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5 cigarrillos de 5 minutos

Actualizado: 3 ago

A partir de mayo de 1931, y tras algunos titubeos administrativos, los Jurados o Juntas Mixtas comenzaron a organizarse en la España republicana. Patronos y obreros se sentaron por primera vez en la misma mesa, cara a cara, para debatir las bases de trabajo que habrían de regir las distintas temporadas agrícolas. A más de un caciquillo de pueblo aquello de tutearse con los sindicatos obreros les resultaba poco menos que inadmisible, acostumbrados –como estaban– a manejar sus asuntos rústicos con absoluta impunidad. Mientras rumiaban alguna estratagema para burlar las nuevas disposiciones legales, acudían a las asambleas de mala gana, más por evitar la multa de 25 pesetas que les podía caer si faltaban a la reunión que por otra cosa. Y si reincidían, la broma les costaba 50 pesetas.    

 

Los intentos de crear un espacio de relaciones de esta índole no eran, ni mucho menos, una novedad. Ya se habían hecho varios intentos en el pasado. Un decreto de 24 de julio de 1873, promulgado durante la Primera República, estableció jurados mixtos de patronos y obreros para regular diversos conflictos laborales. Ya sabemos lo poco que duró aquella experiencia política y, con ella, buena parte de sus reformas. Bastantes años después, el 5 de marzo de 1919, el Instituto de Reformas Sociales presentó una propuesta para crear estos espacios de gestión. La iniciativa fue aprobada, pero nunca llegó a hacerse efectiva. Más tarde, bajo la dictadura del capitán general Miguel Primo de Rivera, el Decreto-ley de Organización Corporativa Nacional, de 26 de noviembre de 1926, dio vida a los Comités Paritarios, organismos oficiales encargados de «proponer y formular, interpretar o aplicar la legislación del trabajo». Todos estos ensayos quedaron en agua de borrajas. Hubo que esperar a la Segunda República para que esta fórmula comenzara a implantarse con verdadero alcance.         

 

Pero vayamos al grano. Las Juntas Mixtas funcionaban, al menos sobre el papel, con absoluta equidad. Se nombraban dos representantes y dos vocales por cada una de las partes, bajo la presidencia del alcalde de turno. A continuación, las agrupaciones obreras presentaban sus bases de trabajo a la patronal, que debían consensuarse antes de su aprobación. Gracias a la documentación que se ha conservado podemos asomarnos al funcionamiento de un mundo agrario tan complejo como apasionante. Sirvan de ejemplo Almáchar y El Borge, dos localidades cuya economía ha girado desde siempre en torno al cultivo de la vid, favorecido por unas laderas escarpadas que parecen hechas a propósito para este fruto. De hecho, las mejores pasas del mundo salen de El Borge: con semillitas y rabillos, que dicen los lugareños que son estupendos para la memoria y hasta para el intestino grueso. No las confundan, por favor, con los frutos secos Borges, los de la familia Pont Creus, que esos vienen de Tárrega (Lleida).    



Recreación ideal por IA de una sesión de la Junta Mixta. FUENTE- autor del artículo
Recreación ideal por IA de una sesión de la Junta Mixta. FUENTE- autor del artículo

   

En El Borge se reunieron el 18 de noviembre de 1931 los patronos y las tres agrupaciones obreras existentes en el pueblo: el Centro Socialista, el Sindicato Único de Trabajadores (CNT) y el Centro de Alianza Republicana Obrera. En representación de la patronal acudieron Salvador Pérez García y Guillermo Pérez García, con Antonio Vallejo Arias y Salvador Velasco Robles como vocales. Por el Centro de Alianza Republicana lo hicieron José Vela Moreno y Emilio Moreno Alarcón, mientras que el Centro Socialista estuvo representado por Antonio Pendón Gómez e Ignacio Moya Gómez. Todo apunta a que los delegados de la CNT también expusieron sus bases de trabajo, aunque no llegaron a firmarlas.


Durante la reunión se discutieron los siguientes asuntos: jornales, horarios y las indemnizaciones por despido. La Comisión Arbitral, presidida por el alcalde socialista Julio Barea Barea, acordó fijar un jornal mínimo de 5 pesetas cuando el propietario no proporcionaba la manutención —es decir, la comida, que habitualmente corría por cuenta del dueño de la finca— y de 3 pesetas cuando sí la facilitaba. También se distinguía entre el jornal de las faenas ordinarias y el correspondiente a la poda, un trabajo más especializado.


jornaleros trabajando la aceituna. Descanso para comer. FUENTE- Gastronomía Jaén
jornaleros trabajando la aceituna. Descanso para comer. FUENTE- Gastronomía Jaén

En cuanto a la jornada laboral, el acuerdo resulta revelador. Se establecieron cinco descansos de cinco minutos para fumar un cigarrillo y dos pausas de media hora, una para el almuerzo y otra para la merienda. El trabajo comenzaba «al apuntar el sol» y terminaba «al ponerse el sol», de donde procede la conocida expresión «trabajar de sol a sol», que todavía hoy empleamos sin pensar demasiado en su origen. Traducido a horas, aquello significaba jornadas de unas nueve o diez horas durante el invierno y de catorce o quince en verano. Visto con los ojos actuales, no parece precisamente una jornada de funcionario.


Aun así, no todas las reivindicaciones obreras prosperaron. Quedó pendiente, entre otras, la regulación de los despidos. Los trabajadores solicitaban que, en caso de cesantía, se les abonaran los jornales correspondientes desde el día del despido hasta el sábado siguiente, una petición que finalmente quedó en el tintero. 


Jornaleros sin trabajo. 1936. FUENTE- Wikipedia
Jornaleros sin trabajo. 1936. FUENTE- Wikipedia

En otro pueblo de la Axarquía, Alfarnate, donde predominaban los cultivos de trigo, cebada, berzas y garbanzos, además de extensos olivares, también se aprobaron las correspondientes bases de trabajo. El jornal mínimo para la escarda con almocafre quedó fijado en 4 pesetas, mientras que la realizada con escardilla se pagaría a 4,50. Los gañanes percibirían 4 pesetas diarias, y las mujeres y los muchachos pintadores, 2 pesetas.


Durante la campaña de la aceituna tampoco faltaban las diferencias salariales según el oficio. El vareador cobraría 4,50 pesetas por jornal; la cogollera, 2,75; la banquera, 2,25; y la cogedora de suelo, 2 pesetas. Si las aceitunas se recogían a ordeño, es decir, directamente con las manos, se pagarían a 6 céntimos el kilo; si se vareaban, como dictaba la tradición, a 5 céntimos.


La edad también marcaba diferencias. Los trabajadores de sesenta y cinco años en adelante percibirían un jornal de 3 pesetas, mientras que los zagalones de catorce a dieciséis años cobrarían 2,50. Para rematar la faena, la asamblea aprobó una medida de puro sentido común: si la lluvia obligaba a suspender el trabajo a media jornada, el propietario abonaría la parte proporcional del jornal. Al menos, el jornalero no volvía a casa con las manos vacías después de haberse dado el paseo hasta la finca.


Magnífica foto de la recogida de aceitunas por ordeño (a mano) de finales del siglo XIX. FUENTE- IGP Aceitunas Manzanilla y Gordal de Sevilla
Magnífica foto de la recogida de aceitunas por ordeño (a mano) de finales del siglo XIX. FUENTE- IGP Aceitunas Manzanilla y Gordal de Sevilla

Para hacernos una idea, El almocafre es una herramienta muy antigua usada para limpiar las malas hierbas y para plantar o trasplantar. Su hoja curvada hacia el interior puede darse que tenga la punta en forma de corazón o lanceolada. La escardilla o azada está formada por una lámina con el borde frontal cortante relativamente afilado por un lado y un mango para sujetarla. Su uso básicamente era para cavar y remover tierras. Esto desvela que hacían distinciones en la utilización de ciertas herramientas, un jornalero con escardilla cobraba media peseta más que otro con almocafre. Los pintadores eran las personas que iban sembrando (soltando) a golpe las semillas a lo largo del surco. Los gañanes eran las personas a cargo de una yunta de bueyes, los cuales eran utilizados tanto para arar la tierra como para el transporte de género. Un avareador era aquél que endiñaba al árbol con una vara larga haciendo caer el fruto. Luego estaban las personas que iban recogiendo las aceitunas recién caídas, que podía estar sentada, banquera, o de rodillas, cogedora en el suelo, y las pasaba a la cogollera, quien estaba encargada de quitar los rabillos a la aceituna. Normalmente estas últimas tareas las realizaban mujeres y niños.


FUENTE- autor del artículo
FUENTE- autor del artículo

Los obreros de Benagalbón también salieron bastante bien parados de sus negociaciones con la patronal. Se acordó que los obreros agrícolas percibieran un jornal de 6 pesetas. Además, los domingos se respetarían como día de descanso y, si por alguna necesidad había que trabajar, el jornal se abonaría al doble. No estaba mal para los tiempos que corrían.


Trabajador del campo de camino a la faena. FUENTE- Vida Gráfica
Trabajador del campo de camino a la faena. FUENTE- Vida Gráfica

Finalmente, todos aquellos intentos de democratizar las relaciones laborales en el campo pronto comenzaron a tropezar con la realidad. La resistencia de muchos propietarios fue tan férrea como previsible. Esa mentalidad quedó magníficamente retratada en La forja de un rebelde, la inolvidable serie dirigida por Mario Camus, basada en la novela homónima de Julio Barea. En ella, el todopoderoso Heliodoro, cacique del pueblo toledano de Novés, resume a la perfección el pensamiento de buena parte de los propietarios de la época: «No aguantamos imposiciones de nadie. Ahora los que trabajan quieren discutir las jornadas, las horas, todo. Tienen un montón de derechos... Lo que no tienen es tierra. Por eso, cuando vienen a imponer sus condiciones, yo les digo: "¿No queríais República? Pues toma República. Solo que ella no os da trabajo"».


Heliodoro era la personificación de ese caciquillo rural que veía las reformas como una intromisión intolerable en sus privilegios. Esta situación generó fuertes tensiones políticas de tal modo que, tras el estallido de la Guerra Civil, la "cuestión agraria" constituyó una de las principales raíces de la violencia que se desató durante los primeros meses.


FUENTE Y BIBLIOGRAFÍA


  • Abella, R.: La vida cotidiana durante la Guerra Civil. Planeta DeAgostini, 2005.

  • Alcofar Nassaes, J.L.: Los legionarios italianos en la Guerra Civil Española. Dopesa, 1972.

  • Arcas Cubero, F.: El republicanismo malagueño durante la Restauración. Córdoba, 1985.

  • Barranquero Texeira, E.: Málaga entre la guerra y la posguerra. Arguval, 1994.

  • Barranquero Texeira, E.; Nadal, A.: La carretera Málaga-Almería. Jábega, 1987.

  • González López, Francisco M.: La historia que nunca se contó. La represión durante la guerra civil en el municipio de Vélez-Málaga. Ayuntamiento de Vélez-Málaga. 2008.

  • González López, Francisco M.: La República en la Axarquía. El caso de Colmenar. Ayuntamiento de Colmenar. 2008.

  • González de Molina, M.; Caro Cancela, D.: La utopía racional. Universidad de Granada, 2001.

  • Jackson, G.: La República y la Guerra Civil Española. Crítica, 1989.

  • Velasco Gómez, J.: La Segunda República en Málaga. Ágora, 2008.

  • AHPM – Archivo Histórico Provincial de Málaga

  • AHMM – Archivo Histórico Municipal de Málaga

  • ADM – Archivo de la Diputación de Málaga

  • Archivo Temboury

  • Archivo Díaz Escovar

  • Archivo Municipal de Almáchar.

  • Testimonios orales: Antonio Samos Gómez, Juan Muñoz Heredia, Antonio Pérez Gámez, Francisco Barranquero Barranquero, Francisco Martín Gámez, José Palma Gámez, Miguel Cisneros Fernández, Ramón Portillo Santiago, Manuel Pérez Pérez, Antonio Gómez Fernández.

  • Chat GPT

  • Wikipedia

  • IGP Aceitunas Manzanilla y Gordal de Sevilla

  • Gastronomía Jaén

  • Vida Gráfica

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