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La cuestión morisca

Actualizado: 5 oct 2025

Dibujo de Christoph Weiditz (1520-1530), mostrando músicos y bailes moriscos de Granada.
Dibujo de Christoph Weiditz (1520-1530), mostrando músicos y bailes moriscos de Granada.

PREÁMBULO


La rebelión de las Alpujarras (1568-1571) fue el prólogo de una tragedia que culminaría décadas después con la expulsión definitiva de los moriscos, decretada el 22 de septiembre de 1609. Con ella se cerraba un largo y conflictivo ciclo de más cien años entre dos religiones, dos lenguas y dos culturas que nunca llegaron a integrarse plenamente.


En la comarca malagueña de la Axarquía, cuarenta años antes de aquella expulsión final, ya se vislumbraban las consecuencias socioeconómicas de un mundo que se desmoronaba. Pero, antes de narrar aquellos hechos, conviene preguntarse: ¿quiénes eran realmente los moriscos? ¿Qué legado material e inmaterial dejaron? ¿Cómo fueron sus últimos momentos en una tierra que consideraban suya? Y, sobre todo, ¿qué relaciones mantuvieron con los llamados “cristianos viejos”, los repobladores llegados desde otros rincones de la Península?

 

¿MUDÉJARES O MORISCOS EN LA AXARQUÍA?


Por definición, mudéjares y moriscos son diferentes conceptos, aunque estamos hablando de las mismas personas.


Los mudéjares eran musulmanes que permanecían en territorio cristiano, conservando su religión y costumbres, a cambio de pagar impuestos y de un buen número de restricciones. Su presencia se documenta ya desde los inicios de la expansión de los reinos cristianos del norte. Por poner un ejemplo, tras la toma de Toledo en 1085 por Alfonso VI de Castilla, muchos musulmanes permanecieron en la ciudad, convirtiéndose en los primeros mudéjares documentados de manera clara.


Los moriscos, en cambio, se trataban de musulmanes que, tras los decretos de conversión forzosa del siglo XVI, se bautizaron y pasaron a ser oficialmente “cristianos nuevos”. Sin embargo, la mayoría mantenía en secreto (o con subterfugio) muchas de sus prácticas islámicas, vigilados constantemente por la Santa Inquisición, cuyo organismo se creó precisamente para controlarlos.


Las capitulaciones de Vélez-Málaga de 1487 permitieron inicialmente la pervivencia de costumbres musulmanas. Sin embargo, el temor a incursiones berberiscas llevó a la Corona a reservar la costa a cristianos viejos, relegando a los musulmanes las alquerías y pueblos del interior de la comarca. Muchos de ellos eran excelentes albañiles, los cuales ayudaron a levantar las nuevas iglesias cristianas que comenzaron a construirse por toda la Axarquía.


El giro llegó tras las revueltas del Albaicín (1499-1500). Como castigo, los Reyes Católicos promulgaron la Pragmática de 1502, que obligaba a todos los musulmanes de Castilla a bautizarse o exiliarse. La opción del exilio, con permisos caros y limitados, subvencionados a su vez por ellos mismos, era casi inviable. Así que la mayoría de la población mudéjar de la Axarquía se convirtió en morisca en apenas cinco años.

 

LAS PRAGMÁTICAS


Tras un periodo de relativa calma, Carlos I convocó en 1526 la Junta de Granada, temiendo una rebelión apoyada por otomanos o corsarios berberiscos. De ella nació una nueva Pragmática, que prohibía el árabe, el velo, los amuletos y obligaba a usar nombres cristianos. También se les negó el porte de armas, aunque fueran necesarias para defenderse de salteadores. El rey dio un plazo de cuarenta años para aplicar estas medidas, período de tiempo que no bastó para atraer a los moriscos a la unidad cristiana que se pretendía.

 

Con Felipe II, la represión se endureció. La Pragmática de 1567 prohibió cualquier signo de identidad islámica: lengua, vestidos, fiestas, bodas, baños públicos, nombres, incluso el uso de la henna. La asfixia cultural estaba servida.

 

PRÁCTICAS SECRETAS


Los moriscos de la Axarquía –al menos hasta la rebelión de 1568– siguieron conservando sus prácticas islámicas, quizás, protegidos de ojos ajenos por la geografía de la comarca: en las alquerías y  aldeas, ubicadas en escarpadas montañas y aislados terrenos, el porcentaje de cristianos viejos era casi anecdótico.


Algunas de estas prácticas estaban vinculadas a los rituales de la vida. Cuando nacía un niño y era bautizado, le hacían el lavado “de la crisma”, que consistía en un baño ritual (ghusl) para eliminar el óleo del bautismo cristiano y recuperar la pureza islámica. Además, lo celebraban con la fada, unas fiestas de bienvenida al recién nacido, con cantos, perfumes, dulce y amuletos. La circuncisión continuó practicándose en secreto.


En cuanto a los rituales de la muerte, los cementerios musulmanes desaparecieron, aunque siempre que podían enterraban a sus muertos mirando a la Meca.  


Las mujeres se decoraban el pelo y la piel con henna –un tinte natural que se obtiene de la planta Lawsonia inermis–, y en las bodas se bailaban zambras y leilas, unas danzas consideradas obscenas por los cristianos viejos.

 

LA REBELIÓN


El cúmulo de prohibiciones desembocó en el mayor alzamiento morisco jamás organizado. La chispa prendió en las Alpujarras en diciembre de 1568 y pronto llegó a las sierras de la Axarquía. Al principio, los moriscos de aquí dudaron, pero el miedo y los emisarios granadinos les empujaron a quemar iglesias y atacar a cristianos viejos.


Ante una inminente respuesta, los cabecillas rebeldes Hernando el Darra y Martín Alguacil buscaron un refugio natural: el Peñón de Frigiliana, un promontorio casi inexpugnable en la Sierra Almijara. Allí se trasladaron familias enteras con sus bienes, animales y armas, y allí se atrincheraron como pudieron.


Recreación de la batalla del Peñón de Frigiliana por IA.
Recreación de la batalla del Peñón de Frigiliana por IA.

Las milicias locales de Vélez-Málaga, al mando de Luis de Zúñiga y Requesens, lanzaron un primer ataque sobre el peñón. Pero los moriscos resistieron ferozmente lanzando flechas, piedras, aceite hirviendo y disparando con sus arcabuces. Cronistas contemporáneos como Luis del Mármol Carvajal y Diego Hurtado de Mendoza describieron que la defensa fue tan despiadada que los moriscos resistieron numantinamente. Al final, las tropas cristianas tuvieron que replegarse.


Este primer choque fue tan costoso que obligó a pedir ayuda a los Tercios de Nápoles, los cuales desembarcaron en las costas de Vélez. El 11 de junio de 1569 se produjo el ataque definitivo. La disciplina de los tercios y la potencia del asedio acabaron por romper las defensas. La montaña se tiñó de sangre: según las crónicas, más de 2.000 moriscos muertos, y cerca de 3.000 cautivos, en su mayoría mujeres y niños, vendidos luego en los mercados de Málaga y Sevilla.


Hubo casos en los que algunas familias moriscas prefirieron arrojarse desde los riscos antes que caer en manos enemigas. Aquel acto, mezcla de desesperación y dignidad, quedó grabado en la memoria como “la cabalgada de Frigiliana”.

 

LA HERENCIA MORISCA


La rebelión fue sofocada, pero muchas aldeas de la Axarquía, como Daimalos, Salares Corumbela, Árchez o Rubite quedaron despobladas totalmente. La Corona expulsó a los supervivientes, a quienes deportaron a distintos sitios del reino (algunos acabaron incluso en Galicia). Para contrarrestar este vacío, vinieron repobladores cristianos viejos de Jaén, Córdoba y La Mancha. Pero pronto sobrevino el primer problema.


Los moriscos eran expertos agricultores con grandes conocimientos en regadío intensivo y en el cultivo de la vid, el olivo, la caña de azúcar, la miel, la almendra y la seda, cuyos labradores se habían adaptado al medio a fuerza de transformar las abruptas laderas implantando complejos sistemas de terrazas, bancales y acequias. 


Herencia morisca: bancales, terrazas, "balates", plantados de almendros, olivos y viñas. En las inmediaciones de Arenas. Foto del autor del artículo
Herencia morisca: bancales, terrazas, "balates", plantados de almendros, olivos y viñas. En las inmediaciones de Arenas. Foto del autor del artículo

Estos nuevos repobladores, por el contrario, tenían solo experiencia en el cultivo de cereal y la ganadería extensiva, lo que provocó que muchos de ellos abandonaron por la rudeza del terreno. Sin embargo, los que se quedaron tuvieron que asimilar las técnicas moriscas, quizás aprendidas de manos de un reducido sector morisco que en secreto permaneció aquí. Curiosamente, este sistema ha sido motor económico de la Axarquía hasta nuestros días y se lo debemos a los moriscos.


De ellos también hemos heredado la arquitectura doméstica: casas encaladas en blanco como símbolo de purificación, calles estrechas, uso de aljibes, gastronomía local (miel de caña, migas, potajes, arropías, tortas de aceite, etc.).


Además, los constructores de las iglesias axárquias del siglo XVI –levantadas sobre mezquitas– fueron moriscos, los cuales dejaron la impronta de su cultura islámica en los maravillosos artesonados que todavía se pueden apreciar en los techos de algunos templos.


Aunque el árabe desapareció, en nuestro vocabulario conservamos palabras como Acequia (del ár. as-sāqiya = canal de riego), aljibe (del ár. al-ŷubb = pozo o depósito de agua), atalaya (del ár. aṭ-ṭalā’iʿ = lugar de observación), almazara (del ár. al-maʿṣara = lugar donde se prensa la aceituna) o almijara (de al-miḥra, lugar de molienda, también usado como Sierra de la Almijara).


Aljibe de Mazmúllar (Comares), con una capacidad de 120.000 litros.
Aljibe de Mazmúllar (Comares), con una capacidad de 120.000 litros.

Así como topónimos árabes y bereber: Almáchar (del ár. al-Mašhar, “los prados”), Árchez (de al-Arŷaš, “los arcos”), Salares (de Šalāris, “el lugar fortificado”), Sedella (posiblemente de Šidyalla, topónimo bereber), Daimalos (Daymūs, probablemente “tierra tranquila” o nombre de clan), Corumbela (Qarunbila, nombre bereber), Benamargosa (Banu Marwāsa, “hijos de Marwās”), Benamocarra (Banu Mukarram, “hijos del noble”) o Comares (Qumāris, posible gentilicio bereber).


Para terminar, apellidos como Alcaide, Alcázar, Alguacil, Baronés, Benavides o Cebrián son claramente de origen morisco. 


Puente árabe de Salares
Puente árabe de Salares

UN VIAJERO ALEMÁN


En las décadas de 1520-1530, Christoph Weiditz, artista del Alto Rin (en lo que hoy sería Alemania), realizó un viaje por la España de Carlos I que dio origen a su cuaderno de ilustraciones Trachtenbuch (códice de trajes), en cuyas páginas plasmó los lugares que visitó y, sobre todo, los vestidos y costumbres que encontró. Este cuaderno es una valiosísima fuente documental, pues Weiditz dibujó a los moriscos granadinos del siglo XVI, en actitud cotidiana, barriendo el suelo, con hogazas de pan, bailando o luciendo sus peculiares indumentarias. Hay que añadir los trajes no marcan una tendencia general, sino que es posible que hubiese diferentes modas moriscas a lo largo y ancho del reino. No obstante, gracias a este documento podemos hacernos una idea del aspecto que tenían, ya que fueron obligados a llevar una indumentaria especial que los diferenciaban de los demás.


Autorretrato de Christoph Weiditz
Autorretrato de Christoph Weiditz

EPÍLOGO


La cuestión morisca en la Axarquía fue una historia de resistencia, represión y mestizaje. Una tragedia que borró comunidades enteras, pero cuyo legado cultural aún subsiste en los paisajes, en los pueblos blancos y en la memoria de una comarca que no quiere olvidar su pasado andalusí.


FUENTES


Tesis doctoral dirigida por Antonio Malpica Cuello (dir. tes.). Universidad de Granada (2021).



Estudios del libro de apeos y repartimientos de Daimalos de 1572. Conocer el pasado para preservar la memoria y el futuro de nuestros pueblos. Tesis Doctoral de Valentín Fernández Camacho, dirigida el Dr. Eugenio Cejudo García. Universidad de Málaga.




David Ortega López. Studia historica. Historia medieval, Vol. 42, Nº 2, 2024 (Ejemplar dedicado a: Negociación y conflicto en la cultura política de la Castilla bajomedieval), págs. 137-161


La rebelión de los moriscos del Reino de Granada y la guerra en época de los Austrias: Estudios para un debate abierto. Antonio Jiménez Estrella (ed. lit.), Javier Castillo Fernández (ed. lit.) Universidad de Granada, Editorial Universidad de Granada, 2020.

 
 
 

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