Ángel Recio Ruiz, un arqueólogo pionero
- Chesko González
- 23 nov 2025
- 5 Min. de lectura

UN JOVEN DELINEANTE
Ángel Recio Ruiz nació en Algarrobo, un pequeño enclave de la Axarquía. A comienzos de los años sesenta, aún casi un muchacho, emprendió el camino hacia Barcelona y, más tarde, a Francia, persiguiendo oportunidades laborales en una España en plena emigración económica. Regresó a su tierra natal en los setenta.
Su regreso coincidió con un momento decisivo para el país. La Transición democrática avanzaba a paso decidido y las administraciones provinciales empezaban a redefinir su papel. En ese contexto, Ángel consiguió una plaza en la Diputación de Málaga como técnico en delineación y topografía. Aquella institución se encontraba inmersa en la reorganización de competencias en urbanismo: carreteras, puentes, subvenciones… pero también —y de forma creciente— en la delicada tarea de velar por el patrimonio histórico de la provincia.
LA DIPUTACIÓN DE MÁLAGA: UN LABORATORIO ARQUEOLÓGICO
En aquellos años, los ayuntamientos malagueños empezaban a tomar conciencia de la necesidad de proteger su patrimonio cultural. Pero la situación era desigual: municipios históricos como Antequera, Ronda o Vélez-Málaga contaban con bienes declarados y cierta tradición de protección; sin embargo, la mayor parte de los pueblos —la inmensa mayoría con menos de 20.000 habitantes, por aquel entonces— carecía por completo de herramientas, inventarios o personal técnico capacitado. Era un territorio arqueológicamente inmenso y casi virgen.

Para paliar esta carencia estructural, durante la primera mitad de los años ochenta la Diputación creó un equipo multidisciplinar inédito hasta entonces: arqueólogos, arquitectos, geógrafos y delineantes encargados de estudiar enclaves que jamás habían sido tocados científicamente. Ardales, Archidona, Benaoján, Campillos, Sierra de Yeguas, la Axarquía interior o la Serranía de Ronda. Mapas enteros de la provincia comenzaron a llenarse de puntos rojos donde antes solo había intuiciones.
De esta efervescencia surgió una auténtica cantera de arqueólogos: Sebastián González, Manuel Becerra Parra, Pedro Cantalejo Duarte o Manuel Romero Pérez, entre otros. En ese ambiente fértil, Ángel Recio —que hasta entonces había sido el delineante de precisión imprescindible para plasmar cada plano y cada sondeo— decidió ampliar su formación y se graduó en la Universidad de Málaga, especializándose en Mundo Antiguo.

Aquel departamento de arqueología de la Diputación trabajó sin descanso durante años: prospecciones sistemáticas, sondeos, levantamientos planimétricos, fotografía arqueológica, análisis de materiales. Gracias a este esfuerzo se cuantificaron numerosos yacimientos que, con el tiempo, formarían las primeras cartas arqueológicas de Málaga.
SUS TRABAJOS
En la Axarquía, Ángel Recio y su compañero Emilio Martín Córdoba —actual técnico municipal de Patrimonio en Vélez-Málaga—, José Ramos Muñoz —hoy catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cádiz— o Cecilio Barroso —descubridor de los neandertales de Zafarraya—, fueron auténticos pioneros. Abrieron camino en municipios axárquicos poco estudiados y dejaron una base sólida para futuras investigaciones.
Entre sus aportaciones destacan estudios fundamentales sobre las sociedades del Bronce e Ibérico y su contacto con el mundo fenicio, la excavación de tumbas fenicias en Las Chorreras y la desembocadura del río Vélez, la identificación del poblamiento calcolítico del Cerro de Capellanía (Viñuela), el descubrimiento de un santuario rupestre en El Romeral (Periana), la intervenciones de urgencia en el dolmen de Cerro Alto (Arenas) o el análisis del poblamiento altomedieval de la mesa de Zalia.

Su producción científica es vastísima: 68 artículos en revistas, 33 capítulos de libros y un monográfico, sumando 102 trabajos. De ellos:
28 dedicados a la Prehistoria (arte rupestre, megalitismo, cazadores-recolectores, Calcolítico, Cobre, Bronce).
22 a la Protohistoria fenicia-púnica y al periodo orientalizante.
26 al mundo ibérico (formaciones sociales, poblamiento, cerámicas, cuenca del Guadalhorce).
El resto entre época romana y contemporánea.
Es, sin duda, uno de los investigadores más prolíficos de la arqueología malagueña.


EL FINAL DE UNA ÉPOCA
En 1987-1988, la recién consolidada Junta de Andalucía asumió oficialmente las competencias en materia de patrimonio. Este cambio estructural provocó la disolución del departamento de arqueología de la Diputación. Una gran etapa había terminado.
Ángel Recio volvió a su puesto inicial como técnico delineante, ahora centrado únicamente en urbanismo, donde permaneció hasta su jubilación. A pesar de ello, nunca abandonó la arqueología: continuó colaborando en proyectos junto a antiguos compañeros y otros investigadores que reconocían en él a un profesional metódico, culto y de enorme compromiso.
El 14 de noviembre de 2014, el Departamento de Historia de la Universidad de Málaga celebró unas Jornadas de Homenaje a su figura dentro del programa Íberos en Andalucía. Más de diez especialistas y catedráticos de varias universidades españolas ensalzaron su labor, su apoyo constante a otros investigadores y su defensa del patrimonio arqueológico malagueño.

UNA VISIÓN DIGNA Y CRÍTICA
El 25 de enero de 2016, en una entrevista concedida al Diario SUR, Ángel Recio expuso sin ambages su pensamiento arqueológico, madurado durante décadas. Lo hizo con una mezcla de lucidez crítica y profundo respeto por el pasado.
Entre sus ideas principales:
Málaga es un yacimiento vivo, un palimpsesto de más de 2.500 años de ocupación continua —fenicia, púnica, romana, bizantina, medieval, moderna y contemporánea— donde todavía quedan muchos hallazgos por documentar.
El urbanismo descontrolado de los años 90 causó un daño “irreparable”. Habla de prácticas abusivas, recalificaciones agresivas y la pasividad preocupante de algunas instituciones.
Defiende que la integración del patrimonio en la ciudad es muy insuficiente debido a la falta de recursos y planificación.
Subraya la necesidad de una política arqueológica preventiva, científica y metódica.
Y, sobre todo, insiste en el papel social del patrimonio, visto como un legado moral hacia nuestros antepasados y una herencia para las generaciones futuras.
Su pensamiento es, en definitiva, el de un profesional que concibe la arqueología como servicio público y la memoria histórica como un derecho ciudadano.
Para terminar, en una entrevista concedida a Málaga Hoy, le preguntaron: «Si tuviera una sola posibilidad de viajar en el tiempo, ¿qué Málaga le gustaría conocer?
Él respondió: «La Málaga fenicia. De ella ya tenemos cierta documentación, pero me gustaría ver a las gentes que habitaban esta zona, cómo se relacionaban entre sí y de qué manera la población indígena se integró en la cultura fenicia.»
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