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José Ramos Muñoz. Una vida dedicada a la Prehistoria

Actualizado: 30 dic 2025

José Ramos en la exposición Cueva de Ardales y Sima de las Palomas (2024). FUENTE- Purificación García Díaz.
José Ramos en la exposición Cueva de Ardales y Sima de las Palomas (2024). FUENTE- Purificación García Díaz.

Entre fábricas, caminos y libros


José Ramos Muñoz pasó su infancia entre chimeneas industriales y cuadernos escolares. Nació en Málaga y pasó su infancia en el entorno de la Azucarera de Torre del Mar, donde su padre trabajaba mientras estudiaba oposiciones a maestro. Con apenas 2 años, emprendió un periplo por varios pueblos de Málaga hasta que su padre consiguió la plaza. Aquella etapa “nómada” —Igualeja, Canillas de Albaida, Almayate— forjó un carácter atento al paisaje y a la diversidad del entorno.


Cuando la familia regresó definitivamente a Torre del Mar, el joven Ramos se formó en Vélez-Málaga. Allí estudió bachillerato y descubrió dos vocaciones fundamentales: la Historia, gracias al profesor Francisco del Pino Roldán, y el arte, de la mano de Francisco Molina. No sabía aún que aquellas clases sembraron su itinerario vital que acabaría recorriendo media Málaga con una libreta en una mano y una piqueta en la otra.


Del aula al yacimiento


Cuando comenzó los estudios universitarios, su vocación se estaba dirigiendo a la Historia Contemporánea. Fue el libro de Tuñón de Lara lo que despertó en él una gran fascinación por el pasado reciente. Pero, un día, el destino lo llevó en otra dirección.


Era 1977. El Instituto Arqueológico Alemán excavaba Toscanos. El director, Hermanfrid Schubart, pidió a su padre guardar materiales en el colegio de Torre del Mar. Aquel gesto casual terminó siendo una puerta abierta para él: José entró en el equipo arqueológico.


José Ramos Muñoz, junto a Hermanfrid Schubart, durante una visita a la exposición sobre el Instituto Arqueológico Alemán de Arqueología organizada por el SAC de Vélez-Málaga. FUENTE- Youtube
José Ramos Muñoz, junto a Hermanfrid Schubart, durante una visita a la exposición sobre el Instituto Arqueológico Alemán de Arqueología organizada por el SAC de Vélez-Málaga. FUENTE- Youtube

Sus primeros trabajos fueron lavar, clasificar y siglar cerámica. Durante los descansos se acercaba al dibujante de la excavación, Miguel Requena. Observaba cómo trazaba perfiles sobre hojas cuadriculadas: bordes de vasos, asas, bases. Un día le pidió que le enseñara. Y Miguel lo hizo. Un año después, llegó la siguiente llamada: Fuente Álamo (Almería), centro neurálgico de la cultura de El Argar. A continuación, vinieron Cerro del Mar (desembocadura del río Vélez) y Morro de Mezquitilla (desembocadura del río Algarrobo).


Con apenas diecisiete años, Ramos aprendió a distinguir un corte estratigráfico, a reconocer cerámicas fenicias, a comprender cómo se organizaba una excavación arqueológica. Y lo hizo con los mejores arqueólogos del momento. De Hermanfrid Schubart aprendió el método; de Oswaldo Arteaga Matute, a valorar lo autóctono, lo local. La amistad con ambos continuó durante sus años universitarios. Le respondían con cartas y le enviaban artículos y libros… mientras otros estudiantes estudiaban para aprobar, José ya tenía muy claro que quería ser arqueólogo.


Excavaciones de Toscanos 1964. FUENTE- Instituto Arqueológico Alemán
Excavaciones de Toscanos 1964. FUENTE- Instituto Arqueológico Alemán

Tesina y tesis doctoral


En su último año de carrera, en 1982, bajo la dirección del profesor José Ferrer, inició su tesina sobre el taller lítico de Cerro Alcolea, en Periana. El tema no era espectacular en apariencia: no había pinturas rupestres, ni monumentos megalíticos, ni ajuares… solo piedras. Pero esas piedras significaban mucho para los estudios prehistóricos locales.


Cerro Alcolea resultó ser uno de los mayores centros de extracción y talla de sílex del sur de la Península Ibérica. Era una auténtica instalación industrial prehistórica, de tal modo que demostró que desde la Axarquía se abastecían comunidades enteras, posiblemente a cientos de kilómetros. Además, Cerro Alcolea no era un yacimiento aislado: era una pieza dentro de una red comercial prehistórica.


Con la tesina casi terminada, Ramos aspiraba a ingresar como docente en la Universidad de Málaga. Pero tropezó con una realidad cruda: el sistema universitario no siempre premia el mérito. La endogamia académica le cerró las puertas. No obstante, su mentor, Oswaldo Arteaga, le recomendó entonces a Enrique Vallespí, catedrático en Sevilla y especialista en industria lítica. Ramos viajó a entrevistarse con él. Este le dijo: —Termina la tesina y en septiembre hablamos. 


Una vez terminada la tesina, José trasladó su expediente a Sevilla. Aquello fue casi una herejía. Para algunos prehistoriadores de la Universidad de Málaga —que aspiraban a seguir llenando sus viveros de subalternos con sueldos precarios—, esta decisión fue desacertada. Pero se equivocaron. En 1986 defendió su tesis doctoral titulada El poblamiento prehistórico del Alto Vélez desde el Paleolítico hasta la Edad del Bronce. Era una obra monumental, donde se localizaron y estudiaron una gran cantidad de yacimientos, su economía, su cultura material, sus patrones de asentamiento y sus cronologías, llevando la Axarquía al mapa de la Prehistoria nacional. Hoy es una obra de referencia en el ámbito académico.


Con su maestro Enrique Vallespí en Sevilla. FUENTE- José Ramos Muñoz
Con su maestro Enrique Vallespí en Sevilla. FUENTE- José Ramos Muñoz

Pionero del Alto Vélez


Entre 1984 y 1987 participó en proyectos financiados por la Diputación. El reto: documentar arqueológicamente el valle del río Guaro antes de que lo cubrieran las aguas del Pantano de La Viñuela. Y lo lograron. Junto a Ángel Recio, Emilio Martín Córdoba, Álvaro Moreno y Enrique Vallespí levantó un mapa geoarqueológico sin precedentes. Más de medio centenar de yacimientos identificados: terrazas fluviales, abrigos, poblados en cerro, centros extractivos de sílex.


José Ramos nos habla de aquellos tiempos con suma emoción: «Todo era heroico y quijotesco, con bocadillos y botijos de agua. Éramos jóvenes con mucha ilusión». Y realmente merecía estar ilusionado, porque fueron los pioneros en estudios arqueológicos locales, así como quienes pusieron en valor la Prehistoria en la Axarquía. Ya no eran solo “los locos de las piedras”, sino que situaron en el mapa nacional los nombres de los yacimientos axárquicos.


De izquierda a derecha: José Ramos, Eudald Carbonell, María del Mar Espejo y Carlos Díez. Al fondo, el Boquete de Zafarraya. FUENTE- Pedro Cantalejo
De izquierda a derecha: José Ramos, Eudald Carbonell, María del Mar Espejo y Carlos Díez. Al fondo, el Boquete de Zafarraya. FUENTE- Pedro Cantalejo
Año 1987. Abrigo Tajo Doña Ana.  FUENTE- Pedro Cantalejo
Año 1987. Abrigo Tajo Doña Ana.  FUENTE- Pedro Cantalejo

Arqueólogo internacional


A finales de los 80, Ramos consiguió la plaza de profesor en la Universidad de Cádiz, donde se trasladó con su mujer y su hijo, que han sido un soporte y apoyo fundamentales en todo su trabajo y en su vida. Desde entonces, comenzó una imparable carrera. Dejó de ser un “arqueólogo local” para convertirse en un investigador de renombre nacional e internacional.


Un encuentro decisivo se produjo en el Museo Neandertal de Alemania, durante una estancia de estudios, donde conoció a Gerd Weniger, uno de los más grandes especialistas europeos en evolución humana. Aquel encuentro derivó en una colaboración científica real y directa. Juntos, en compañía de Pedro Cantalejo y amplio esquipo de especialistas, excavaron la Cueva de Ardales, un gran santuario simbólico del Paleolítico europeo, y La Sima de las Palomas (Teba), donde los niveles arcaicos plantearon nuevas lecturas sobre la presencia humana temprana. Ambos proyectos le llevaron a obtener un reconocimiento institucional internacional. De igual modo, Ramos dirigió estudios de materiales arqueológicos depositados en el Museo de Tetuán en Gar Cahal y Car That el Ghar (Tetuán), así como la documentación prehistórica de estas cavidades en el Archivo Tarradell (Barcelona), cuyos trabajos confirmaban lo que muchos se resistían a aceptar: el norte de África participó activamente en la historia humana europea, y especialmente en Andalucía, siendo el Estrecho un corredor y no una barrera infranqueable. Cuestionando los círculos académicos de París o Londres, demostró con sus trabajos en Benzú (Ceuta), paralelismos tecnológicos y cronológicos con yacimientos andaluces.


Cueva de Ardales. José Ramos (a la izquierda) y Gerd Weniger (derecha). FUENTE- Pedro Cantalejo
Cueva de Ardales. José Ramos (a la izquierda) y Gerd Weniger (derecha). FUENTE- Pedro Cantalejo

También, Ramos dirige la Revista Atlántica-Mediterránea de Prehistoria y Arqueología Social, y publicó obras fundamentales sobre la explotación de recursos marinos en la Prehistoria, el poblamiento del entorno del Caminito del Rey o la teoría social aplicada a la arqueología.


La Prehistoria en la Axarquía


La investigación científica de las últimas décadas permite afirmar con claridad que la comarca de la Axarquía fue uno de los espacios más importantes de Europa. No como zona periférica, sino como territorio protagonista en varios momentos decisivos de la Prehistoria. Hoy sabemos que la comarca conserva una secuencia de ocupación humana que abarca más de 500.000 años, del Pleistoceno hasta la actualidad. Un registro excepcional tanto por su continuidad como por su diversidad.


Uno de los puntos más sobresalientes es la Cueva del Boquete de Zafarraya. Allí se hallaron restos humanos neandertales junto a industria musteriense y restos de fauna cazada, principalmente cabras montesas. Las dataciones sitúan estas ocupaciones entre 45.000 y 60.000 años, lo que convierte a este lugar en uno de los últimos refugios conocidos del neandertal en Europa occidental. Asimismo, las cuevas del complejo del Cantal, en Rincón de la Victoria, han aportado evidencias recientes que han obligado a revisar la imagen tradicional del neandertal. Las huellas de manos pintadas y signos gráficos, datados en torno a 43.000 años, evidencian prácticas simbólicas complejas anteriores a la llegada del Homo sapiens.

Mapa actividad antrópica de neandertales en Málaga- FUENTE- José Ramos Muñoz
Mapa actividad antrópica de neandertales en Málaga- FUENTE- José Ramos Muñoz
Recreación IA de una escena de cacería en la entrada de la cueva de Zafarraya
Recreación IA de una escena de cacería en la entrada de la cueva de Zafarraya

El complejo arqueológico de La Araña presenta una de las secuencias estratigráficas más completas del Mediterráneo occidental. Allí aparecen industrias preneandertales, niveles neandertales, ocupaciones de Homo sapiens, fases neolíticas y niveles calcolíticos. Esta continuidad convierte al yacimiento en un auténtico laboratorio para estudiar el reemplazo de especies humanas, la adaptación al medio litoral, el cambio climático del Pleistoceno al Holoceno y la progresiva complejidad social.


Pero, además, la Axarquía cuenta con otros complejos arqueológicos tan importantes como la Cueva de Nerja. En sus galerías se han documentado más de 300 conjuntos de arte rupestre, pertenecientes al Paleolítico superior, con representaciones animales, signos abstractos y escenas simbólicas. A esto se suma el hallazgo en 1982 del esqueleto conocido como Pepita, uno de los restos humanos del Epipaleolítico mejor conservados del continente europeo. Los estudios forenses han permitido reconstruir su rostro, su edad, su complexión física y su estado de salud.


Teorías en clave local


José Ramos ha sido uno de los principales defensores de una interpretación autóctona del proceso de neolitización. Frente al modelo clásico de movimientos migratorios desde Oriente Próximo, defendido por la escuela británica, él plantea que las comunidades locales contribuyeron activamente a la transición hacia la agricultura y el sedentarismo.


Los yacimientos del valle del Vélez y del interior axárquico muestran un desarrollo progresivo de la economía productora, con la aparición de silos, viviendas estables y cerámica de fabricación local. Según su hipótesis, no hay ruptura, sino evolución.


Durante el Calcolítico y el Bronce, la Axarquía experimenta una transformación radical en el poblamiento. Los asentamientos se sitúan en alturas estratégicas: cerros, espolones, defensas naturales. Aparecen poblados fortificados como Cerro Capellanía (Periana), La Fortaleza (Vélez-Málaga), La Negreta (Alcaucín) o Peña Hierro (Benamargosa). Simultáneamente, se desarrollan las necrópolis de cistas y sepulturas diferenciadas. El enterramiento ya no es colectivo: el muerto habla de rango, estatus y jerarquía. El metal no introduce igualdad. Introduce poder e, incluso, tensión social.


Conclusión


La trayectoria de José Ramos Muñoz demuestra que la Prehistoria no avanza únicamente con grandes descubrimientos espectaculares, sino con trabajo paciente, mirada global y decisiones valientes. Frente a posicionamientos políticos o inercias institucionales, Ramos eligió siempre el camino de una arqueología más social. Por eso, podemos afirmar que es una figura poco común en el mundo académico, pues no concibe la arqueología como una disciplina desvinculada de la sociedad. Su insistencia en la socialización del conocimiento —en explicar el pasado a la ciudadanía y no solo a especialistas— es una apuesta ética por una Prehistoria compartida, no encerrada en congresos o revistas especializadas.

 

 
 
 

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