Federico Vahey Alva
- Francisco Miguel González López

- hace 12 horas
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LOS INICIOS
Federico Esteban Vahey y Alba nació el 11 de noviembre de 1807. Sus padres, Federico Vahey y Rafaela Alba, pertenecían a la clase acomodada veleña. Su infancia transcurrió en un periodo marcado por las convulsiones políticas derivadas de la Guerra de la Independencia y la posterior restauración absolutista de Fernando VII.
Desde muy joven se orientó hacia los estudios jurídicos, un camino habitual entre las élites de la época. Así lo demostró al obtener, con tan solo trece años, una beca en el Colegio Imperial de San Miguel de Granada, uno de los centros más prestigiosos de España. Para ello tuvo que presentar los estatutos de “limpieza de sangre”, un mecanismo de discriminación social todavía presente en las instituciones académicas de la época, que exigía al aspirante demostrar la ausencia de antepasados judíos, moriscos o conversos.
Allí cursó asignaturas que lo prepararían para convertirse en un hombre de leyes: derecho natural y de gentes, derecho romano, legislación española, retórica y práctica forense, entre otras. En 1824 obtuvo el grado de bachiller en leyes y, en octubre de 1832, el título de abogado. Entonces abrió un despacho en Vélez-Málaga, su ciudad natal, donde comenzó a ejercer su profesión y donde también desempeñó la fiscalía de Marina, cargo vinculado a la actividad marítima y comercial de la costa de la Axarquía.
El rey Fernando VII murió en 1833, tras lo cual comenzó la regencia de María Cristina y se inicia el liberalismo en España. El prestigio profesional de Federico creció rápidamente durante este periodo. Apenas un año después, en abril de 1834, fue nombrado corregidor de Alhama de Granada por la comandancia de Castilla.

Sin embargo, su carrera no estuvo exenta de interrupciones. En diciembre de 1838, debido a problemas de salud, fue declarado cesante. La reina regente, con quien mantenía buenas relaciones, dispuso que dicho cese se considerara una renuncia voluntaria, con el fin de evitar perjuicios en su trayectoria profesional. Además, en reconocimiento a sus servicios, le concedió los honores de auditor de Marina y ordenó que se le tuviera presente para futuras responsabilidades cuando recuperara su salud.
Un año después, recuperado de su enfermedad —probablemente los mismos problemas respiratorios que más adelante volverían a afectarle—, fue nombrado juez interino de primera instancia de Jerez de la Frontera.
En septiembre de 1840 se produjo un pronunciamiento militar encabezado por el general Espartero. Ante la presión política y militar, la regente María Cristina abandonó España y se exilió en Francia. Espartero fue entonces nombrado regente y, probablemente debido a la fidelidad de Federico Vahey a la corona, este fue suspendido de su cargo de juez interino por la Junta gubernativa de Cádiz.
Pese a ello, su prestigio profesional se mantuvo intacto. En noviembre del mismo año fue incorporado al Ilustre Colegio de Abogados de Jerez, consolidando así su reconocimiento dentro del ámbito jurídico.
MAGISTRADO Y DIPUTADO EN LA ESPAÑA MODERADA
El gobierno de Espartero terminó tras un nuevo pronunciamiento militar en 1843, protagonizado por generales como Ramón María Narváez, Francisco Serrano y Juan Prim, que obligó al regente a exiliarse en Inglaterra. Tras su caída surgió un problema constitucional: la reina Isabel II tenía solo trece años y, por tanto, aún no podía gobernar.
Para evitar otra regencia, las Cortes tomaron una decisión excepcional y, el 8 de noviembre de 1843, declararon a la reina mayor de edad. Con ello comenzaba oficialmente su reinado efectivo.

A partir de entonces, el reinado de Isabel II abrió nuevas oportunidades a Vahey y su carrera experimentó un rápido ascenso. En 1844 obtuvo los honores de ministro de la Audiencia de Barcelona y, poco después, fue nombrado ministro de la Audiencia de Valencia. Ese mismo año participó también en una comisión encargada de revisar los aranceles judiciales, trabajando junto al fiscal del Tribunal Supremo Pedro Giménez Navarro.
Paralelamente inició su carrera parlamentaria. Fue elegido diputado a Cortes por la provincia de Málaga en las legislaturas comprendidas entre 1844 y 1847, representando posteriormente al distrito de Vélez-Málaga. Durante estas legislaturas desempeñó además el cargo de secretario del Congreso, lo que demuestra la confianza que la cámara depositaba en él.
En 1846 Federico Vahey se casa con Ana Bryan Livermore, perteneciente a la alta burguesía comercial malagueña, con la que no tuvieron hijos.
MINISTRO DE GRACIA Y JUSTICIA
El momento culminante de su carrera llegó cuando, el 14 de diciembre de 1852, fue nombrado Ministro de Gracia y Justicia durante la legislatura del presidente Federico Roncalli, Conde de Alcoy, del Partido Moderado. Este ministerio era uno de los pilares fundamentales del gobierno isabelino, responsable de la administración judicial, la legislación y las relaciones con la Iglesia.
Sin embargo, su paso por el ministerio fue breve. Dimitió el 9 de abril de 1853 al negarse a aceptar la destitución del presidente del Tribunal Supremo, Lorenzo Arrazola, que, según su criterio, había demostrado una conducta intachable. El episodio reveló un rasgo destacado de su carácter: la firme defensa de sus principios incluso frente a presiones políticas de alto nivel.
Tras abandonar el gobierno, fue nombrado Consejero Real el 28 de junio de 1853, continuando así vinculado a las altas instituciones del Estado.
RENUNCIA Y MUERTE
En noviembre de 1856 presentó la renuncia a su cargo de consejero, retirándose progresivamente de la vida pública debido al deterioro de su salud. Durante esta etapa aceptó dirigir el proyecto ferroviario de los Caminos de Hierro del Norte, empresa vinculada a su amigo y antiguo compañero de estudios José de Salamanca, uno de los grandes promotores ferroviarios de la España isabelina.
Poco después, una pulmonía fulminante puso fin a su vida en Madrid el 19 de septiembre de 1856. Su cuerpo embalsamado fue trasladado a Vélez-Málaga, donde fue depositado en un sepulcro situado en la capilla de San Federico de la iglesia de San Juan Bautista, adornada también con un cuadro de este santo pintado por el artista Federico de Madrazo.
El sepulcro, realizado en rico mármol blanco de Carrara, estaba coronado por la escultura del yacente. La obra fue sufragada por la viuda y los hermanos de Vahey y tuvo un coste aproximado de 106.000 reales.

Durante la Guerra Civil española, la tapa del sepulcro fue arrancada y arrojada por unas escaleras, sufriendo diversos daños. Desde entonces, se desconoce su paradero.
Hoy, la biblioteca municipal de Vélez-Málaga lleva su nombre.
FUENTES
Moreno y Rodríguez, Agustín (1865): Reseña historica-geografica de Velez Malaga y su partido. Malaga : Imprenta de M. Martinez Nieto.
Biblioteca Nacional de España.
Biblioteca Virtual de la Provincia de Málaga.
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