La primera panorámica de Vélez-Málaga
- Chesko González
- 14 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 15 dic 2025

La primera fotografía panorámica de Vélez-Málaga nace, en realidad, de una catástrofe. Sus negativos —dos placas originalmente independientes, hoy unidas por el autor de este artículo— se conservan en el Archivo del Ayuntamiento de Granada. Están fechados en 1885, apenas unas semanas después del gran terremoto de la Nochebuena de 1884 que sacudió la Axarquía y buena parte de Granada occidental.
Aquel seísmo, conocido como terremoto de Andalucía o de Granada, alcanzó una magnitud estimada en torno a 6,5–6,7 en la escala de Richter y afectó a más de un centenar de localidades entre Granada, Málaga y Almería. Las cifras son espeluznantes: alrededor de 1.000–1.200 muertos, más de 1.500 heridos, unas 4.400 viviendas totalmente destruidas y más de 13.000 dañadas, en una región de casas humildes, muchas levantadas con morteros de cal o barro. La ola de frío y nieve posterior agravó todavía más el drama, y durante meses la devastación se extendió por el paisaje de la comarca.
Es en ese contexto cuando el objetivo del fotógrafo —el francés Etienne Alfred Esperon— se sitúa frente a Vélez-Málaga y dispara dos veces, girando ligeramente la cámara para abarcar la ciudad entera. Más de un siglo después, al unir digitalmente esas dos instantáneas, emerge ante nosotros la que podemos considerar la primera gran panorámica de Vélez: una vista continua, abierta, que permite recorrer con la mirada tejados, torres, murallas y cerros como si estuviésemos de pie junto al propio fotógrafo.
La ciudad que muestran esas placas es, en muchos sentidos, irreconocible para el observador actual. En la línea del horizonte se recorta todavía la silueta poderosa de la fortaleza, prácticamente intacta, antes de que el complejo se convirtiera en cantera y fuera desmantelado ladrillo a ladrillo a principios del siglo XX. Más abajo, entre tejados de teja curva, sobresalen edificios hoy desaparecidos: el convento del Carmen, del que solo quedan restos integrados en el actual Teatro del Carmen tras su demolición en 1982, y cuyo solar se transformó en zona residencial; el convento de Capuchinos y la antigua casa cabildo en la plaza de la Constitución; la fábrica que existía en el actual Centro de Salud Norte. Y, en primer plano, las barracas que se levantaron para auxiliar a los veleños que se quedaron sin hogar tras el seísmo.

La panorámica no solo perfila volúmenes arquitectónicos; captura también una forma de ciudad anterior a la expansión moderna. Los alrededores aparecen casi desnudos, con campos destinados a la agricultura, chumberas, cercas que ya no existen y caminos de tierra que descienden hacia la vega del río Vélez. No hay bloques de pisos, ni tráfico, ni antenas: solo una densa trama de casas bajas, patios interiores y corralones, apiñados en torno a las iglesias y conventos.
El valor histórico de estas imágenes va más allá. El terremoto de 1884 fue uno de los primeros grandes desastres en España documentados de forma sistemática mediante fotografía, utilizada tanto para difundir la magnitud de la tragedia como para movilizar ayudas y suscripciones públicas. En ese marco, Esperon, contratado como fotógrafo real y acompañando al rey Alfonso XII en su visita a los nucleos afectados, ejerce un nuevo modo de mirar el territorio: ya no solo se dibuja o se describe, sino que se “captura” en un instante preciso.

En definitiva, aquellas dos placas de vidrio no son solo una curiosidad fotográfica. Son un documento clave para estudiar la arquitectura de una ciudad en el umbral de la modernidad. Un documento de gran importancia que, 140 años después, sigue hablándonos de la majestuosidad de Vélez-Málaga a través de su patrimonio desaparecido.
FUENTE
Referencias de localización: Miguel Ángel Torres Delgado.
Reconstrucción digital y coloreado: el autor del artículo.







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