Axarquía fenicia
- Francisco Miguel González López

- hace 2 días
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NAVEGANTES DEL EXTREMO ORIENTE MEDITERRÁNEO
Los fenicios constituyen una de las civilizaciones más destacadas de la Antigüedad. Fueron los primeros en articular una red comercial y cultural a lo largo del Mediterráneo, expandiendo las rutas incluso hasta el Atlántico (Portugal y Oeste de Marruecos). El origen de los fenicios se sitúa en la franja costera del actual Líbano, donde, desde el II milenio a. C., se desarrollaron una serie de ciudades-estado independientes, como Biblos, Sidón y, especialmente, Tiro.
Tiro, convertida en una potencia marítima a partir del siglo X a. C., desempeñó un papel fundamental en la colonización hacia Occidente. Este proceso no debe entenderse como una empresa imperial, sino como una expansión de carácter comercial. La ausencia de un poder político centralizado no impidió, sino que favoreció, una gran flexibilidad en la adaptación a los distintos contextos geográficos y culturales en los que ellos se asentaron.

La consolidación de asentamientos estables se produce durante los siglos IX y VIII a. C., momento en el que aparecen las primeras fundaciones a lo largo de las costas del norte de África, Sicilia, Cerdeña y la Península Ibérica.
FENICIOS EN LA AXARQUÍA
A diferencia de lo que ocurre en otras áreas del Mediterráneo, donde los asentamientos fenicios aparecen de forma más aislada, en la Axarquía se observa desde el inicio una ocupación estructurada del territorio. Los principales enclaves documentados —Morro de Mezquitilla, Las Chorreras, Toscanos, Trayamar y Cerro del Mar— no deben interpretarse como asentamientos independientes, sino como elementos de un sistema interconectado.
Morro de Mezquitilla representa uno de los asentamientos más antiguos, con una cronología que se remonta a finales del siglo IX a. C. (ca. 800–780 a. C.). A poca distancia se sitúa Las Chorreras, activo sólo durante el siglo VIII a. C., cuya corta duración sugiere un carácter inicial o experimental. Por su parte, Toscanos, fundado hacia el 740–730 a. C., tendrá una permanencia mayor y se convertirá en el principal núcleo urbano y económico del conjunto.
Este sistema se completa con necrópolis como Trayamar, que reflejan la organización social y las prácticas funerarias, y con enclaves posteriores como Cerro del Mar, que aseguran la continuidad del poblamiento hasta época romana.
COMERCIANTES Y NO CONQUISTADORES
Uno de los rasgos más característicos de la expansión fenicia es su naturaleza esencialmente comercial. Frente a otras culturas colonizadoras, los fenicios no impusieron un dominio militar sobre las poblaciones locales, sino que establecieron relaciones basadas en el intercambio, la negociación y, finalmente, el mestizaje.
Asimismo, el comercio fenicio se articulaba en torno a enclaves costeros que funcionaban como puntos de redistribución de mercancías. En estos espacios se intercambiaban productos de diversa procedencia. Desde Oriente se importaban cerámicas finas, objetos de lujo, tejidos teñidos con púrpura, vino y aceite; mientras que desde Occidente se exportaban metales —especialmente plata, cobre y estaño—, productos agrícolas, salazones y otras materias primas.

PAISAJE ARQUEOLÓGICO
La Axarquía constituye uno de los espacios mejor documentados para el estudio de la colonización fenicia en sus inicios (la llamada etapa “arcaica”). La evidencia arqueológica permite interpretar este territorio como un auténtico sistema colonial ubicado en las desembocaduras de los ríos Vélez y Algarrobo. Estas zonas serían nombradas por el historiador romano Plinio el Viejo como Maenoba.
Por lo tanto, podemos hablar de distintos tipos de enclaves, divididos de la siguiente manera:
• Asentamientos principales: Toscanos, Morro de Mezquitilla
• Asentamientos secundarios o especializados: Las Chorreras
• Áreas defensivas o de control territorial: Cerro del Alarcón
• Necrópolis: Trayamar, Jardín, Cerro del Mar
• Espacios productivos: áreas metalúrgicas y zonas portuarias
• Asentamientos indígenas: más en el interior, pero cercanos a los asentamientos fenicios: Cerca Niebla, La Fortaleza de Vélez, Peña Hierro o Cerro de Capellanía.
A partir de esta organización, podemos describir un patrón de hábitat completo.

URBANISMO
Uno de los aspectos más interesantes del estudio de estos yacimientos es la diversidad de soluciones urbanísticas ante un paisaje tan accidentado como es la Axarquía.
Toscanos (Vélez-Málaga) representa el ejemplo más ejemplarizante. Localizado en la desembocadura del río Vélez –que por entonces era navegable– está formado por viviendas de planta rectangular, construidas con adobe y piedra, y organizadas en varias estancias. Hubo edificios especializados, como el Edificio C, que pudo ser un almacén, y una estructura defensiva con forma de foso de sección triangular. La evolución del asentamiento —desde una ocupación inicial desperdigada hasta una mayor densificación en el siglo VII a. C.— evidencia un crecimiento progresivo ligado al desarrollo comercial.

El Morro de Mezquitilla (Algarrobo) constituye el enclave fenicio más antiguo de la región y ha sido interpretado como un núcleo clave en las primeras fases de la colonización, posiblemente con funciones portuarias y comerciales. Presenta una estructura arquitectónica adaptada al entorno, configurándose las viviendas en una red de calles organizadas. El uso intensivo del espacio, con reutilización de los edificios, nos indica su alcance cronológico, que va desde su fundación a finales del siglo IX a. C. hasta época púnica avanzada.
El yacimiento de Las Chorreras (Algarrobo) tiene características singulares dentro del conjunto de la Axarquía. Su ocupación efímera, limitada a unas pocas décadas del siglo VIII a. C., apunta a una fase inicial de implantación o exploración del territorio. Su urbanismo se caracteriza por la formación de terrazas, adaptadas al relieve, y viviendas organizadas funcionalmente (almacenes, talleres, etc.).

El Cerro del Alarcón (Vélez-Málaga), sin embargo, introduce un nuevo elemento dentro del paisaje fenicio de la Axarquía. Ubicado en una posición elevada, con dominio visual del valle del río Vélez, han aparecido posibles estructuras fortificadas que podrían tener una función vinculada al control de rutas interiores o a la defensa de Toscanos.
UN PUEBLO DE MARINOS COMERCIANTES
El comercio marítimo constituía la base del sistema económico fenicio. Los enclaves costeros axárquicos actuaban como centros de redistribución en los que se intercambiaban productos procedentes de lugares lejanos. Los hallazgos en los yacimientos axárquicos de cerámica griega, etrusca y centro-mediterránea, así como objetos procedentes de Egipto, Tiro o Cartago, evidencian la integración de nuestra comarca en un circuito comercial mediterráneo.
Junto al comercio, la producción local desempeñó un papel fundamental. Las actividades principales fueron la metalurgia del hierro, documentada por la presencia de escorias y hornos de fundición; la producción cerámica, tanto de tradición fenicia como híbrida (de influencia indígena); o la posible elaboración de púrpura (a través del molusco murex).

El hinterland, especialmente el valle del río Vélez, proporcionaba recursos esenciales para la ganadería, con predominio del bovino, así como para la agricultura cerealista, la vid y la pesca. Los estudios antracológicos (restos de carbón vegetal) sugieren que, con la llegada de los fenicios, el paisaje lo dominaban los matorrales y arbustos, con especies como lentisco y acebuche, utilizados como combustible.
Por otro lado, según el investigador Eduardo García Alfonso, no hay evidencias claras de que los fenicios produjeran aceite de oliva en el yacimiento de Toscanos. Únicamente se ha documentado la presencia de acebuches, es decir, olivos en estado silvestre, que no garantizan una producción sistemática. Además, la ausencia de almazaras (instalaciones para la extracción de aceite) refuerza esta idea.
En consecuencia, el aceite que se consumía aquí debía importarse en gran medida desde los circuitos del mundo griego (Grecia del Este, Atenas y Corinto), debido a las ánforas griegas que han aparecido en los enclaves axárquicos. Esto, a su vez, indica que Toscanos funcionó (durante los siglos VIII y VI a. C.) como un importante punto de redistribución de este preciado líquido. Desde aquí, el aceite se trasvasaba a otros recipientes tras su llegada y las ánforas vacías se desechaban, las cuales han aparecido en vertederos. A partir del siglo VI a. C., las importaciones descienden en Toscanos y el centro de distribución se desplazó a Malaka (Málaga).

EL PAPEL DE LA MUJER
A veces, cuando nos imaginamos el pasado, solemos pensar que sus protagonistas fueron únicamente hombres. Las nuevas corrientes historiográficas están rompiendo con este enfoque tradicional y androcéntrico, visibilizando el papel fundamental de las mujeres y otros colectivos históricamente marginados (niños, indígenas).
En este contexto, la profesora Aurora Rivera Hernández, en su artículo «Breve aproximación a los modos de vida en los establecimientos fenicios de Las Chorreras y Morro de Mezquitilla (Málaga)», analiza el papel de la mujer en el siglo VIII a. C. desde una perspectiva de género. Lo hace a través de las llamadas “actividades de mantenimiento” (actividades cotidianas relacionadas con la alimentación, cuidado de niños, higiene y salud y producción textil doméstica). Para ello, parte de estudios antropológicos (cómo trabajan las mujeres en sociedades tradicionales) y textos antiguos (por ejemplo, referencias a mujeres moliendo o cocinando).
Aurora interpreta el espacio doméstico a partir de los objetos cotidianos encontrados en las excavaciones arqueológicas: utensilios de cocina (ollas, cazuelas, cuencos, molinos de mano, etc.), aperos de labranza (hoces para segar el cereal, hachas pulimentadas) y pesas de telar.
Por un lado, en las comunidades indígenas, las mujeres se encargaban de la recolección de cereal, su transformación mediante la molienda con molinos de mano y la preparación de alimentos, especialmente para hacer pan y para guisar (gachas, potajes). Asimismo, participaban en la producción textil a través del uso de telares y, además, asumían las tareas de crianza y cuidado de niños, lo que las convierte en agentes clave en la reproducción social del grupo.

Por otro lado, en las comunidades fenicias, aunque estas funciones básicas se mantienen, el papel femenino adquiere una mayor complejidad, ya que, además de gestionar el ámbito doméstico y alimentario, las mujeres actúan como transmisoras de valores, costumbres y prácticas culturales. Esta situación las convierte en mediadoras culturales, favoreciendo la interacción entre tradiciones indígenas y orientales y contribuyendo a la formación de identidades híbridas. También desempeñaron un papel relevante en la religiosidad doméstica, mediante rituales en el hogar.
En conjunto, todas estas hipótesis nos permiten afirmar que las mujeres constituyeron un pilar central de estas sociedades antiguas.
ENCUENTRO ENTRE DOS CULTURAS
El encuentro entre fenicios e indígenas en el sur de la Península Ibérica constituye uno de los procesos más complejos de la Protohistoria mediterránea. A diferencia de los modelos coloniales posteriores —especialmente los griegos o romanos—, la presencia fenicia no implicó una ocupación territorial extensiva ni una dominación política directa. Por el contrario, actuaban como intermediarios entre distintas esferas culturales.
Los fenicios se asentaron preferentemente en la franja litoral, mientras que las comunidades indígenas ocuparon el interior, especialmente en las cuencas fluviales. Esta distribución espacial favoreció un modelo de relación basado en la complementariedad económica: los fenicios aportaban productos manufacturados y redes de intercambio, mientras que los indígenas suministraban materias primas, especialmente metales y cereales.
Este sistema generó un espacio de contacto continuo en el que las relaciones no fueron unidireccionales, sino dinámicas y bidireccionales. La arqueología ha demostrado que los intercambios no se limitaron sólo al ámbito económico, sino que implicaron una transformación progresiva de las estructuras sociales, culturales y tecnológicas de ambas comunidades.

Los indígenas del interior, por ejemplo, participaron activamente en este flujo constante. La presencia de materiales fenicios en asentamientos indígenas —cerámica de engobe rojo, objetos de metal, elementos de prestigio— indica que estos productos no solo circulaban en la costa, sino que penetraban en el interior. Lo mismo podemos decir, en sentido contrario, con la aparición de fíbulas en tumbas fenicias o cazuelas a torno lento, elementos propios del mundo indígena.
Asimismo, este proceso se caracterizó por la introducción de una serie de innovaciones que transformaron profundamente las sociedades locales. Este proceso, conocido como “orientalizante”, se desarrolló entre los siglos VIII y VI a. C. Las principales innovaciones fueron: el torno alfarero, que permitió una producción cerámica más rápida y homogénea; la metalurgia del hierro, que mejoró la tecnología en la fabricación de herramientas y armas; nuevos cultivos, como la vid y el almendro; la escritura alfabética, que introdujo nuevas formas de comunicación y administración; y modelos arquitectónicos, especialmente en la organización del espacio doméstico (las comunidades indígenas pasaron de construir casas de planta circular a cuadrada, añadiendo una mayor diversificación del espacio).
Por supuesto, hay que decir que estas innovaciones no fueron adoptadas de forma uniforme ni inmediata, sino que se integraron progresivamente, dando lugar a formas híbridas. Además, los restos arqueológicos nos muestran que los asentamientos fenicios no fueron espacios culturalmente homogéneos, sino entornos pluriétnicos en los que convivían fenicios, indígenas y, probablemente, individuos de origen mixto.
Aunque el modelo dominante fue de interacción pacífica, no puede descartarse la existencia de tensiones o conflictos puntuales. El caso del Cerro del Alarcón, donde se han documentado estructuras defensivas, ha sido interpretado como un posible indicio de conflicto o, al menos, de necesidad de control territorial. Sin embargo, estas evidencias deben interpretarse con cautela. Las estructuras defensivas no implican necesariamente guerra abierta, sino que pueden responder a la protección de recursos o a la organización interna del asentamiento. En conjunto, el balance general apunta a un modelo de coexistencia en el que el conflicto fue la excepción y no la norma.
VIDA Y MUERTE EN EL MUNDO FENICIO
A través del estudio de las necrópolis —una de las principales fuentes para comprender la sociedad fenicia en la Axarquía— se han podido reconstruir con detalle las creencias, la estructura social y las prácticas rituales. Las principales necrópolis documentadas en la región son las de Trayamar, Chorreras, Cerro del Mar y Jardín. Estos yacimientos se sitúan generalmente en espacios separados de los asentamientos, a menudo en la orilla opuesta del río, lo que refleja un claro patrón de asentamiento y una diferenciación entre el mundo de los vivos y el de los muertos.
El rito predominante en los primeros momentos de la colonización es la incineración, característica del mundo fenicio arcaico. Los restos cremados, a temperaturas superiores a los 600 ºC, se depositaban en urnas, que podían ser ánforas reutilizadas o recipientes de materiales más nobles, como el alabastro.
El caso de las tumbas de Chorreras es especialmente significativo. En la Tumba 1 se documentó una urna que contenía los restos de una mujer joven de unos 17 años junto a un feto, lo que sugiere una muerte durante el parto. El ajuar incluía objetos de oro y cerámica fina, indicando su elevado estatus social. La Tumba 2, con forma única de cilindro, presenta una urna de origen egipcio —de alabastro—, acompañada de un escarabeo —un amuleto muy apreciado por egipcios y fenicios—, lo que evidencia la circulación de objetos de prestigio.

Hay que destacar la necrópolis de Trayamar. Se trata de uno de los ejemplos más destacados de arquitectura funeraria fenicia en la Península Ibérica. Sus tumbas de cámara, construidas con sillares, reflejan un alto grado de complejidad técnica y una clara diferenciación social. Entre los ajuares funerarios que aparecieron se incluyen cerámicas de lujo, joyas de oro y amuletos de tradición oriental. Fueron, sin duda, tumbas para las élites locales, probablemente vinculadas al comercio.
Algunos de los posibles rituales funerarios aparecidos en el registro arqueológico son las ofrendas (huevos de avestruz, paredes pintadas de almagra u ocre, conchas), así como sacrificios animales y el uso de perfumes y sustancias aromáticas. También destacar los santuarios con presencia de máscaras y figuras de terracota.

Los fenicios eran un pueblo profundamente religioso, que albergaba rasgos de otras religiones mediterráneas. A esto se le llama sincretismo, resultado del contacto con otras culturas. Se documenta la presencia de deidades egipcias, como el dios Bes, y posteriormente la identificación de divinidades fenicias con dioses romanos: Melqart-Hércules, Baal-Júpiter, Astarté-Venus.
CONCLUSIÓN
Durante gran parte del siglo XX, la historiografía consideró a Gadir como el principal centro fenicio del Mediterráneo occidental. Esta visión se basaba en las fuentes clásicas, que destacaban la importancia de esta ciudad como enclave estratégico. En este modelo, los demás asentamientos eran interpretados como dependientes de Gadir, lo que generaba una visión jerárquica y centralizada de la colonización.
A partir de la década de 1960, los descubrimientos arqueológicos en la Axarquía —gracias al Instituto Arqueológico Alemán de Madrid— obligaron a revisar este modelo. La identificación de asentamientos complejos, con cronologías tempranas y funciones diversas, puso de manifiesto que la colonización fenicia no podía explicarse únicamente desde Cádiz. Autores como Schubart o Niemeyer demostraron que la costa malagueña constituía un núcleo de gran importancia, integrado en redes comerciales de amplio alcance.
En la actualidad, la investigación tiende a adoptar un modelo policéntrico, en el que distintos enclaves —Gadir, Málaga, Sexi, Huelva, Lisboa— desempeñan roles complementarios. De este modo, la Axarquía aparece como un área de implantación temprana, con un espacio de interacción cultural intensa y un nodo clave en las redes comerciales.
En definitiva, la Axarquía debe ser entendida no como un apéndice del sistema fenicio, sino como uno de sus pilares fundamentales, un espacio donde se articulan las dinámicas que definirán el Mediterráneo occidental durante siglos.
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
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Terracotas y máscaras descubiertas en los yacimientos fenicios de la provincia de Málaga. Juan Ramón García Carretero, Juan Antonio Martín Ruiz. Mainake, Nº. 41-42, 2023-2024, págs. 237-250



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