adversario, así como las amenazas y exaltación de la violencia.


En consecuencia, no resulta extraño que muchas familias, al escuchar sus emisiones, decidieran emprender la huida en cuanto las tropas rebeldes se aproximaban a la capital.


EL MIEDO A LOS MOROS


Otro de los grandes temores de la población refugiada y local fue el temor a las tropas indígenas procedentes del Protectorado español de Marruecos, particularmente a los regulares y a las unidades de la Legión. Este miedo no surgió exclusivamente durante la Guerra Civil, sino que se asentaba sobre un imaginario colectivo construido en base a la figura del «moro» como enemigo, alimentado por la memoria de las guerras coloniales y, especialmente, por los ancestrales relatos de la conquista cristiana.


La fama de estas unidades como tropas de choque y las noticias —reales, exageradas o directamente propagandísticas— acerca de asesinatos, saqueos y violencia sexual contribuyeron a generar la percepción de que la entrada de estas unidades podía significar un peligro inmediato para sus vidas y, particularmente, para las mujeres y los niños.


Soldados regulares de Marruecos. FUENTE- FUENTE- Biblioteca Nacional de España
Soldados regulares de Marruecos. FUENTE- FUENTE- Biblioteca Nacional de España

A ello se sumaba una circunstancia fundamental: la población malagueña no recibía únicamente información procedente del bando republicano. Durante los meses anteriores a la caída de la ciudad habían circulado rumores, testimonios de refugiados procedentes de otras localidades ocupadas y las propias emisiones radiofónicas de Queipo de Llano. La propaganda de ambos contendientes contribuía, aunque con objetivos diferentes, a construir una imagen extraordinariamente violenta del adversario. En el caso de las tropas marroquíes, se les veía como sanguinarios soldados que preferían asesinar con sus machetes; mutiladores que no dudaban en cercioran dedos o dentaduras para obtener objetos de oro; o violadores de mujeres y niños.


Este miedo actuó como un poderoso componente de movilización de civiles, que terminó convirtiendo la carretera de Málaga a Almería en uno de los mayores éxodos de población civil de la Guerra Civil española.


ÉXODO: COMPOSICIÓN DE LA COLUMNA, CONDICIONES MATERIALES Y VIOLENCIA.


La antigua carretera litoral que comunicaba Málaga con Almería constituyó el eje espacial y funcional del éxodo de febrero de 1937. Más de 200 kilómetros separa a ambas capitales. La actual N-340 entonces presentaba unas características muy diferentes de las de la infraestructura contemporánea. La vía discurría por un terreno en ocasiones muy accidentado, condicionado por barrancos, ramblas, cauces fluviales, puentes, pendientes y estrechamientos que dificultaban considerablemente la circulación en circunstancias especiales.


Aspecto de la carretera de Málaga-Almería en los años 30. FUENTE- Elena de Madrid
Aspecto de la carretera de Málaga-Almería en los años 30. FUENTE- Elena de Madrid

La magnitud del desplazamiento resulta difícil de establecer con precisión debido a la ausencia de un registro sistemático de los evacuados. La documentación oficial ofrece diferentes estimaciones según el momento y el ámbito considerado. El acuerdo de incoación del Lugar de Memoria Democrática señalaba que al menos entre 50.000 y 100.000 personas abandonaron Málaga el 7 de febrero, la mayoría a pie. No se trató de una evacuación administrativa perfectamente planificada, con censos, itinerarios y medios de transporte previamente establecidos, sino de un éxodo masivo producido en condiciones de extrema urgencia.


Columna bastante disgregada cerca de Almería. FUENTE- Hazen Sise
Columna bastante disgregada cerca de Almería. FUENTE- Hazen Sise

La imagen tradicional de La Desbandá como una interminable fila de civiles caminando por la carretera constituye una representación válida, pero necesariamente simplificada. La columna estaba integrada por una población extraordinariamente heterogénea, en la que predominaban familias y personas no combatientes, aunque también se incorporaron efectivos militares republicanos en retirada, personal auxiliar y otros individuos relacionados con el aparato de guerra. La carretera funcionó simultáneamente como vía de evacuación de población y eje de retirada militar, circunstancia que dificultaba todavía más la separación entre ambas secciones. Esta imbricación entre población civil y aparato militar no debe utilizarse, sin embargo, para justificar los bombardeos.


A través de los testimonios de los supervivientes podemos aproximarnos a la experiencia material de la huida. Las familias que abandonaban sus hogares intentaban conservar inicialmente aquellos bienes que consideraban indispensables para garantizar su supervivencia inmediata o preservar unas condiciones mínimas de vida. Ropa, alimentos, mantas, colchones, utensilios domésticos y pequeños objetos personales acompañaron a numerosos desplazados durante las primeras etapas de la marcha.


Este comportamiento responde a una lógica perfectamente comprensible desde la perspectiva de quienes iniciaban el desplazamiento. En los primeros momentos, la evacuación podía ser percibida como temporal o reversible. Nadie podía conocer con certeza la duración del desplazamiento ni prever que aquella salida terminaría convirtiéndose, para muchos, en un proceso prolongado de desplazamiento, separación familiar y exilio.


Sin embargo, las condiciones físicas de la marcha, sumado a los bombardeos, impusieron rápidamente una selección de las pertenencias. El peso de los objetos, el agotamiento, la escasez de alimentos y la necesidad de mantener una velocidad mínima de desplazamiento obligaron a desprenderse progresivamente de todo aquello que no resultaba indispensable. De este modo, la carretera se convirtió también en un espacio de abandono material, en el que determinados objetos de la vida cotidiana quedaron separados de sus propietarios: bicicletas, gramolas, sillas, fardos de ropa, jaulas de pájaros, etc.


FUENTE- Fotografías de Hazen Sise realizadas durante la intervención de Norman Bethune y su unidad sanitaria en la carretera Málaga–Almería, febrero de 1937
FUENTE- Fotografías de Hazen Sise realizadas durante la intervención de Norman Bethune y su unidad sanitaria en la carretera Málaga–Almería, febrero de 1937

FUENTE- Fotografías de Hazen Sise realizadas durante la intervención de Norman Bethune y su unidad sanitaria en la carretera Málaga–Almería, febrero de 1937
FUENTE- Fotografías de Hazen Sise realizadas durante la intervención de Norman Bethune y su unidad sanitaria en la carretera Málaga–Almería, febrero de 1937

La presencia de niños y ancianos fue un elemento muy significativos de los testimonios sobre La Desbandá. La composición familiar de la columna incrementaba considerablemente la vulnerabilidad de los desplazados, puesto que una parte importante de quienes recorrían la carretera carecía de capacidad física para mantener el ritmo de la marcha. De gran valor documental fue la dimensión específicamente femenina del éxodo. Las mujeres desempeñaron un papel fundamental en la protección y supervivencia de los menores y de otros miembros dependientes de la familia. La situación podía agravarse cuando se producía un bombardeo. Muy a menudo miembros de familias acababan perdiéndose en el tumulto. Muchos de ellos se reencontrarían meses después en zona republicana. Otros, sin embargo, desaparecieron y nunca más supieron de ellos.


Evacuados de Málaga en Valencia, febrero de 1937. FUENTE- Archivo General de la Administración Archivo Rojo
Evacuados de Málaga en Valencia, febrero de 1937. FUENTE- Archivo General de la Administración Archivo Rojo

El éxodo produjo, además, una alteración radical de las estructuras familiares y de las relaciones de dependencia. Niños y adolescentes podían verse obligados a asumir responsabilidades impropias de su edad, mientras que mujeres jóvenes o adultas tenían que garantizar simultáneamente su propia supervivencia y la de los menores a su cargo.


La alimentación constituyó otro de los principales problemas de la columna. La inexistencia de un sistema de abastecimiento capaz de responder a una concentración humana de semejante magnitud obligó a los refugiados a depender de los recursos disponibles en las localidades atravesadas, de la ayuda proporcionada por particulares y de organizaciones humanitarias.


Motril, febrero de 1937. Refugiados descansando en la acera. Podemos observar que algunos portan cañas de azúcar y sobre el suelo se ven las peladuras. FUENTE- Internet.
Motril, febrero de 1937. Refugiados descansando en la acera. Podemos observar que algunos portan cañas de azúcar y sobre el suelo se ven las peladuras. FUENTE- Internet.

Los testimonios hacen referencia a alimentos obtenidos durante el recorrido, productos agrícolas de temporada localizados en los campos limítrofes a la carretera y leche proporcionada por habitantes de las zonas atravesadas. Sin embargo, estas aportaciones resultaban insuficientes para mantener de manera regular a una población que llevaba días caminando y que, en muchos casos, ya había abandonado Málaga en condiciones de agotamiento físico.


Víctimas de los bombardeos o del cansancio. FUENTE- Fotografías de Hazen Sise realizadas durante la intervención de Norman Bethune y su unidad sanitaria en la carretera Málaga–Almería, febrero de 1937
Víctimas de los bombardeos o del cansancio. FUENTE- Fotografías de Hazen Sise realizadas durante la intervención de Norman Bethune y su unidad sanitaria en la carretera Málaga–Almería, febrero de 1937
Víctimas del agotamiento. FUENTE- Fotografías de Hazen Sise realizadas durante la intervención de Norman Bethune y su unidad sanitaria en la carretera Málaga–Almería, febrero de 1937
Víctimas del agotamiento. FUENTE- Fotografías de Hazen Sise realizadas durante la intervención de Norman Bethune y su unidad sanitaria en la carretera Málaga–Almería, febrero de 1937

El hambre actuó conjuntamente con otros factores de riesgo: frío, lluvia (fue un invierno muy lluvioso), falta de descanso, heridas, enfermedades y agotamiento extremo. Los trabajos de Historia oral realizados recientemente describen personas fallecidas durante el trayecto por frío, hambre y cansancio, así como mujeres que caminaban con niños en brazos y presentaban los pies gravemente lesionados.


La configuración física del litoral fue otro factor a tener en cuenta. Había tramos en la antigua carretera Málaga-Almería donde el espacio entre la costa y las estribaciones montañosas era tan estrecho que reducía considerablemente las posibilidades de dispersión de la población durante los ataques. Ante la presencia de aviones o buques de guerra, la población buscaba protección en accidentes naturales del terreno, túneles, cauces o construcciones próximas. Sin embargo, los mismos elementos que podían ofrecer una protección momentánea podían convertirse en espacios de concentración y vulnerabilidad, al limitar las posibilidades de dispersión. El resultado fue terrible. Un obús caído en tal concentración humana, ocasionaban numerosas víctimas.


La misma lógica puede observarse en otros puntos del itinerario. La destrucción intencionada de puentes y las dificultades para atravesar determinados cauces obligaron a los refugiados a buscar rutas alternativas o incluso a cruzar los ríos en condiciones extremas. En la desembocadura del Guadalfeo, por ejemplo, la destrucción del puente obligó a parte de la población a intentar atravesar el río a nado, perdiendo la vida varios centenares en el intento.


FUENTE- autor del artículo
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EL PAPEL DE LA AXARQUÍA EN EL ÉXODO


La Axarquía notó el peso de los refugiados tras la caída de los pueblos granadinos próximos al límite nororiental de Málaga: Loja, Salar y Moraleda de Zafayona, pero, sobre todo, Alhama de Granada, que cayó el 20 de enero de 1937. Estos refugiados se repartieron por las localidades del norte de la comarca axárquica , cuyos habitantes se vieron obligados a alojarlos en sus propias casas, mientras que otros fueron acogidos en iglesias y parroquias. Muchos de ellos también fueron evacuados a la ciudad de Vélez-Málaga y alojados en la iglesia de San Juan de Vélez-Málaga.


Entre los días 6 y 7 de febrero, milicianos, dirigentes políticos, refugiados y vecinos de otros pueblos de la Axarquía atravesaron Vélez-Málaga, arrastrando consigo a buena parte de la población a su paso. La mayoría huyó a pie, buscando la carretera de Málaga-Almería, la única vía de escape hacia la zona republicana. Aunque hubo quienes pudieron hacerlo utilizando otros medios de transporte más favorables.


Durante la madrugada del 8 de febrero, las autoridades militares decidieron incendiar el Teatro Principal de Vélez, utilizado como polvorín. La explosión provocó un estruendo de tal magnitud que sembró el pánico por toda la ciudad. Tanto los habitantes como los refugiados creyeron que Vélez-Málaga estaba siendo bombardeada, lo que contribuyó a que muchos se decidieran a emprender inmediatamente la huida por la carretera.


No todos buscaron la carretera de la costa. También hubo quienes disponían de cortijos, o conocían a alguien que los tuviera. Se refugiaron en ellos a la espera de la entrada de las tropas.


Los axárquicos alcanzaron la carretera de Almería por dos vías: una, el Camino de las Capiñuelas; la otra, el camino que conducía hacia Torre del Mar. Fue a partir del aquí cuando se produjo la confluencia entre la columna que había partido de la capital malagueña y la que descendía desde distintos puntos de la Axarquía. Se generó tal aglomeración que apenas quedaba espacio para caminar y muchos llegaron incluso a perderse entre la multitud.


El flujo humano avanzaba de forma descontrolada. Quienes procedían de Málaga comenzaban a mostrar síntomas de agotamiento, deshidratación y desfallecimiento. Los primeros cadáveres empezaron a aparecer en las cunetas. Ancianos, niños malnutridos, enfermos y recién nacidos fueron algunos de los primeros en sucumbir.


Luego, más terrible aún, llegaron los bombardeos. La carretera discurría pegada a la costa, demasiado expuesta al fuego de los buques sublevados, que podían hostigar desde el mar a aquella interminable columna de personas, convertidas en blancos fáciles. El tramo comprendido entre Lagos, Torrox, Nerja, Maro, La Herradura y Salobreña fue uno de los primeros escenarios en los que los cruceros y destructores sublevados, entre ellos el Canarias, el Almirante Cervera y el Baleares, junto con la aviación, atacaron a la población civil que huía aterrorizada.


Allí donde impactaba un proyectil, quedaban muertos y heridos entre la multitud. Niños, mujeres embarazadas, ancianos y jóvenes civiles y milicianos quedaron expuestos a la metralla y al fuego cruzado.


LAS VÍCTIMAS


Entre el 7 y el 10 de febrero la carretera del litoral se transformó en una enorme corriente humana que trataban de escapar hacia Almería. La documentación oficial recoge que la aviación sublevada conocía que estaba atacando a la población civil, basándose en documentación conservada en el Archivo General Militar de Ávila. Lo sabemos también por numerosos testimonios sobre los vuelos rasantes y el fuego procedente de los barcos.


Usando un leguaje técnico-militar, se trató de la combinación de fuego naval y aéreo desarrollados a lo largo de la ruta. Los protagonistas de estos ataques fueron los cruceros Canarias, Baleares y Almirante Cervera, junto con la aviación italiana y alemana.


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La determinación del número de personas fallecidas durante La Desbandá supone uno de los principales problemas historiográficos de este episodio. Los fallecidos quedaron dispersos a lo largo de la carretera, en barrancos, cauces y localidades del itinerario; muchos fueron enterrados de manera improvisada, sin ser registrados o identificados. Años después, al concluir la guerra, algunos familiares registraron en sus municipios a los desaparecidos.


En términos cuantitativos, hoy se barajan cifras entre 3.000–5.000 víctima, utilizadas por el hispanista Paul Preston y recogidas por el Boletín Oficial de España. La mayoría de ellas lo fueron por las bombas y otro porcentaje, en menor cantidad, por cansancio, enfermedad e inanición.


Recientemente se está insistiendo en realizar un recuento nominal completo. Una información de EFE de febrero de 2026 señala precisamente que las víctimas siguen siendo objeto de investigación y que se reclama profundizar en la identificación de los fallecidos. A través del registro civil y los padrones de habitantes de los años de la guerra y posteriores, podríamos acercarnos a un cómputo real. De hecho, esto es un nicho por explorar para los futuros historiadores.


LA POLÉMICA DEL FARERO DE TORRE DEL MAR


Durante años se ha difundido la historia de Anselmo Vilar García, el supuesto farero de Torre del Mar que habría apagado voluntariamente el faro durante La Desbandá, la noche del 7 al 8 de febrero de 1937, para evitar que los barcos sublevados localizaran y bombardearan a la población que huía hacia Almería. Según el relato difundido por Jesús Hurtado, aquel gesto habría provocado posteriormente su detención y fusilamiento por las tropas franquistas, convirtiéndolo en uno de los personajes heroicos de la memoria de La Desbandá.


Sin embargo, el artículo «Dudas sobre el apagado del faro de Torre del Mar por el farero Anselmo Vilar García», publicado por Manuel Lloret Corpas y José María Azuaga Rico en Sociedad. Boletín de la Sociedad de Amigos de la Cultura de Vélez-Málaga, plantea una revisión crítica de esta historia. Los autores parten precisamente del trabajo de Hurtado, «El Faro Torreño», publicado en la misma revista en 2013, donde —según señalan— no se aportaba documentación o fuentes primarias que acreditase la existencia del supuesto farero ni el relato de su actuación.


La investigación de Lloret y Azuaga aplica un método de contraste documental: rastrean distintas denominaciones del personaje —Anselmo Vilar García, Anselmo Antonio Vilar García y Anselmo Antonio Manuel Vilar García— y consultan archivos militares, administrativos, de Memoria Histórica y de la Autoridad Portuaria de Málaga. Entre ellos figuran los Juzgados Togados Militares n.º 23 de Almería y n.º 24 de Málaga, el Archivo General de la Administración, el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, el Centro Documental de la Memoria Histórica y la Autoridad Portuaria de Málaga.


El resultado, según los autores, es contundente: no localizaron documentación que acreditase la existencia de ese farero, su expediente profesional, su detención, un consejo de guerra, su fusilamiento ni su enterramiento en las fosas del cementerio de Vélez-Málaga. Tampoco aparece el personaje en las bases de datos de fusilados que consultaron.  


Además, el artículo cuestiona la propia lógica del relato: la documentación y los testimonios estudiados apuntan a que el apagado de los faros respondía a órdenes militares, no a una iniciativa heroica e individual del supuesto farero. Los autores comparan el caso de Torre del Mar con la documentación conservada sobre otros faros de la España republicana y analizan asimismo la actividad naval y aérea durante La Desbandá.


Jesús Hurtado defendió después que la foto que usó era la de Anselmo haciendo el servicio militar. FUENTE- autor del artículo
Jesús Hurtado defendió después que la foto que usó era la de Anselmo haciendo el servicio militar. FUENTE- autor del artículo

La conclusión de Lloret y Azuaga no consiste simplemente en negar un personaje, sino en reclamar algo fundamental para la sociedad: Una interpretación errónea, una afirmación sin respaldo documental o la repetición acrítica de un relato puede terminar convirtiéndose en un mito y, cuando este se incorpora al discurso público, la sociedad acaba asumiéndolo como una verdad histórica e integrándolo en su propio espacio de memoria. En palabras de los propios autores, la investigación debe hacerse «con rigor histórico, con datos demostrados».


ALMERÍA. LLEGADA Y NUEVOS BOMBARDEOS


La llegada a Almería no significó necesariamente el final del peligro. La ciudad recibió en pocos días a decenas de miles de desplazados, en un contexto en el que sus recursos sanitarios, alimentarios y asistenciales ya se encontraban sometidos a una fuerte presión. Hospitales y centros de asistencia quedaron desbordados y fue necesario habilitar otros espacios para alojar a una población compuesta mayoritariamente por mujeres, niños, ancianos, heridos y personas exhaustas.


Además, Almería continuaba siendo un objetivo militar y el 12 de febrero sufrió un tremendo ataque aéreos después de la llegada de los evacuados. Después de aquello, los refugiados fueron distribuida por diferentes localidades de la provincia y, posteriormente, por otros territorios republicanos, en trenes y camiones.



Una misma imagen impactante en dos fotografías. La desolación y el recuerdo reciente de lo vivido en la carretera, capturado por la alemana Gerda Taro. Refugiados malagueños en Almería. FUENTE- Magnum Photos Agency
Una misma imagen impactante en dos fotografías. La desolación y el recuerdo reciente de lo vivido en la carretera, capturado por la alemana Gerda Taro. Refugiados malagueños en Almería. FUENTE- Magnum Photos Agency
Fotografía de Gerda Taro. FUENTE- Magnum Photos Agency
Fotografía de Gerda Taro. FUENTE- Magnum Photos Agency
Fotografía de Gerda Taro. FUENTE- Magnum Photos Agency
Fotografía de Gerda Taro. FUENTE- Magnum Photos Agency
Fotografía de Gerda Taro. FUENTE- Magnum Photos Agency
Fotografía de Gerda Taro. FUENTE- Magnum Photos Agency
Niño derrotado por el cansancio y con heridas en las rodillas. Fotografía de Gerda Taro. FUENTE- Magnum Photos Agency
Niño derrotado por el cansancio y con heridas en las rodillas. Fotografía de Gerda Taro. FUENTE- Magnum Photos Agency
Mujer exhausta. Fotografía de Gerda Taro. FUENTE- Magnum Photos Agency
Mujer exhausta. Fotografía de Gerda Taro. FUENTE- Magnum Photos Agency

BREVES TRAZOS DE LA MEMORIA DE QUIENES HICIERON EL CAMINO


Francisco Martín Mata — Vélez-Málaga

«Mi familia había acogido en casa a dos familias procedentes de Alfarnate y Zafarraya. […] Decían que los moros venían haciendo daño a los niños y venían saqueando».


José Delgado Chicano — Vélez-Málaga

«Nos fuimos a un cortijo a las afueras de Vélez de un amigo de mi padre. Allí había más gente que la guerra. Estuvimos cuatro o cinco días durmiendo veinte en una habitación».


Testimonio de Eloy Rodríguez  — Vélez-Málaga

«Nos fuimos de Vélez-Málaga. […] Nosotros éramos mi padre, mi madre y siete hermanos. Mi madre estaba recién parida y mi hermana Guillermina se encontraba en cuarentena. Se unieron a nosotros unos tíos míos con dos hijos. La mujer de uno de ellos también estaba en cuarentena».

«Nos fuimos con lo puesto y sin ninguna clase de alimento».


Antonio Gallardo Ruiz — Vélez-Málaga

«En esa carretera tú no podías encontrar un hueco de veinte centímetros porque tú ibas andando y le ibas dando con la cabeza en la espalda del de delante. Y cuando venía la aviación eso era un desastre. La gente gritando como loca. Unos tiraban por allí y otros por allá y se perdían».


Ana Millet García — Vélez-Málaga

«Liamos un bulto de ropa con un poco de ropa y tiramos por las Campiñuelas hasta llegar a la carretera. Fuimos de los últimos en salir porque mi hermano estaba de cocinero en el Batallón Vélez hasta que nos dijo por un recado que le tiráramos nosotros que ya nos alcanzaría».

«Cuando llegamos a la carretera aquello parecía una feria de tanta gente, no se cabía al andar».


Antonio Moreno Marfil — Vélez-Málaga

Mi padre tenía un molino de aceite en el Barrio del Pilar. Se llevó los caballos que tiraban de las piedras que molían (…) Nosotros éramos mi padre, mi madre, mi hermana y yo, la familia Benítez y la mujer de mi hermano mayor (…) Nos íbamos turnando en el lomo de los caballos hasta que en Motril mi padre compró un carro y nos alivió la carga».


Testimonio de una familia de Vélez-Málaga

«Nos fuimos andando pero mi hermano que era chófer nos alcanzó con un camión que tenía con el que repartía tortas de Algarrobo (…) llegamos a Almería el mismo día».


Dolores Vega Díaz — Vélez-Málaga

«Mis padres se llevaron todo lo que pudieron, no se llevaron las camas porque no pudieron pero sí los colchones. Nos fuimos a un cortijo a las afueras de Vélez de un amigo de mi padre. Allí había más gente que la guerra. Estuvimos cuatro o cinco días durmiendo veinte en una habitación».


Antonio Moreno Marfil — Vélez-Málaga

«Los bombardeos los sentíamos cuando la carretera se llenaba de humo. Muchas veces mi padre y mi madre, cuando venían los aviones, nos tirábamos al suelo y ellos me protegían con su cuerpo».

«Recuerdo que una descarga de esas podía atravesar a varias personas a la vez. Me acuerdo de un hombre con las manos protegiéndose la cara junto a una pared del camino».


Francisco Moreno Arzuaga — Málaga

«Nos metimos debajo de un puente y veo un brazo cortado y al lado un niño de cinco o seis meses. Le dije a una mujer que tomara al niño y que no lo dejara allí».


José Callejón Lara — Vélez-Málaga

«Desde el cerón del burro iba viendo los cadáveres. Yo tenía cinco años, le preguntaba a mi abuela que qué eran. Ella me decía inocentemente que eran personas que estaban durmiendo».


Francisco Martín Mata — Vélez-Málaga

«Entonces, la mañana del 8 de febrero de 1937 nos marchamos de Vélez-Málaga. Aquella misma noche escuchamos un gran estruendo. Se trataba del cine Principal, transformado en polvorín, que los milicianos volaron para que el enemigo no cogiera las armas y la pólvora que en él se guardaban».


Testimonio de Eloy Rodríguez  — Vélez-Málaga

«Recuerdo que llovía un poco, no para calarte, sí para humedecer los atuendos. […] Los caminos se encontraban mojados y llenos de charcos».


«Cuando llegamos a la carretera de Almería aquello parecía una feria. No se cabía al andar y la gente parecía tener mucha prisa: los ejércitos de Franco estaban al caer».

«Ya por entonces los cruceros Almirante Cervera y el Canarias no cesaban de lanzar obuses a las masas que huían con un fervor casi disparatado».

«El silbido de las bombas pasando por encima de nuestras cabezas, los gritos de terror, las llamadas de las madres que perdían a sus familiares en el transcurso de la huida, los cadáveres en las cunetas, el clima de tensión, jamás se me olvidarán».


Rafael Jiménez Gallego — Periana

«Comíamos lo que pillábamos por el camino».


Rafael Jiménez Gallego — Periana

«Recorrismo el trayecto andando durante cinco días, utilizando caminos de los montes de Torrox antes de alcanzar Nerja y continuar por la carretera».


Antonio Barroso Rubio — Periana

«Íbamos cuatro niñas y un niño en un coche. Teníamos que pasar por la carretera de Málaga-Almería, pero no podíamos porque estaba toda llena de muertos».


Juan Conejero — Arenas

«Cuando pasaban los aviones, daban la voz y nos levantábamos para correr».


Isabel María Hidalgo Guerrero — Málaga

«No se podía hablar».


Ana Pomares Ruiz — Málaga

«Tenía nueve años cuando salimos de Málaga junto a mis padres y dos hermanas».

«Mi familia consiguió avanzar en coche hasta Almería, pero incluso disponiendo de vehículo tuvieron que enfrentarse a la carretera bajo los bombardeos».


Rafael y Antonio Jiménez Gallego — Periana

«Salieron hacia Almería andando el 7 de febrero, huyendo del avance por Alfarnate y Alfarnatejo».


FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA


FUENTES PRIMARIAS


  • BETHUNE, Norman, The Crime on the Road Málaga-Almería, Barcelona, Ediciones Iberia, 1937.

  • KOESTLER, Arthur, Dialogue with Death: A Testament of Spanish War, Londres, Macmillan, 1937.

  • MITCHELL, Peter Chalmers, My House in Málaga, Londres, Faber and Faber, 1938.

  • WOOLSEY, Gamel, Death's Other Kingdom, Londres, Longmans, Green and Co., 1939.

  • WORSLEY, Thomas C., Behind the Battle, Londres, Robert Hale, 1939.

  • SISE, Hazen, fotografías realizadas durante el recorrido de Norman Bethune por la carretera Málaga-Almería, febrero de 1937.

  • Prensa contemporánea de Málaga, Almería y otros territorios republicanos.

  • Documentación municipal de municipios de la Axarquía relativa al alojamiento y registro de refugiados.

  • Padrones municipales de habitantes y documentación sobre población ausente.

  • Registros civiles de defunciones y documentación de cementerios de los municipios afectados.

  • Documentación militar republicana y sublevada relativa a las operaciones de Málaga y Granada.

  • Entrevistas a los testimonios que vivieron la experiencia en la huída.


BIBLIOGRAFÍA


  • BARRANQUERO TEXEIRA, Encarnación y NADAL SÁNCHEZ, Antonio, «Carretera de Málaga a Almería: textos y testimonios», Jábega, n.º 58, 1987, pp. 47-59.

  • BARRANQUERO TEXEIRA, Encarnación, «75 años del infierno. El drama de la carretera de Málaga a Almería», Andalucía en la Historia, n.º 35, 2012.

  • BARRANQUERO TEXEIRA, Encarnación y PRIETO BORREGO, Lucía, Población y Guerra Civil en Málaga. Caída, éxodo y refugio, Málaga, Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga, 2007.

  • BEEVOR, Antony, La Guerra Civil Española, Barcelona, Crítica.

  • CERDERA JIMÉNEZ, Luis Miguel, Málaga: Base Naval Accidental. Sevilla: Punto Rojo Libros. 2015.

  • GIBSON, Ian, Queipo de Llano: Sevilla, verano de 1936 (con las charlas radiofónicas completas). Barcelona: Grijalbo. 1986.

  • GONZÁLEZ LÓPEZ, Francisco Miguel, La historia que nunca se contó. La represión durante la guerra civil en el municipio de Vélez-Málaga. Ayuntamiento de Vélez-Málaga. 2008.

  • FERNÁNDEZ MARTÍN, Andrés y BRENES SÁNCHEZ, María Isabel, 1937. Éxodo Málaga-Almería. Nuevas fuentes de información, Aratispi Ediciones, 2016.

  • FRASER, Ronald, Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la Guerra Civil Española, Barcelona, Crítica, 1979.

  • LLORET CORPAS, Manuel y AZUAGA RICO, José María, «Dudas sobre el apagado del faro de Torre del Mar por el farero Anselmo Vilar García», Sociedad. Boletín de la Sociedad de Amigos de la Cultura de Vélez-Málaga, n.º 22, 2024/2025

  • MAJADA NEILA, Jesús y BUENO PÉREZ, Fernando, Carretera Málaga-Almería (febrero de 1937), Benalmádena, Caligrama Ediciones, 2007.

  • MAJADA NEILA, Jesús, La huella solidaria / Trail of Solidarity / La trace solidaire, Sevilla, Consejería de Cultura, 2008.

  • NADAL SÁNCHEZ, Antonio, Guerra Civil en Málaga, Málaga, Arguval, 1984.

  • PRIETO BORREGO, Lucía, «El significado de Norman Bethune en la construcción de la Memoria Pública de la carretera Málaga-Almería, 1937», Historia del Presente, n.º 32, 2018, pp. 127-141.

  • PRIETO BORREGO, Lucía y BARRANQUERO TEXEIRA, Encarnación (coords.), La Desbandá, 1937. De Málaga a los Pirineos, Madrid/Málaga, Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Universidad de Málaga y Fundación Unicaja, 2023.

  • STEWART, Roderick y MAJADA, Jesús, Bethune en España, Madrid, Fundación Domingo Malagón, 2009.

  • STEWART, Roderick y STEWART, Sharon, Las vidas del Dr. Bethune, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2013.


DOCUMENTACIÓN OFICIAL Y RECURSOS DIGITALES

  • La resolución estatal de 2024 sobre la incoación del procedimiento de declaración de La Desbandá como Lugar de Memoria constituye actualmente una fuente institucional especialmente útil porque sintetiza la documentación disponible y enumera los principales lugares asociados al itinerario.

  • El Acuerdo de 4 de febrero de 2025, por el que se declara oficialmente Lugar de Memoria Democrática el «Éxodo, persecución y masacre de la población civil entre Málaga y Almería en febrero de 1937», tiene especial relevancia para la contextualización institucional contemporánea del episodio.

  • El Archivo Histórico Provincial de Almería conserva además documentación relacionada con los refugiados y ha publicado materiales específicos sobre las mujeres y las familias desplazadas durante La Desbandá.

  • La Universidad de Málaga ha impulsado en las últimas décadas una parte sustancial de la investigación contemporánea sobre población, refugio, éxodo y memoria de la Guerra Civil en Málaga, incluida la publicación colectiva La Desbandá, 1937. De Málaga a los Pirineos.

 

 
 
 

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