La Prehistoria en la Axarquía
- Francisco Miguel González López

- 19 ene
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Actualizado: 20 ene

UN TERRITORIO DIVERSO
La Axarquía malagueña constituye uno de los espacios geográficos más singulares del sur de la Península Ibérica. Su fisonomía abrupta, definida por la conjunción de sierras escarpadas, valles fluviales encajados y una franja litoral abierta al Mediterráneo, ha condicionado desde tiempos remotos la presencia humana. Lejos de ser una comarca marginal, su compleja geografía la convirtió en un auténtico corredor natural entre el interior andaluz y la costa, un espacio privilegiado para la vida en la Prehistoria.
Su relieve está dominado al norte por las sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, un macizo montañoso que alcanza su máxima altura en La Maroma (2.069 m). Estas montañas actúan como una barrera natural frente a los fríos del interior, generando un microclima templado que explica la riqueza biológica de la zona. A sus pies se abren los valles del río Vélez y sus afluentes —Guaro, Sábar, Bermuza o Benamargosa—, auténticas arterias naturales que han guiado el poblamiento humano desde el Paleolítico.
A esto se suma su línea de costa, con acantilados, cuevas marinas y playas abrigadas, que ofrecían recursos pesqueros, marisqueros y espacios de refugio. Este equilibrio entre montaña, valle y litoral convirtió a la Axarquía en un territorio excepcionalmente apto para la vida humana, capaz de sostener comunidades cazadoras-recolectoras, agricultores neolíticos y sociedades metalúrgicas.

La riqueza ecológica del entorno, documentada por numerosos estudios arqueológicos, confirma la existencia de bosques mediterráneos, abundante fauna cinegética y recursos hídricos constantes, lo que explica una ocupación humana prácticamente ininterrumpida desde hace más de medio millón de años hasta nuestros días.
UN REGISTRO ARQUEOLÓGICO MUY ANTIGUO
La comarca de la Axarquía presenta uno de los registros prehistóricos más completos de Málaga. Los hallazgos más antiguos se remontan al Pleistoceno Medio, con industrias achelenses documentadas en las terrazas fluviales de la Alta Axarquía. Bifaces y chopping-tools tallados en cuarcita y sílex, como los encontrados en las terrazas del río Sábar o en Alfarnatejo, demuestran la presencia de grupos humanos arcaicos, posiblemente Homo heidelbergensis, quienes utilizaban estos espacios como zonas de caza y talla.
Durante el Paleolítico Medio, la comarca alcanzó una relevancia excepcional. Los neandertales ocuparon intensamente el territorio, dejando huellas claras de su presencia en yacimientos como la Cueva del Boquete de Zafarraya, el Tajo de Doña Ana, las terrazas del río Guaro o el Complejo del Cantal. Además, se trata de uno de los pocos territorios europeos donde puede documentarse con claridad la fase final de esta especie antes de su extinción.

El Paleolítico Superior marca la llegada del Homo sapiens, con yacimientos tan emblemáticos como la Cueva de Nerja, que ofrece una secuencia casi ininterrumpida de ocupación desde el Gravetiense hasta el Calcolítico. A partir de este momento, la Axarquía se integra en los grandes circuitos culturales del Mediterráneo occidental.
El Neolítico supuso un cambio radical: aparecen la agricultura, la ganadería, la cerámica y los primeros poblados estables. Más tarde, durante el Calcolítico y la Edad del Bronce, se consolidan asentamientos fortificados en elevación, necrópolis y explotaciones mineras, como el complejo de Cerro Alcolea, y asentamientos destacados como Cerro Capellanía, que muestran una sociedad ya jerarquizada.
Este largo proceso histórico se cerrará con la llegada de los fenicios a las costas de la Axarquía, que introducen nuevas formas económicas y culturales, marcando el tránsito definitivo a la Protohistoria.
OSCILACIONES CLIMÁTICAS
El poblamiento humano de la Axarquía durante la Prehistoria no puede comprenderse sin atender a los profundos cambios climáticos que caracterizaron el Pleistoceno medio. Este periodo estuvo marcado por una sucesión de ciclos glaciales e interglaciares que transformaron el paisaje, la vegetación y la disponibilidad de recursos, condicionando directamente la presencia y movilidad de los grupos neandertales.
Durante las fases frías, el clima era más seco y riguroso, con temperaturas sensiblemente inferiores a las actuales. Las masas glaciares no alcanzaron directamente el sur peninsular, pero sí provocaron una aridificación progresiva del medio, la reducción de los bosques y la expansión de paisajes abiertos de tipo estepario. En los momentos interglaciares, por el contrario, el clima se volvía más templado y húmedo, favoreciendo el desarrollo de bosques mediterráneos y una mayor biodiversidad.

La Axarquía, ubicada entre el litoral mediterráneo y las sierras béticas, creó una notable variedad de microambientes: zonas boscosas en los fondos de valle, espacios abiertos en las laderas, abrigos rocosos en las sierras y un litoral rico en recursos marinos. Este mosaico ecológico convirtió la comarca en un auténtico refugio bioclimático durante los momentos más fríos.
Los llanos de Zafarraya constituyen uno de los elementos geográficos más singulares del área. Situada a unos 900 metros de altitud, y rodeada por las sierras de Tejeda y Alhama, durante el Pleistoceno medio, este espacio funcionó como una amplia llanura de pastizales estacionales, atravesada por cursos de agua temporales y zonas encharcadas.
En las fases más húmedas, el polje habría presentado una vegetación de praderas y bosques abiertos de encinas, quejigos y pinos, favoreciendo la presencia de grandes herbívoros como ciervos, caballos o bóvidos. En los periodos más fríos y secos, el paisaje se transformaba en una estepa abierta, ideal para la caza y el tránsito de grandes manadas.

En este contexto se sitúan los yacimientos tan relevantes como la Cueva del Boquete de Zafarraya o los asentamientos al aire libre de la Alta Axarquía, que muestran una ocupación reiterada a lo largo de decenas de miles de años.
NEANDERTALES EN LA AXARQUÍA
La comarca de la Axarquía ocupa un lugar privilegiado en el estudio del Neandertal europeo. El yacimiento más emblemático es, sin duda, la Cueva del Boquete de Zafarraya, uno de los últimos refugios conocidos de esta especie. En ella se hallaron restos óseos humanos (una mandíbula y un fémur), herramientas musterienses y una fauna asociada que permite reconstruir su modo de vida.
A este enclave se suman otros conectados entre sí: el abrigo del Tajo de Doña Ana, las terrazas del río Palancar y Morales, la Cueva de la Victoria, el Complejo del Humo y la Cueva del Tesoro. Todos ellos evidencian una ocupación intensa del territorio, tanto en cuevas como en espacios al aire libre, y desde la costa a las sierras.
Los neandertales dominaban el tecnocomplejo musteriense, basado en la técnica Levallois, que les permitía obtener lascas predeterminadas para fabricar raederas, denticulados, puntas y cuchillos. Estas herramientas eran utilizadas para la caza, el procesado de carne, el trabajo de la madera y el curtido de pieles.


Lejos de la imagen arcaica que durante décadas se tuvo de ellos, hoy sabemos que los neandertales poseían un profundo conocimiento del medio y capacidades simbólicas. Se están identificando pinturas rupestres en las Cuevas de Nerja y complejo del Humo (Rincón de la Victoria) que podrían estar atribuidas a esta especie, lo que significaría que esta actividad no fue exclusiva del Homo sapiens.

Su modo de vida también estaba estrechamente ligado al entorno: cazaban cabras montesas, ciervos y équidos, utilizaban los pasos naturales de montaña y establecían campamentos estacionales cerca de fuentes de agua y corredores faunísticos. En el futuro –y conforme sigamos investigando este territorio–, quizás demostraremos que la Axarquía fue, probablemente, uno de los últimos territorios europeos donde coexistieron neandertales y humanos anatómicamente modernos.
EL PALEOLÍTICO SUPERIOR: LA LLEGADA DEL HOMO SAPIENS
Hace unos 40.000 años, los Homo sapiens llegaron a la Península Ibérica. En la Axarquía, su presencia está ampliamente documentada en la Cueva de Nerja y el complejo del Cantal (Rincón de la Victoria).
Estos grupos introdujeron una tecnología más avanzada: hojas y láminas de sílex, herramientas de hueso, arpones, agujas y objetos de adorno. La cultura material se diversificó y el simbolismo adquirió un peso fundamental, como demuestran las pinturas rupestres y los objetos ornamentales.
El arte paleolítico de la Axarquía es uno de los más importantes del sur peninsular. En la Cueva de Nerja y en la Cueva de la Victoria aparecen representaciones de animales, signos abstractos y posibles figuras humanas, realizadas con pigmentos rojos y negros. Durante este periodo, la explotación del medio se intensificó. La dieta combinaba la caza con la recolección de moluscos, peces y recursos marinos, especialmente en la franja litoral.

Entre los muchos hallazgos excepcionales de la Axarquía, uno de los más importantes desde el punto de vista humano y científico es el conocido como “Pepita” (cueva de Nerja), el esqueleto casi completo de una mujer que vivió hace unos 10.000 años, en los momentos finales del Paleolítico, y que fue encontrada en un contexto funerario. Su hallazgo ha permitido poner rostro, cuerpo y biografía a una de las últimas comunidades cazadoras-recolectoras del sur de la Península Ibérica, en un momento clave de la Prehistoria: el tránsito entre el mundo paleolítico y el inicio de la vida neolítica.

AGRICULTORES Y GANADEROS
A partir del quinto milenio antes de Cristo, con el Neolítico se produce una transformación radical del paisaje y de las sociedades humanas. La economía productora se impone y aparecen los primeros poblados estables. En la Axarquía destacan los yacimientos de la Cueva del Boquete de Zafarraya, la Cueva de la Victoria y la Cueva de Nerja, donde se documenta el uso de cerámica cardial, el consumo de animales domesticados y el cultivo de cereales. Las cuevas comienzan a utilizarse también como lugares de hábitat y como espacios funerarios y simbólicos, como demuestra el arte esquemático y los enterramientos colectivos. La sociedad se vuelve más compleja y aparecen los primeros indicios de diferenciación social.
DEL CALCOLÍTICO AL BRONCE
Durante el Calcolítico y la Edad del Bronce, la Axarquía vive una etapa de gran dinamismo. Surgen poblados fortificados en altura, como es el caso de Cerro de la Capellanía (Periana), que controlaban el territorio y las rutas naturales.
En Cerro Alcolea (Periana) existe uno de los mayores complejos de explotación de sílex de Andalucía, utilizado desde la Prehistoria Reciente hasta época moderna, destinado a la fabricación de la piedra de chispa de los fusiles. Su extracción ha llevado a los arqueólogos a saber que ya durante el Calcolítico existían rutas comerciales de sílex. En el futuro, estudios petrográficos y geoquímicos nos dirán si el pedernal de Alcolea se encuentra en otros yacimientos de Málaga y Andalucía.

Las necrópolis de cistas, como las del Cerro de la Negreta (Alcaucín) o Colina de los Asperonales (La Viñuela), reflejan una sociedad jerarquizada, con rituales funerarios complejos y ajuares que indican diferencias de estatus. La metalurgia del cobre y posteriormente del bronce transformó profundamente la economía y las relaciones sociales.
El Cerro Capellanía, en particular, ofrece una secuencia excepcional que permite estudiar la transición entre la Prehistoria y la Protohistoria, justo antes de la llegada de los fenicios, que introducirán nuevas formas de organización, comercio y cultura. También, se hallaron secuencia estratigráfica de época romana en las excavaciones que se llevaron a cabo en los años 80 del siglo pasado.

El registro arqueológico indica que el valle ocupado actualmente por el embalse de La Viñuela estuvo poblado desde época neolítica en adelante, funcionando como un importante corredor natural entre la costa y la Alta Axarquía. En la actualidad, la totalidad de estos yacimientos se encuentra sumergida bajo las aguas del embalse.
CONCLUSIÓN
La Axarquía no es solo un paisaje de gran belleza natural: es un auténtico archivo de la historia humana. Desde los primeros cazadores del Paleolítico Medio hasta las comunidades metalúrgicas del Bronce, el territorio ha sido testigo de una evolución continua, compleja y profundamente humana.
La riqueza de sus yacimientos, la variedad de ecosistemas y su posición estratégica convierten este lugar en uno de los espacios clave para comprender la Prehistoria del sur de Europa. Hoy, gracias a décadas de investigación arqueológica, sabemos que este territorio fue espacio vivido, habitado y transformado por generaciones de seres humanos que dejaron en sus cuevas, montes y valles las huellas de nuestra historia más antigua.


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