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De la Axarquía a Australia

Actualizado: hace 5 horas

INTRODUCCIÓN


Las viñas han formado parte del paisaje de la Axarquía desde tiempos inmemoriales. Su cultivo extensivo —introducido por los musulmanes hace más de un milenio— se desarrolla en laderas abruptas, bajo un clima suave y luminoso, dando forma a una de las actividades económicas más prósperas de la provincia de Málaga durante el siglo XIX. La uva pasa y el vino moscatel eran muy apreciados en los puertos atlánticos del norte de Europa, hacia donde se exportaban en grandes cantidades.


A comienzos del siglo XIX, este territorio llamó la atención de un viajero británico. Su nombre era James Busby, un funcionario y agricultor que fue designado por su gobierno para realizar un viaje científico: recorrer las mejores fincas de Francia y España, y hacer un estudio del cultivo de la uva. Uno de sus objetivos fue Málaga y los viñedos de la Axarquía, hacia 1831, momento que fue recogido en una obra que constituye un documento de gran valor histórico: Journal of a Recent Visit to the Principal Vineyards of Spain and France.


UN VIAJE CIENTÍFICO


James Busby había nacido en Escocia en 1802, pero su trayectoria vital quedó ligada muy pronto a las colonias británicas del Pacífico. Instalado en Nueva Gales del Sur, en Australia, se interesó por el desarrollo agrícola de aquel territorio, convencido de que el cultivo de la vid podía convertirse en una actividad económica rentable para la colonia.


Reconstrucción por IA del retrato al óleo de James Busby. FUENTE- Autor del artículo.
Reconstrucción por IA del retrato al óleo de James Busby. FUENTE- Autor del artículo.

En los años anteriores a su viaje europeo ya había promovido la plantación de viñedos en Australia y había distribuido miles de esquejes sudafricanos entre agricultores locales. Él mismo recordaría que antes de su partida les había entregado más de veinte mil plantas de vid.


Sin embargo, Busby supo que el éxito de ese proyecto dependía de conocer las regiones del mundo donde la vid se cultivaba con mayor experiencia. Con ese objetivo emprendió en 1831 un largo viaje por Europa, durante el cual recorrió distintos distritos vitivinícolas, especialmente de Francia y España. Su intención era observar directamente los métodos agrícolas utilizados en aquellos países cuyo clima mediterráneo se parecía al australiano.


El propio Busby lo explicó con claridad en el prólogo de su obra:


El conocimiento de la agricultura de aquellos países europeos cuyo clima es más análogo al de Nueva Gales del Sur podría resultar de gran utilidad para los colonos”.


Durante su expedición reunió centenares de variedades de vid, muchas de las cuales acabarían siendo plantadas en Australia y se convertirían con el tiempo en la base de la industria de vinos de aquel país, hasta nuestros días.


Transportando la uva (1900) Joaquín Sorolla. FUENTE- Colección Masaveu.
Transportando la uva (1900) Joaquín Sorolla. FUENTE- Colección Masaveu.

LA LLEGADA A MÁLAGA


Busby llegó a la ciudad de Málaga, que era entonces uno de los principales puertos comerciales del Mediterráneo occidental, gracias a la exportación de vinos dulces y uvas-pasas elaboradas en sus montes. El viajero llegó a la ciudad tras una larga jornada en Cádiz y al día siguiente comenzó a visitar a comerciantes vinculados a este negocio. Entre ellos se encontraba William Kirkpatrick, un influyente empresario y diplomático escocés afincado en la ciudad desde finales del siglo XVIII y estrechamente relacionado con la exportación de vinos.


Fue precisamente Kirkpatrick quien organizó para Busby una excursión hacia los viñedos de la finca de Don Salvador Solier, ubicado en la comarca de la Axarquía.


'Málaga desde el mediodía' (1785)  por el pintor Mariano Sánchez. FUENTE- Patrimonio Nacional. Palacio del Pardo.
'Málaga desde el mediodía' (1785) por el pintor Mariano Sánchez. FUENTE- Patrimonio Nacional. Palacio del Pardo.

LA VISITA


La excursión comenzó al amanecer. Busby partió de Málaga acompañado por un guía que lo condujo hacia el litoral oriental. Desde los primeros kilómetros quedó impresionado por las condiciones del terreno.


Busby anotó que, tras recorrer aproximadamente ocho kilómetros, el paisaje experimentaba un cambio notable, cuando comenzó a observar la extensión continua de los viñedos:


Después de recorrer aproximadamente dos leguas desde Málaga, las colinas aparecían cubiertas casi por completo de viñas”.


Esta observación revela una de las características esenciales de la agricultura tradicional de la Axarquía: el aprovechamiento intensivo del terreno. Incluso en las laderas más empinadas, los agricultores habían transformado el paisaje en una sucesión de pequeñas parcelas dedicadas a la vid.


A partir de ese punto comenzaba el verdadero distrito vitícola de Málaga.


EL TERRITORIO MOSCATEL


Busby también anotó con bastante precisión la distancia a la que se encontraba la finca de Don Salvador Solier que visitó. Según sus cálculos, ésta se situaban a unas catorce millas al este de Málaga, lo que equivale aproximadamente a veintidós kilómetros y medio. Esa distancia coincide con la zona entre Almáchar, El Borge y Benagalbón.


Durante su visita, el viajero descubrió que la producción de las famosas pasas de Málaga estaba concentrada en un territorio relativamente reducido. Según le explicaron los agricultores de la zona, la variedad de vid que producía las mejores pasas —la uva Moscatel Alejadría, que los australianos la llamarán Muscat Gordo Blanco o Lexia— se secaba de forma natural, sin añadir sustancias alcalinas. A esto se suma el microclima mediterráneo, caracterizado por inviernos suaves y veranos secos, que resultaba fundamental para la maduración de esta variedad.


Caja con uvas-pasas.. FUENTE- canalcocina.es
Caja con uvas-pasas.. FUENTE- canalcocina.es
Cepas de vid en una finca de Almáchar. FUENTE- Autor del artículo.
Cepas de vid en una finca de Almáchar. FUENTE- Autor del artículo.

Además de describir el paisaje, Busby prestó gran atención a las técnicas agrícolas utilizadas por los campesinos de la comarca. Observó que las cepas se plantaban en hoyos excavados en el suelo con dimensiones bastante precisas. Según sus notas, estos hoyos tenían aproximadamente dos pies de diámetro, es decir, unos sesenta centímetros, y una profundidad de veinte pulgadas, equivalente a unos cincuenta centímetros. Mientras que la separación entre las plantas era de aproximadamente algo más de dos metros. Esta distancia permitía que las cepas crecieran sin competir excesivamente por el agua en un terreno seco y pedregoso.


El sistema de cultivo que observó estaba completamente adaptado a las condiciones del territorio. Los viñedos se extendían por pendientes muy pronunciadas y el trabajo se realizaba casi exclusivamente de forma manual.


LA ECONOMÍA DE LA PASA


Busby también reunió información sobre la importancia económica de este cultivo. Málaga era en aquella época uno de los principales centros exportadores de pasas del mundo.


Según las cifras que recogió Busby, en 1828 se exportaron desde el puerto de Málaga más de 83.000 cajas de pasas moscatel, que sumaban 18.617 quintales. El quintal español de la época equivalía aproximadamente a 46 kilogramos, lo que significa que la exportación anual alcanzaba cerca de 860 toneladas. Estas cifras mostraban el auge de la pasa y el declive de la exportación del vino moscatel, el cual salía del puerto en menos cantidades.


Busby comparó además la rentabilidad de este cultivo con la de otras variedades de uva. Según sus cálculos, un acre —unos 0,4 hectáreas— dedicado a la producción de pasas moscatel podía generar unas 25 libras esterlinas, mientras que otras variedades apenas producían una quinta parte de esa cantidad.


UN VIAJE CON CONSECUENCIAS INESPERADAS


El objetivo de su viaje no era simplemente describir los paisajes agrícolas de España y Francia. Su propósito final era seleccionar variedades de vid que pudieran cultivarse en Australia. Así, las observaciones realizadas por Busby en lugares tan lejanos como los viñedos de los campos de la Axarquía terminaron teniendo repercusiones a miles de kilómetros de distancia.


Lo que el viajero contempló en aquellas colinas cubiertas de viñas —un paisaje agrícola moldeado durante siglos por el trabajo humano— acabaría contribuyendo indirectamente al nacimiento de una de las grandes regiones vitivinícolas del mundo contemporáneo: Australia.


En 1833, Busby donó los miles de esquejes recogidos en su viaje a la colección del Jardín Botánico de Sidney, desde donde se repartieron entre los colonos. Figuras como James Macarthur impulsaron la expansión de las plantaciones de viñas, recomendando aquellas variedades que mejor se adaptaban al clima local. La Moscatel de Alejandría destacó rápidamente por su resistencia a las altas temperaturas y su capacidad para producir uvas tanto para consumo directo como para la elaboración de vinos dulces y fortificados.


Mapa de vino de Australia. FUENTE- Autor del artículo.
Mapa de vino de Australia. FUENTE- Autor del artículo.

La difusión espacial de esta variedad siguió los principales ejes de colonización agrícola del sureste australiano. En primer lugar, se consolidó en regiones de Nueva Gales del Sur y Victoria, especialmente en áreas como el valle del Hunter y, posteriormente, Rutherglen, donde encontró condiciones idóneas para el desarrollo de vinos fortificados de gran intensidad aromática. Paralelamente, su cultivo se extendió hacia zonas interiores asociadas a la cuenca del río Murray, como Riverland y Murray Darling, usando sistemas de regadío que permitieron una producción más intensiva orientada tanto al mercado interno como a la exportación.


Hoy, el vino australiano es un excelente ejemplo de cómo un territorio “nuevo” en términos históricos puede convertirse en una potencia exportadora de vinos a nivel mundial, combinando tradición europea y técnicas modernas. Además, en parte, los inicios de este emporio vinícola están enraizados con las viñas de la Axarquía, gracias al escocés Busby, quien introdujo allí la variedad Moscatel Alejandría.


FUENTES



 
 
 

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