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Historia del republicanismo en Vélez-Málaga

INTRODUCCIÓN


En Vélez-Málaga, ciudad de contrastes sociales, germinó tempranamente la semilla del movimiento republicano, cuyo desarrollo arraigó en amplios sectores de la burguesía veleña y se prolongó durante, al menos, ocho décadas. Hubo republicanos históricos, con nombres y apellidos, comprometidos con sus ideales y enfrentados al poder de la omnipresente Casa de Larios, máxima expresión del caciquismo en la España de la Restauración. En este artículo se pretende desentrañar esta parte del pasado, escasamente abordada hasta ahora, ya sea por prejuicios o por olvido. Se trata, en definitiva, de una aproximación a la historia del republicanismo en Vélez-Málaga.

 

CONTEXTO HISTÓRICO DEL REPUBLICANISMO


A partir de la Revolución francesa, Europa asistió a la difusión de un nuevo modelo político basado en principios como la soberanía nacional, la ciudadanía y el reconocimiento de los derechos individuales. En España, estas ideas encontraron su primera cristalización en la Constitución de Cádiz (1812), que establecía límites al poder del monarca y sentaba las bases del liberalismo. “La Pepa”, como así la llamaron, surge en un momento crítico para España: la guerra de la independencia contra las tropas francesas invasoras.


Cuadro “La promulgación de la Constitución de 1812”,de Antonio Gisbert (1889). FUENTE- Wikimedia Commons
Cuadro “La promulgación de la Constitución de 1812”,de Antonio Gisbert (1889). FUENTE- Wikimedia Commons

Sin embargo, este impulso reformista se vio pronto truncado. Tras el final de la ocupación francesa con el Tratado de Valençay (1813), Fernando VII regresó al trono e instauró de nuevo una monarquía autoritaria. Se abría así una etapa de fuerte tensión política, marcada por el enfrentamiento entre liberales —partidarios de limitar el poder real— y absolutistas, defensores del mantenimiento de la monarquía tradicional.


Durante el reinado de Isabel II (1833–1868), el liberalismo español, impulsado en gran medida por la burguesía, evolucionó y se fragmentó en distintas corrientes. Por un lado, los moderados apostaban por una monarquía con reformas limitadas; por otro, progresistas y demócratas reclamaban una ampliación de derechos y una mayor participación política. De este sector más avanzado surgiría el republicanismo, una corriente que defendía la instauración de una república como forma de gobierno, en la que el poder emanase de la nación y el jefe del Estado fuese elegido, no hereditario.


En los inicios, el republicanismo español se vio profundamente influido por las revoluciones europeas de 1848, una oleada revolucionaria que recorrió el continente desde Francia hasta los estados alemanes, el Imperio austríaco e Italia. En estos territorios, la burguesía, con el apoyo de las clases populares, se levantó contra los regímenes monárquicos tradicionales para reclamar sistemas políticos más representativos y democráticos.


Este clima de cambio alcanzó su punto álgido en 1868, cuando los generales Juan Prim, Juan Bautista Topete y Francisco Serrano protagonizaron una insurrección que puso fin al reinado de Isabel II. Se iniciaba así el Sexenio Democrático (1868–1874), durante el cual se intentó construir un sistema político basado en los principios del liberalismo.


En un primer momento, se optó por una monarquía democrática bajo Amadeo I de Saboya, pero el experimento fracasó ante la inestabilidad política y la falta de apoyos. Finalmente, en 1873 se proclamó la Primera República Española. Su existencia fue breve —apenas once meses— y estuvo marcada por profundas divisiones internas entre republicanos unitarios y federales, así como por graves conflictos sociales y territoriales.


aricatura de la revista satírica La Flaca, del 3 de marzo de 1873, sobre la pugna entre los radicales, defensores de la república unitaria, y los republicanos federales. FUENTE- Wikipedia
aricatura de la revista satírica La Flaca, del 3 de marzo de 1873, sobre la pugna entre los radicales, defensores de la república unitaria, y los republicanos federales. FUENTE- Wikipedia

El desenlace no se hizo esperar. El golpe de Estado del general Manuel Pavía, el 3 de enero de 1874, puso fin a la experiencia republicana parlamentaria. Meses después, otro pronunciamiento, esta vez de Arsenio Martínez Campos, restauró la monarquía borbónica, iniciando un largo periodo conocido como la Restauración.

 

LOS LIBERALES VELEÑOS


Hacemos una primera parada en uno de los grandes protagonistas del complejo y violento siglo XIX español. Nos referimos a Baldomero Espartero, duque de la Victoria y de Morella. Su currículum es extenso: destacado militar y líder nacional del liberalismo progresista, héroe de la Primera Guerra Carlista y regente del país entre 1840 y 1843, durante la minoría de edad de Isabel II.


Su gobierno, de carácter autoritario y marcado por medidas impopulares —como el bombardeo de Barcelona en 1842—, generó una fuerte oposición política, incluso dentro de sus seguidores, que culminó en su derrocamiento por un pronunciamiento militar encabezado por Ramón María Narváez, obligándole a exiliarse en Inglaterra. Su regreso a España se produjo pocos años después, en 1848, y fue celebrado por los liberales, que lo consideraban un símbolo de la lucha por las libertades frente al conservadurismo.


En el periódico El Clamor Público, con fecha de jueves 9 de marzo de 1848, un numeroso grupo de veleños publicó una carta felicitando a Espartero, firmada por 247 personas. Entre ellas había militares, eclesiásticos, miembros de la alta sociedad y también quienes, poco después, se convertirían en los primeros republicanos de Vélez-Málaga. A continuación, exponemos la lista de los firmantes:


Juan de Pascual Romero (excomandante de la Milicia Nacional).— Diego Manuel Murillo (vicario, juez eclesiástico).—Francisco Mellado (presbítero).—La familia Murciano: Cristóbal, Hilario, Bartolomé, Manuel, José María, Juan, Braulio, Cristino, Pedro, José y Pablo Murciano.—Diego y Juan Ogayar/Ogallar.— Francisco José Portales.— León Rando Román.— Manuel de Mata.— Feliz José de Gámez.— José Guirao Naranjo.— Cristóbal y José María Belda.— Ricardo de Elbo.— Francisco y José López.— Francisco de Paula Carvajal.— José Guirao Vélez.— Emilio Bermúdez Portales.— Francisco Palma.— Pedro María Dejens.— Rafael Bautista.— Antonio Martín del Corral.— Manuel Alfeirán.— Fidel Riano.— José Barranco.— José Martín Hermosilla.— Antonio Cueva.— Francisco y Miguel Guerrero.— Juan de Pascual Martín.— Clemente de Carrión.— Luis Téllez.— Juan del Río.— Francisco Martel.— Francisco Utrera.— Francisco y José de Luque.— José Peris.— Salvador de Luque.— Antonio Llera.— José Parra.— Juan Esteban Ramos.— Manuel María Martínez.— Diego Ruiz.— José Sarrat.— Sebastián del Valle.— Miguel Guerrero.— Antonio Pérez.— Ignacio Bascán.— Juan Nepomuceno Bautista.— Juan Fernández.— Francisco de Paula Herrera.— Antonio de Santiago.— Antonio Pipó.— Francisco Herráiz.— Felipe Montovio.— Narciso Palacios.— Francisco Ruiz.— Francisco Moret.— Enrique Jiménez.— Andrés Muñoz.— José Fernández.— Leandro F. de Espada.— Antonio Navarro.— Antonio Muñoz.— José María Martín.— José María Martín Carvajal.— Francisco Vásquez.— José Vásquez.— José Pedrajas.— José Milet.— Joaquín del Pino y Ruiz.— José Jiménez.— Miguel Calero.— Miguel Vásquez.— Miguel Calero Casalla.— Antonio Calero.— Juan Altamira.— Francisco Altamira.— Juan Serrat.— José Sánchez.— Manuel Gallego Delgado.— José Herrera.— José de las Cuevas.— Diego Frías.— Mariano Millet.— José Gallego Delgado.— Manuel de Llanos.— M. Oliver.— Eduardo Millet.— Manuel Caparros Sánchez.— Fernando Méndez.— José Herrero Martín.— Francisco Blanco.— Gerónimo Sevilla.— G. Rodríguez.— Antonio García.— Antonio Arcas.— Rafael Millet.— Manuel Bustamante.— Miguel María Jara.— Francisco Millet.— Antonio Salido.— Cayetano la Jara.— Se. Foche Casalla.— Manuel Roberto.— José de Alcausa.— Manuel Jiménez Cordoniello.— Alfonso Herrera.— José Martínez.— Antonio Requena.— José Pérez.— José Herrera Martín.— Juan de Palma Ortega.— Francisco Pérez López.— José Ponce Mira.— Francisco Herrera León.— Francisco Ferrer Argote.— Pablo Alcausa.— Gregorio Galindo.— Fernando Ponce.— Manuel Sastre.— Francisco Ponce Mira.— Francisco Forsali.— Francisco Jiménez Orbe.— Pedro Imielski.— Manuel Utrera.— Francisco Gestino.— Rafael Ríos.— Antonio Moreno.— Juan Reiner.— Antonio Grané.— Gabriel Ortega.— Manuel Castilla.— Francisco López Sánchez.— Miguel Ortega.— Juan Rebollo.— Miguel Ortega Montenegro.— José Campos.— Sebastián Pérez.— Juan Lagos Gámez.— José Santiago.— Manuel Portillo.— Juan Fernández.— Antonio Cantera.— Antonio Herrera.— José Gutiérrez Ravel.— Francisco Fernández.— Hipólito Rodríguez.— Cristóbal Alberca.— Miguel Barranco.— Sebastián García.— Juan Bejar Bonilla.— José Bolaños Acosta.— Manuel García.— Segismundo García.— Francisco Ortega.— José Sánchez.— José Rivera.— Francisco Bejar.— Francisco García Velasco.— Antonio Alberca.— José Martín.— Alonso Gómez.— Pascual Laza.— Antonio Carrión López.— Juan Palacios.— Antonio Timoso.— Pedro Ruiz.— Luis Ruiz.— Félix M. Carvajal.— Miguel de Gálvez.— Francisco Rojo.— Antonio Ruiz.— Pablo Rua.— Antonio Gómez Reina.— Antonio Gómez Herrera.— Manuel del Sel.— Antonio Torres Aguilar.— Juan Luis Prieto.— Salvador Hernández.— Pedro Infantes.— Juan Casalla.— José Molina.— Francisco Pabón.— Salvador Bonilla.— Luis de las Cruces.— Emilio Montero.— Rafael de Vega.— Juan Milet Pareja.— Juan Molina.— José Jiménez Mata.— Plácido Gómez.— Emilio Ramos.— Mariano Gómez.— Antonio Murillo Sel.— Federico Montorfano.— José Montorfano.— José de Lanzas.— Antonio Lanzas.— José Gallardo.— Juan Gallardo.— José Santa Olalla y Milet.— Rafael Benavides.

 

LOS DEMAGOGOS


En Loja estalló una revuelta en el verano de 1861, a consecuencia de la grave situación de miseria en la que vivían los jornaleros. El movimiento, liderado por Rafael Pérez del Álamo, logró durante unos días controlar la localidad y extenderse a pueblos cercanos –incluidos los municipios de la Axarquía–, pero fue rápidamente reprimido por el ejército con gran dureza.


Rafael Pérez del Álamo vestido de oficial de los "Voluntarios de la Libertad" (hacia 1868). FUENTE- Creative Commons
Rafael Pérez del Álamo vestido de oficial de los "Voluntarios de la Libertad" (hacia 1868). FUENTE- Creative Commons

Las reivindicaciones de estos jornaleros era principales sociales, como el acceso al trabajo, la mejora de las condiciones de vida y una mayor justicia en el reparto de la tierra. Aunque la mayoría de los participantes eran campesinos con escasa formación política, el movimiento estuvo influido por dirigentes con ideas democráticas y republicanas. El término “demagogos”, utilizado entonces por los periódicos conservadores, se empleaba de forma despectiva para referirse a estos líderes, acusándolos de incitar al pueblo, cuando en realidad muchos de ellos actuaban como portavoces del profundo malestar social existente. Este acontecimiento supuso la primera expresión de protesta obrera en Andalucía.


En una carta publicada en el periódico El Constitucional, el 3 de julio de 1861, un vecino anónimo de Vélez-Málaga advertía sobre el peligro de las llamadas “ideas demagógicas” o socialistas, en el contexto de la revuelta de Loja. El autor sostenía que los sucesos de Comares, localidad que se amotinó, no eran un hecho aislado, sino parte de un plan más amplio que implicaba a varios pueblos cercanos, con el objetivo de repartirse propiedades y organizar una red de afiliados. Aunque afirmaba que en Vélez estas ideas tenían escasa implantación, mostraba preocupación por su rápida expansión, alertando del riesgo que esto suponía y reclamando una mayor intervención del Gobierno para evitar consecuencias más graves. No obstante, este escritor anónimo estaba completamente equivocado. Estas ideas ya se encontraban arraigadas en muchas familias veleñas.


En este contexto, se crea el Partido Progresista el 14 de marzo de 1864, que contaba con una base social integrada por figuras destacadas de la vida local —profesionales, propietarios, militares y hombres de relevancia pública—. Algunos miembros de esta formación prepararán el camino hacia el republicanismo.


El presidente, José Fernández del Castillo; secretario, Antonio Muñoz Molina; José Millet, José de Lanzas García, José de Luque, Lorenzo López, Ramón Zalanda, Amadeo Téllez Bolaños; Francisco Herraiz, secretario; Mariano Millet, José Herrera Sánchez, Francisco Escalona, José López, José María de Peña, José Álvarez, Manuel Romeo, José Gallardo, Ramón Arribas, Juan Alcausa, José Pomar, Miguel Peña, Antonio Herrera, Carlos López Casamayor, José Ruiz Díaz, José Hernández, Antonio García Mota, Luis Requena, Francisco Macías, Antonio Navarro, Juan Cazalla, Antonio León, Manuel Pérez, Francisco Herrera Iturralde, Antonio Torres, Braulio Murciano, Juan Murciano, Luis López, Pedro García, José Parra Herrera, Pascual Lara Goyeneche, Juan Padilla, Bonifacio Rodríguez, Francisco Jiménez, Antonio Alcántara Lara, Manuel Roberto, José Amalla Pino, Miguel Palma López, Juan Gil Infante, Antonio España, Juan Chicano, Miguel Moreno, Antonio Salido y Ortiz, Pedro Herrera Sánchez, Eduardo Palma, Francisco Palma, Casimiro Alba, Juan Molina Maloseura, Hilario Murciano, José Bengip, Juan López Gutiérrez, Antonio Corte Álvarez, Ramón Padilla, Juan Torrentes Hernández, Manuel Medina, Juan de Palma López, José Herrera Martín, Enrique Contilló Vargas Machuca, Manuel Herrera, Rafael Guerrero, Antonio Ponce de León y Francisco Herrera.

 

EL SEXENIO DEMOCRÁTICO (1868-1874)


El estudio de este periodo en el ámbito local de Vélez-Málaga presenta importantes dificultades documentales. La desaparición de las actas capitulares del Ayuntamiento correspondientes a los años 1858 a 1870 impide un análisis directo de la vida política municipal. Sin embargo, la prensa nacional nos permite reconstruir, al menos parcialmente, la evolución política, social y económica de la ciudad en estos años de profunda transformación.

El Sexenio Democrático se inició con una insurrección militar, que supuso el derrocamiento de la monarquía de Isabel II y la apertura de un proceso de experimentación política. Vélez-Málaga, como la mayoría de los ayuntamientos de España, organizó una Junta Revolucionaria, formada por los grupos políticos más progresistas. Según el periódico El Estandarte (25 de noviembre de 1868), la ciudad participó en el amplio movimiento de movilización republicana que recorrió toda España. En ella, como en otras muchas ciudades, se manifestaba el apoyo a la instauración de una república, considerada por amplios sectores como la opción política más avanzada.


Fotograma ideal por IA de una Junta Revolucionaria. FUENTE- autor del artículo
Fotograma ideal por IA de una Junta Revolucionaria. FUENTE- autor del artículo

Pocos días antes, el mismo periódico (21 de noviembre de 1868) recogía la adhesión formal del Ayuntamiento de Vélez-Málaga al movimiento republicano federal. En dicha comunicación, la municipalidad afirmaba actuar en consonancia con los sentimientos de una población que superaba los 6.000 habitantes, y que, junto con la milicia y el círculo democrático, respaldaba las manifestaciones pacíficas a favor de la república, aunque declaraba su respeto a lo que decidieran las futuras Cortes Constituyentes. Esto nos proporciona una pista clave sobre la orientación política predominante en Vélez, siendo esta el Partido Republicano Federal, una corriente que defendía un Estado descentralizado con amplia autonomía territorial.


Fotograma ideal por IA de la manifestación de adhesión a la República Federal frente a la Casa Consistorial. FUENTE- El autor del artículo
Fotograma ideal por IA de la manifestación de adhesión a la República Federal frente a la Casa Consistorial. FUENTE- El autor del artículo

El ambiente político en los primeros meses se caracterizó por una fuerte movilización popular. La prensa recoge incluso la participación de miembros del clero en la propaganda republicana. Así, La Opinión Nacional (10 de diciembre de 1868) menciona a un cura párroco que arengó públicamente al pueblo en favor de la república. Este hecho generó polémica, como muestra El Centinela del Pueblo (9 de diciembre de 1868), que criticaba duramente la actuación de estos “liberalotes de sotana”. Posiblemente estos oradores de púlputo eran los presbíteros Enrique Romero Jiménez y Esteban de Rivas Maldonado, defensores acérrimos del republicanismo federal.


Este periodo también estuvo marcado por las tensiones. Las elecciones celebradas fueron un foco constante de conflicto. Una carta publicada en La Reforma (6 de febrero de 1869), firmada por el veleño Diego Martín y Bolaños, refleja claramente la polarización política entre monárquicos y republicanos. El documento muestra la existencia de campañas electorales intensas, acusaciones de fraude (donde habían “votado hasta los muertos”), denuncias de coacción y la militarización del conflicto político con la existencia de milicias ciudadanas que, a veces, sucumbían a la insubordinación.


Los conflictos no fueron únicamente políticos, sino también económicos. La presión fiscal y las medidas adoptadas por las autoridades locales generaron episodios importantes, como el ocurrido en Vélez-Málaga, en el mes de mayo de 1869, donde se produjo un amotinamiento provocado por la subida del precio del pan, destinada a financiar la redención del servicio militar (quintas). Un grupo de 100 personas armadas se atrincheró en la posada de la calle Gigantes, a la espera de las fuerzas del orden. Finalmente, las autoridades, ayudadas por los Voluntarios de la Libertad (milicias urbanas) y por una compañía del batallón de cazadores de Barbastro, lograron convencerlos de que soltaran las armas y se entregasen.


Durante este periodo se plantearon cuestiones administrativas y territoriales. La Voz del Siglo (23 de diciembre de 1868) informó de la intención de los vecinos de Chilches de constituirse en municipio independiente, separándose de Vélez-Málaga. Esta actitud correspondía, probablemente, al sentimiento de autonomía local que, en un contexto de auge del federalismo, cuestionaba las estructuras administrativas tradicionales.


A este clima contribuyeron también los enfrentamientos entre distintas fuerzas armadas y cuerpos cívicos. Según La Igualdad (21 de mayo de 1869), la presencia del batallón de cazadores de Barbastro, de tendencia isabelina y conservadora, generó fricciones con los sectores revolucionarios. La entrada en Vélez-Málaga de dos compañías de dicho batallón, entonando cánticos en favor de la reina destronada Isabel II, estuvo a punto de provocar un enfrentamiento con los Voluntarios de la Libertad de la localidad, evitado únicamente gracias a la intervención prudente del alcalde. La letra decía así: «Si te piden el “¿quién vive?”, responde con arrogancia: cazadores de Barbastro, que van por su reina a Francia».


El 27 de septiembre de 1869 sucedió una grave alteración del orden público en Vélez-Málaga, generada por la llegada de presos y el intento de liberarlos por parte de un grupo de unos cuatrocientos hombres armados. Frente a ello, los Voluntarios de la Libertad se movilizaron para defender el principio de autoridad. Afortunadamente, no fue necesaria la intervención del ejército, ya que la situación fue controlada por dichos voluntarios, destacando su papel como garantes del orden y del nuevo régimen.


El Sexenio también trajo consigo transformaciones en el ámbito social y cultural. Un ejemplo significativo es la celebración de tres matrimonios civiles en la localidad de Arenas el 2 de febrero de 1869. Los contrayentes fueron paseados por las calles de la localidad al son de músicas y entre vítores a la República federal. El cura dio parte de lo sucedido al gobernador del obispado, quien, a su vez, lo comunicó al gobernador de la provincia; ambas autoridades acordaron declarar nulos dichos matrimonios y someter a los contrayentes al juzgado de primera instancia de Vélez-Málaga.


INSURRECCIÓN REPUBLICANA FEDERAL DE 1869


En el otoño de 1869, apenas un año después de la Revolución de 1868, la comarca de la Axarquía se convirtió en uno de los escenarios donde se puso a prueba la viabilidad del nuevo régimen político surgido del Sexenio Democrático. Lejos de estabilizarse, la situación derivó en una creciente tensión entre las aspiraciones republicanas y el poder del Gobierno provisional, que trataba de mantener el orden y encauzar el proceso constitucional.


FUENTE-  Creative Commons
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En este marco, la figura del presbítero Esteban de Rivas Maldonado emerge como uno de los principales protagonistas de la insurrección republicana federal en la zona. Al frente de una partida que diversas fuentes sitúan entre los 1.500 y los 2.000 hombres, Rivas encabezó un movimiento armado que recorrió los campos de la Axarquía con el objetivo de extender la revolución y forzar la implantación de la república federal.


La composición de estas partidas revela la naturaleza social del movimiento: campesinos, jornaleros y vecinos de los cortijos fueron incorporándose —no siempre de manera voluntaria— a una columna mal armada, equipada en muchos casos con escopetas antiguas, chuzos improvisados o simples cuchillos. La precariedad de sus medios contrastaba con la intensidad de su discurso político, alimentado por líderes locales y por la tradición de movilización democrática que había arraigado en Málaga desde décadas anteriores.


Durante varios días, la presencia de los insurrectos se dejó sentir en los alrededores de Vélez-Málaga. Desde puntos elevados como las Lomas de Iznate o el cerro de Santo Pitar, las hogueras nocturnas encendidas por la partida eran visibles desde la ciudad, generando una atmósfera de inquietud y miedo. Los rumores exageraban el número de rebeldes y anunciaban posibles saqueos o incendios, lo que llevó a parte de la población a prepararse para la evacuación.


Sin embargo, la reacción de las autoridades locales fue rápida y organizada. Bajo la dirección del alcalde Manuel Casamayor Ortega, el Ayuntamiento articuló un dispositivo defensivo que incluyó la fortificación de los accesos a la ciudad mediante barricadas y la movilización de la milicia urbana –los llamados Voluntarios de la Libertad. Llegaron a formar un contingente de unos seiscientos hombres dispuesto a resistir un posible ataque.


El enfrentamiento, no obstante, no se produjo. Rivas recibió la noticia de que una columna de tropas partía desde Málaga en auxilio de Vélez. Ante esta situación, y quizá por temor a verse atacado por la retaguardia, la partida republicana optó por retirarse hacia los montes de Cútar, buscando una posición más favorable en el terreno escarpado.


Una vez llegada a la zona la columna del teniente coronel Salamanca, compuesta por cazadores de Barbastro, Guardia Civil y carabineros, esta avanzó en su persecución. Guiados por desertores o conocedores del terreno, los soldados alcanzaron a la partida en las alturas próximas a Cútar.


El choque fue breve y violento. A la orden de ataque, la infantería cargó a la bayoneta, rompiendo la formación de los insurgentes. La superioridad militar se impuso con rapidez. Los republicanos, mal armados y sin apenas disciplina, se dispersaron en una huida precipitada, abandonando armas, efectos personales y hasta el propio calzado en su retirada. Por parte de los insurrectos, quince cayeron en el combate y treinta y dos fueron heridos; muchos se entregaron en los días siguientes, acogidos a un indulto. Por parte del ejército, solo hubo tres heridos leves.


Fotograma ideal por IA del choque entre fuerzas republicanas y gubernamentales. FUENTE- autor del artículo
Fotograma ideal por IA del choque entre fuerzas republicanas y gubernamentales. FUENTE- autor del artículo

HACIA EL CAMBIO POLÍTICO


Como hemos dicho con anterioridad, la mayor parte de los republicanos veleños abrigaron las ideas federales. El 18 de septiembre de 1870 quedó constituido en la ciudad el comité republicano federal, hecho que fue comunicado al de la provincia. Estaba formado por el presidente, Hilario Murciano; vicepresidente, Juan Pareja; y vocales, José Antonio Toscano, Salvador Bermúdez, Francisco Peña y Daniel Ortega; secretario, Emilio Tinoco. Salud y República federal. Este cuadro político será, en gran medida, los protagonistas del Sexenio Democrático.


En los años siguientes, Vélez-Málaga se convirtió en el escenario de la lucha política que atravesaba toda España, donde republicanos federales, radicales, unionistas y conservadores disputaban el control del poder local y la representación en Cortes. El ciclo electoral de 1871 y 1872 refleja con claridad este clima, marcado por denuncias constantes de fraude, violencia y manipulación institucional.


Las elecciones a Cortes de febrero de 1871 constituyen un primer episodio revelador. Un despacho telegráfico firmado por Hilario Murciano, denunciaba la intervención directa de las autoridades locales: el alcalde habría impedido la participación libre de los electores, admitiendo únicamente candidaturas afines al Gobierno. La prensa republicana, como La Igualdad, interpretaba estos hechos como una maniobra para frenar un previsible triunfo republicano. Por su parte, otros periódicos confirmaban un clima de violencia generalizada: electores expulsados de los colegios, carlistas apaleados, republicanos heridos —entre ellos el propio Murciano— y un escrutinio realizado sin garantías.


A pesar de ello, el republicanismo mostró una notable fortaleza social. En la provincia de Málaga, los republicanos lograron amplios triunfos, y en el distrito veleño resultaron elegidos Antonio Campos, Bernabé Dávila y Amadeo Téllez.


Las denuncias sobre irregularidades continuaron multiplicándose en marzo de 1871, cuando diversos periódicos detallaban coacciones sistemáticas: negación de cédulas electorales a los opositores, uso de fuerzas armadas para intimidar, manipulación del censo e incluso suplantación de votos. La figura del candidato radical Federico Macías Acosta, finalmente elegido diputado, quedó desde entonces envuelta en una profunda controversia sobre la legitimidad de su triunfo.


Federico Macías Acosta, diputado a Cortes por el distrito de Vélez-Málaga y del Partido Progresista Monárquico. FUENTE- autor del artículo
Federico Macías Acosta, diputado a Cortes por el distrito de Vélez-Málaga y del Partido Progresista Monárquico. FUENTE- autor del artículo

El oponente de Macías fue el republicano José Luis Giner, residente en Nerja, hermano de los célebres Francisco y Hermenegildo Giner de los Ríos, y estrechamente vinculado a Vélez-Málaga tanto por su actividad política como por su presencia directa en la campaña electoral. Escribió un manifiesto a los electores veleños, constituyendo uno de los textos más elaborados del republicanismo federal en la zona:


«Es de toda urgencia mantener alzada la bandera de la democracia en toda su pureza, en toda su integridad y en todas sus consecuencias… pues la democracia no es una fórmula vana, sino un principio supremo y una ley inviolable».


Su programa proponía reformas concretas de gran alcance:


«Pido la abolición inmediata de la esclavitud… la abolición de las quintas (estipendio que pagaban las clases acomodadas para evitar ser llamado a filas en época de conflicto bélico)… la supresión de todo privilegio económico… y la emancipación de las clases trabajadoras».


Giner visitaba Vélez a menudo. Su llegada a la ciudad en 1872 fue siempre recibida con entusiasmo por numerosos correligionarios, que organizaron mítines, reuniones y actos políticos. La movilización alcanzó también a las clases populares y a la juventud, como demuestra la multitudinaria manifestación el 18 de septiembre de 1872, narrado por el periódico El Combate:


“…hoy 18 del corriente ha tenido lugar en esta ciudad una manifestación contra las quintas organizada por la Juventud Republicana Federal, cuyo número ascendía a 4.800, sin contar con los que estaban en los campos en la recolección de frutos. Dicha manifestación partió del convento de San Francisco, recorriendo la calle del mismo nombre, la plaza de la Constitución, Alhóndiga, Coronada, Monjas, plaza de las Carmelitas, Cristo, barrio del Mar y la carrera de San Francisco; la acompañaban una banda de música compuesta por jóvenes republicanos y cinco banderas en las que se leían los lemas: «Libertad, Igualdad y Fraternidad», «Abajo las quintas y matrículas de mar», «Viva la República federal», «Libertad, República federal. No más reyes, viva la República», «Paso al progreso, honradez y trabajo» y «Moralidad y justicia».”



Sin embargo, la lucha electoral de 1872 volvió a reproducir —e incluso intensificar— las irregularidades denunciadas el año anterior. Las cartas republicanas describen un auténtico sistema de coacción: alcaldes que conducían a los electores bajo amenaza, manipulación de mesas electorales y presencia de fuerzas armadas en los colegios. El propio comité republicano federal, encabezado por José Parra, Hilario Murciano, Gregorio Castejón, Salvador Bermúdez, José Antonio Toscano y José Calero, denunció estos abusos de forma contundente.


Frente a estas acusaciones, los partidarios de Macías ofrecieron una versión completamente distinta de los hechos. En su defensa, el propio Federico Macías Acosta trató de restar gravedad a las denuncias, afirmando: «Si en algún distrito han sido verdad las elecciones, ese distrito es el de Vélez-Málaga, y los federales han participado de las mismas ventajas que los radicales».


La controversia alcanzó su punto máximo en el debate parlamentario sobre las actas de Vélez-Málaga. El diputado Carrión denunció ante las Cortes un conjunto de todas estas irregularidades. Frente a ello, Macías defendió la legalidad del proceso, negando las coacciones y apelando a la falta de pruebas concluyentes. El debate reflejaba, en realidad, el establecimiento del caciquismo en la Axarquía.


Luis de Rute Giner, primo de José Luís Giner de los Ríos. Elegido diputado a Cortes en cuatro ocasiones por el distrito de Vélez-Málaga (1872, 1876, 1881, 1886). FUENTE- Autor del artículo
Luis de Rute Giner, primo de José Luís Giner de los Ríos. Elegido diputado a Cortes en cuatro ocasiones por el distrito de Vélez-Málaga (1872, 1876, 1881, 1886). FUENTE- Autor del artículo

Paralelamente, la vida política veleña se estructuró en torno a distintos comités. Destaca el Comité republicano federal, con figuras como José Parra (presidente), Hilario Murciano (vicepresidente), José Antonio Toscano, Gregorio Castejón y Salvador Bermúdez (vocales), y José Calero (secretario). A este se sumaba la Juventud Republicana, presidida honorariamente por José Luis Giner y dirigida por José Gutiérrez, junto a Vicente Toscano, Manuel Prado, José Álvarez, José Martel, Francisco Ortiz y Rafael Franquelo. En el campo liberal, el comité constitucional (sagastino) estaba encabezado por Antonio de la Cruz Pareja, con José Ramos y Ramos como vicepresidente y un conjunto de notables locales como León Rando Román o Eduardo Pino Meabe.

 

LA PRIMERA REPÚBLICA


En Vélez-Málaga, su proclamación se dio el 12 de febrero de 1873, justo un día después de la abdicación de Amadeo I de Saboya. El Ayuntamiento constitucional, presidido por José de Luque Izquierdo e integrado por concejales como Francisco Herrera, José García, José Piédrola, Manuel Roberto, Francisco Chicano, Andrés Muñoz o Enrique Carvajal, se vio desbordado por la presión del Partido Republicano Federal, como se registra en las actas capitulares:


“…Movidos por el patriotismo, concurrieron cierto número de “voluntarios por la Libertad” a ofrecer con sus jefes los servicios que por su parte pudieran prestar al Ayuntamiento y a la causa del Orden, cuyos ofrecimientos fueron aceptados, instalándose un cuerpo de guardia en esta Casa Consistorial a las órdenes de la corporación. Ante tal situación, siendo las confidencias cada vez más alarmantes respecto a la imponente actitud del partido federal, que no cedía en sus exigencias de entrar por sí solo en el poder, para lo que tenían dispuestos las masas populares en su apoyo, no contando el ayuntamiento con otras fuerzas que los voluntarios de la Libertad que había concurrido, padres de familia en su mayor parte, que iban a pagar su vida en un lance de honor y de deber de tristes y fatales consecuencias”.


Ante el riesgo de enfrentamiento y “escenas de luto”, la corporación decidió retirarse, no sin antes adherirse solemnemente a la nueva forma de gobierno.


Al día siguiente, 13 de febrero, una asamblea de republicanos constituyó una nueva corporación municipal de carácter provisional, encabezada por figuras como José Calero Martín, Ricardo Ruiz Vega, Juan Murciano Cobos, José Parra Herrera, Vicente Gámez García, Emilio Tinoco Lara, Isidro Belda Piñar o Gregorio Castejón, entre otros. Bajo esta nueva legitimidad popular, se eligió presidente al “ciudadano” José Parra Herrera, en un claro reflejo del lenguaje político democrático que impregnaba el momento.


Fotograma ideal por IA de la asamblea republicana. FUENTE- autor del artículo
Fotograma ideal por IA de la asamblea republicana. FUENTE- autor del artículo

No se trataba solo de un cambio institucional, sino también simbólico: el Ayuntamiento impulsó una profunda resignificación del espacio urbano, rebautizando calles con nombres del republicanismo y la democracia —Pi y Margall (las Tiendas), Salmerón (Plaza de la India), Espartero (Mesones), Salvochea (Cruz Verde), Méndez Núñez (Las Monjas), etc.— y transformando la Plaza de la Constitución en Plaza de la República Federal. En esa línea, el concejal Cuevas expresó con claridad el nuevo espíritu político proponiendo eliminar el tratamiento de “Ilustrísimo” dado que el Ayuntamiento por considerarlo propio del pasado monárquico.

 

EL ALBOROTO DE LOS FRANCOS


El nuevo poder republicano no tardó en organizar su defensa mediante la creación de un nuevo cuerpo armado, los Voluntarios de la República, estructurados en varias compañías —hasta seis en pocos meses— y nutridos por cientos de vecinos. Se promovió su rearme mediante la recogida de fusiles de las antiguas milicias (más de 280 armas recuperadas, aunque muchas fueron ocultadas), e incluso se envió una comisión a Madrid para solicitar armamento y recursos. Sin embargo, este proceso no estuvo exento de dificultades: la escasez económica obligó a organizar colectas populares, y la indisciplina interna pronto se convirtió en un problema, con casos de insubordinación y abusos. El episodio más significativo fue “el alboroto de los Francos” (El origen del término se remonta a la expresión francesa “franc-tireur”, utilizada para designar a combatientes libres que actuaban con cierta autonomía), ocurrido el 17 de abril de 1873.  


El detonante fue la negativa a aceptar la presencia de mandos uniformados, considerados una forma de jerarquía incompatible con el ideal igualitario que defendían. La escena degeneró rápidamente. Ante el intento del comandante Pérez Peláez de imponer disciplina, los voluntarios respondieron con amenazas, llegando a esgrimir cuchillos y navajas. El jefe militar se vio obligado a retirarse para evitar males mayores.


Lo que siguió fue una deriva al desorden. Algunos de estos reclutas protagonizaron actos de pillaje, apropiándose de productos agrícolas y mercancías sin pagar. Sin embargo, el suceso más grave —y el que mayor indignación provocó entre la población— tuvo lugar en la iglesia parroquial de San Juan Bautista. Allí, varios de estos hombres irrumpieron en el templo, expulsaron a un sacerdote del confesionario y, en un gesto cargado de descaro, uno de ellos se sentó en su lugar simulando administrar el sacramento, mientras otros se burlaban de las imágenes sagradas. Este acto, percibido como sacrílego en una ciudad profundamente católica, fue, quizás, una de las primeras manifestaciones anticlericales de Vélez-Málaga.


La reacción no se hizo esperar. El alcalde asumió la responsabilidad de restaurar el orden. Citó a los insubordinados en el antiguo convento de San Francisco y, una vez reunidos, procedió a detener a los principales responsables. El clímax alcanzó entonces su punto máximo: el resto del grupo intentó liberar a sus compañeros y llegó a amenazar al propio alcalde. Solo la intervención de numerosos vecinos armados evitó un enfrentamiento abierto.


La noticia corrió rápidamente por la ciudad. A los voluntarios republicanos se unieron ciudadanos de distintas tendencias políticas, en una inusual muestra de unidad frente al desorden. Especialmente significativa fue la reacción popular contra las profanaciones religiosas: mujeres y hombres se congregaron dispuestos a castigar a los responsables, hasta el punto de que hubo que contener a quienes pretendían agredirlos con piedras y palos.


Sin embargo, cuando parecía que la autoridad local había logrado imponer el orden, la intervención de las autoridades provinciales introdujo un nuevo elemento de desconcierto. La llegada del gobernador militar y representantes del gobierno no se tradujo en medidas contundentes, sino en una muestra de benevolencia: se ordenó la liberación de los detenidos, limitando el castigo a su expulsión del cuerpo.


Finalmente, los reclutas fueron enviados fuera de la ciudad, lo que permitió recuperar la tranquilidad en Vélez-Málaga.


A modo de epílogo trágico, la jornada se cerró con un suceso aún más grave: el asesinato del escribano de Torrox, Salvador Gutiérrez, figura destacada del partido conservador en la comarca. Ejecutado por varios individuos armados en las inmediaciones de su domicilio, su muerte evidenciaba hasta qué punto la violencia política se había instalado en la vida cotidiana.

 

LA INSURRECCIÓN CARLISTA


Poco después, la ciudad vivía en un clima de amenaza constante. El 3 de marzo de 1873 llegó la noticia que desde pueblos cercanos como Benamargosa o Benamocarra se estaban organizando partidas carlistas armadas que pretendían atacar Vélez. La respuesta fue rápida: se organizaron patrullas, se establecieron turnos permanentes de vigilancia y se reforzó la milicia. En uno de los momentos más críticos, la ciudad fue efectivamente atacada, destacando la actuación del comandante de infantería Antonio García Murillo, quien dirigió la defensa con eficacia, situándose en los puntos más peligrosos y recibiendo posteriormente el reconocimiento del Ayuntamiento.


Apecto de un carlista, reconstrucción por IA en función de una ilustración de la época. FUENTE- autor del artículo
Apecto de un carlista, reconstrucción por IA en función de una ilustración de la época. FUENTE- autor del artículo

 

ASPIRACIONES FRUSTRADAS


Esta intensa experiencia republicana tuvo un recorrido breve. El golpe de Estado del general Pavía en enero de 1874 puso fin al experimento federal.


En Vélez-Málaga, la corporación republicana fue disuelta por orden gubernativa, siendo sustituida por un nuevo Ayuntamiento de carácter más conservador, integrado en buena parte por antiguos miembros de etapas previas, como Manuel Casamayor Ortega (alcalde), Antonio Navarro, José Piédrola Altamirano o Andrés Muñoz Molina. Con ello se restauraban prácticas políticas más cercanas al liberalismo moderado, se desarmaban las milicias republicanas y desaparecía el lenguaje político igualitario.


El ciclo se cerraría definitivamente en 1875 con la Restauración borbónica y la proclamación de Alfonso XII en Vélez-Málaga, entre vítores y celebraciones públicas, poniendo fin a uno de los episodios más intensos y reveladores de la historia política local del siglo XIX.


FUENTE- Autor del artículo
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VÉLEZ-MÁLAGA A COMIENZOS DEL SIGLO XX


A comienzos del siglo XX, Vélez-Málaga se presentaba como una ciudad profundamente contradictoria, en la que los signos de progreso convivían con una realidad social marcada por la pobreza, la desigualdad y la inestabilidad. Situada en un enclave estratégico entre Málaga y Granada, la ciudad había sido durante décadas un eje comercial fundamental de la Axarquía, articulando la producción agrícola de la comarca hacia los mercados nacionales e internacionales a través del puerto de Torre del Mar. Productos como las pasas, el aceite, los cítricos o el azúcar de caña constituían la base de su economía, destacando en este último sector la poderosa Casa Larios, verdadero motor industrial y, al mismo tiempo, eje del poder local.


Fotografía de principios de siglo restaurada por IA, de la plaza del Carmen. FUENTE- Autor del artículo
Fotografía de principios de siglo restaurada por IA, de la plaza del Carmen. FUENTE- Autor del artículo

Sin embargo, este dinamismo económico ocultaba una profunda crisis estructural heredada del siglo XIX. La plaga de la filoxera había arruinado los viñedos, principal cultivo tradicional, arrastrando a numerosos campesinos a la miseria y al endeudamiento. A esta situación se sumaron catástrofes naturales, como el terremoto de 1884 o las devastadoras tormentas de principios de siglo, como la de 1907, que causó decenas de muertos en la comarca y arrasó cosechas, dejando a los jornaleros sin trabajo ni recursos. La consecuencia fue una sociedad marcada por el hambre, la emigración —especialmente hacia América— y unas condiciones de vida extremadamente precarias.


El paisaje urbano reflejaba con claridad esta desigualdad. Mientras la burguesía conservadora habitaba las zonas más céntricas y acomodadas, como la Alameda Reina Victoria, Luis de Rute, San Francisco o la plaza del Carmen, y la burguesía de tendencia republicana se asentaba en áreas comerciales como la calle Alhóndiga, la clase obrera se concentraba en los denominados “barrios extremos”, como Capuchinos, la Cruz del Cordero o el Arroyo de San Sebastián. Más allá del núcleo urbano, en lugares como Torre del Mar, Almayate o Cajiz, la pobreza era aún más acusada, en gran medida por el abandono administrativo.


Fotografía restaurada y colorizada por IA, de jornaleros y propietarios de Vélez-Málaga. FUENTE- Autor del artículo.
Fotografía restaurada y colorizada por IA, de jornaleros y propietarios de Vélez-Málaga. FUENTE- Autor del artículo.

Las condiciones de vida de los trabajadores eran duras. Los jornaleros agrícolas cobraban en torno a tres pesetas diarias por jornadas de hasta catorce horas, sin ningún tipo de protección laboral ni derechos sociales. La alimentación era escasa y basada casi exclusivamente en pan, legumbres y pescado salado, mientras que la carne era un alimento excepcional. Las viviendas, en muchos casos, carecían de agua corriente, y el abastecimiento dependía de fuentes públicas cuya salubridad era dudosa, favoreciendo la aparición de enfermedades como la disentería o la viruela. La mortalidad infantil alcanzaba cifras alarmantes, superando en algunos casos el 50%.


Imagen restaurada y colorizada por IA, de la plaza de las Carmelitas. FUENTE- Autor del artículo
Imagen restaurada y colorizada por IA, de la plaza de las Carmelitas. FUENTE- Autor del artículo

En estas circunstancias, los avances técnicos introducidos a partir de 1900 —como la electrificación parcial de la ciudad, la llegada del ferrocarril en 1908-1909 o la implantación de la telefonía en 1921— beneficiaron fundamentalmente a las clases acomodadas y a los intereses industriales, sin mejorar sustancialmente las condiciones de vida de la mayoría de la población. La modernización, por tanto, fue desigual y limitada, acentuando las diferencias sociales en lugar de corregirlas.

 

LA CASA LARIOS


El municipio de Vélez-Málaga arrastraba un serio problema estructural: el caciquismo, siendo la Casa de Larios el elemento omnipresente de la política local. La familia Larios controlaba el ayuntamiento con su apoyo al Partido Conservador monárquico, poniendo a personas afines a sus intereses, como ocurrió en 1914, cuando el Administrador de la fábrica de Torre del Mar, Luís Alvarado González, se presentó como candidato para diputado a Cortes. Seguían siendo habituales los fraudes o “pucherazos”, la manipulación del censo electoral o la extorsión a obreros de la fábrica, jornaleros y agricultores de la caña, amenazándoles con el despido o la retirada de favores, si no votaban a sus candidatos.


Fotografía restaurada y colorizada de la fábrica Nuestra Señora del Carmen de Torre del Mar, de los Larios. FUENTE- Autor del artículo
Fotografía restaurada y colorizada de la fábrica Nuestra Señora del Carmen de Torre del Mar, de los Larios. FUENTE- Autor del artículo

El poder de la Casa de Larios era indiscutible. Actuaba a sus anchas apoyándose, a su vez, en los jueces y las fuerzas del orden, quienes hacían oídos sordos a las reclamaciones de los partidos progresistas. Y si alguien se atrevía a interponerse en su camino, actuaba despiadadamente. En este aspecto tenemos el encarcelamiento del abogado republicano Antonio de la Cruz Herrera, el 13 de octubre de 1904, cuyo motivo no fue otro que denunciar los abusos del juez municipal José López Cardona, cliente de los Larios. Tras su liberación escribió Caciquismo e Injusticia (1904), entre cuyas primeras líneas describe las injerencias de este sistema de clientelismos de la siguiente manera:


Monopolizando el caciquismo los cargos públicos y representaciones oficiales (…) surgen además una clase de auxiliares espontáneos e interesados que, como parásitos de aquel organismo, forman pequeñas camarillas (…) empleados provechosamente en continuas explotaciones, entre las que se encuentran los pleitos, que les ofrecen fecundo campo, donde fingiendo prestigio y simulando poderosas influencias, amedrentan a la muchedumbre paciente y temerosa, que sucumbe sin protesta a inicuas exigencias por las amenazas, coacciones y falacias acostumbradas, y para evitarse mayores perjuicios y más grandes disgustos.”  

 

Algo parecido le ocurrió al corresponsal del diario La Unión Mercantil, el sr. Martín Lerdo, el cual estaba investigando la aflictiva situación en que se encontraban los labradores de cañas, cuando fue apaleado y encarcelado en Vélez-Málaga por orden de los Larios.


Larios fue adueñándose de las tierras de los labradores libres mediante un sistema eficaz. El labrador, que tenía la desgracia o la mala suerte de experimentar un año malo a causa de las heladas o la sequía, iba en demanda de socorro al prestamista de la Casa, quien le daba la cantidad que pedía en préstamo para volver a sembrar con la garantía de sus tierras, poniéndole como interés el 9 o 10%. Si la cosecha volvía a ser mala, el labrador quedaba entrampado y, de este modo, y bajo clausula contractual, perdía su propiedad.


Reconstrucción por IA en base a una pintura de Martín Larios, el primer marqués de Larios. FUENTE- El autor del artículo
Reconstrucción por IA en base a una pintura de Martín Larios, el primer marqués de Larios. FUENTE- El autor del artículo

El primer marqués, Martín Larios, comienza a comprar tierras en 1863, según los protocolos notariales del Ayuntamiento de Vélez-Málaga. A partir de entonces, y en poco tiempo, las vegas de los ríos Vélez, Algarrobo, Torrox y Nerja se transformaron en inmensos campos de cultivo extensivo de la caña de azúcar.

 

LA SEGUNDA EXPERIENCIA REPUBLICANA


Frente al caciquismo existían dos corrientes de oposición: el republicanismo y el socialismo. El primero estaba integrado fundamentalmente por sectores de la burguesía local —abogados, farmacéuticos y empresarios, que aspiraban a implantar un sistema liberal y democrático. El segundo, representado por figuras como Francisco Jiménez Puertas o Francisco Ramírez López, tenía una base obrera y defendía mejoras sociales y laborales para las clases trabajadoras.


Aunque en la base ideológica, ambos grupos compartían puntos sociales en común, durante la década de 1890 y los primeros años del siglo XX mantuvieron una relación no colaboracionista. Un episodio significativo fue el mitin celebrado por Pablo Iglesias el 25 de diciembre de 1891 en Vélez-Málaga, en el que el líder socialista rechazó cualquier alianza con los republicanos, a quienes consideraba representantes de una burguesía igualmente explotadora.


Entonces, la necesidad de hacer frente al poder caciquil llevó finalmente a un acercamiento. En 1909 se constituyó la Conjunción republicano-socialista, una alianza electoral que permitió presentar candidaturas conjuntas. Este acuerdo fue decisivo en las elecciones municipales del 12 de noviembre de 1911, en las que la coalición obtuvo una victoria histórica, logrando la mayoría absoluta con catorce concejales republicanos y dos socialistas, cuyo resultado supuso la ruptura del dominio político de la Casa Larios.


FUENTE- Autor del artículo
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El 1 de enero de 1912 se constituyó la nueva corporación municipal, presidida por el alcalde José Téllez Macías. La acción de gobierno estuvo orientada a mejorar las condiciones de vida de las clases populares. Entre sus principales iniciativas se encontraban la extensión del alumbrado público a los barrios obreros, la regulación del precio y peso del pan —lo que dio lugar a la llamada “guerra del pan” en junio de 1912—, la mejora de la higiene urbana, el abastecimiento de agua en las fuentes públicas y la ampliación de los servicios de beneficencia y sanidad. Asimismo, se impulsaron medidas de carácter laico, como la negativa a subvencionar actos religiosos o la propuesta de crear un cementerio civil, lo que generó tensiones con los sectores más conservadores de la sociedad veleña.


Imagen corolizada de Antonio García Pareja, concejal republicano y fundador del periódico El Defensor de Vélez. FUENTE- Autor del artículo.
Imagen corolizada de Antonio García Pareja, concejal republicano y fundador del periódico El Defensor de Vélez. FUENTE- Autor del artículo.

Sin embargo, la experiencia republicana se enfrentó a importantes dificultades. La escasez de recursos económicos limitaba la capacidad de actuación del ayuntamiento, cuyas arcas se encontraban frecuentemente vacías. Los socialistas, además, propusieron la subida de la cuota de impuesto a los mayores contribuyentes para paliar la pésima administración, pero los republicanos se negaron porque suponía un ataque político que consideraban arriesgado frente a la oposición.


Imagen restaurada y colorizada con IA de Hermenegildo Giner de los Ríos en Vélez-Málaga con sus correligionario republicanos, entre ellos, abajo a la izqueirda, Fernando Bustamante Durán. Fuente- Autor del artículo.
Imagen restaurada y colorizada con IA de Hermenegildo Giner de los Ríos en Vélez-Málaga con sus correligionario republicanos, entre ellos, abajo a la izqueirda, Fernando Bustamante Durán. Fuente- Autor del artículo.

UN MOMENTO A HERMENEGILDO GINER DE LOS RÍOS


La vinculación de la familia Giner de los Ríos con el distrito de Vélez-Málaga había comenzado con José Luis, fallecido en Nerja en 1876. Su hermano menor, Hermenegildo Giner de los Ríos, fue el siguiente en coger el testigo, elegido diputado por el distrito Vélez-Torrox e implicado activamente en la defensa de los intereses locales.


El 3 de junio de 1912, el Ayuntamiento —dominado por la recién triunfante conjunción republicano-socialista— acordó declararlo “hijo adoptivo, esclarecido y predilecto” de la ciudad, y le erigió un monumento en el paseo Álamos (actual paseo de Andalucía), así como la colocación de su retrato en el salón de plenos. Su figura se convirtió así en un símbolo del republicanismo veleño, estrechamente ligado a los dirigentes locales. Aunque llovió, al día de la inauguración acudieron más de mil personas, presidiendo el acto el primer teniente alcalde de Barcelona José A. Mir y Miró. Al mismo tiempo se leyeron varios comunicados de Barcelona felicitando y adhiriéndose al acto: de la Casa del Pueblo del distrito 5º de esta ciudad, de la minoría republicana del ayuntamiento de Balaguer, de la Asociación de Repatriados de Ultramar, Retirados y Licenciados de la Armada y Ejército, otro de la Unión de Profesores Particulares del distrito universitario y, por último, otro de los catedráticos y profesores del Instituto General Técnico.


Imagen restaurada y colorizada con IA de la inauguración del monumento de Hermenegildo Giner de los Ríos en Vélez-Málaga. FUENTE- Autor del artículo
Imagen restaurada y colorizada con IA de la inauguración del monumento de Hermenegildo Giner de los Ríos en Vélez-Málaga. FUENTE- Autor del artículo

EL FINAL DEL EXPERIMENTO


El gobierno republicano-socialista en Vélez-Málaga duró exactamente dos años. Fue, además —sin contar el caso de la capital—, el único municipio de la provincia donde se desarrolló este tipo de experiencia política.


Desde el inicio, se evidenciaron tensiones internas, especialmente por la falta de atención a las demandas socialistas, cuyos planteamientos eran con frecuencia desoídos en las sesiones plenarias. Como consecuencia, los socialistas fueron progresivamente distanciándose de la Conjunción, hasta adoptar posiciones abiertamente críticas, manifestadas en protestas, movilizaciones y votos de censura contra los propios republicanos. Al final de la legislatura, se observa a un sector socialista que llegó a actuar en contra de sus antiguos aliados, apoyando incluso propuestas del partido larista cuando consideraban que estaban en juego los intereses obreros.


Las dificultades no se limitaron al terreno político. La gestión fiscal se convirtió en otro foco de conflicto. El reparto de consumos, principal fuente de ingresos municipales, fue elaborado por los concejales republicanos con un declarado criterio de equidad. No obstante, este intento de justicia fiscal se vio rápidamente desbordado por una avalancha de reclamaciones promovidas por sus adversarios políticos del partido Larista. Muchas de estas impugnaciones eran claramente interesadas, e incluso ficticias, pero lograron su objetivo: reducir significativamente los ingresos municipales. La intervención de organismos superiores, como la Delegación de Hacienda, que aceptaron rebajas sustanciales en las cuotas, agravó aún más la situación económica del Ayuntamiento.


Foto colorizada por IA del banquete del Partido Conservador Larista celebrando su triunfo en 1913. FUENTE- autor del artículo
Foto colorizada por IA del banquete del Partido Conservador Larista celebrando su triunfo en 1913. FUENTE- autor del artículo

Las elecciones de noviembre de 1913 dieron como resultado la victoria del Partido Conservador, siendo nombrado alcalde el farmacéutico Manuel Martel Gallardo. A partir de entonces, se produjo un grave conflicto institucional. Las relaciones entre los concejales republicanos –ahora en la oposición– y el alcalde, el señor Martel, se deterioraron hasta extremos insostenibles. Los primeros acusaban al segundo de obstaculizar deliberadamente la gestión municipal, retrasar decisiones fundamentales y utilizar los resortes del poder para neutralizar cualquier iniciativa reformista.


Imagen restaurada y colorizada con IA de Manuel MArtel Gallardo. FUENTE- Autor del artículo
Imagen restaurada y colorizada con IA de Manuel MArtel Gallardo. FUENTE- Autor del artículo

El resultado de esta acumulación de tensiones fue una situación económica y administrativa insostenible. La pérdida de ingresos —que llegó a alcanzar cifras cercanas a las 150.000 pesetas— impedía hacer frente a las obligaciones municipales, hasta el punto de que los propios concejales se vieron expuestos al embargo de s

us bienes para responder de las deudas contraídas.


Ante este panorama, los concejales republicanos llegaron a la conclusión de que su permanencia en el Ayuntamiento carecía ya de sentido. Consideraban que no podían desarrollar su programa ni garantizar una gestión eficaz, y que continuar en sus cargos suponía un menoscabo de su honor personal y político. Por ello, decidieron presentar su dimisión en bloque, retirándose de la corporación municipal como gesto de protesta y como denuncia de una situación que consideraban incompatible con los principios de legalidad y justicia que decían defender.


FUENTES


  • GONZÁLEZ LÓPEZ, FRANCISCO M. (2008): La historia que nunca se contó. La represión durante la Guerra Civil en el municipio de Vélez-Málaga. Edición Ayuntamiento de Vélez-Málaga.

    También por el autor del artículo: República y guerra civil en la Axarquía. El caso de Colmenar (2008) Edición Ayuntamiento de Colmenar; República y guerra civil en Alfarnate (2014). Edición Ayuntamiento de Alfarnate; Historia del movimiento obrero en Vélez-Málaga (2018). Libros de la Axarquía, colección "testimoniso".


  • CARCEL ORTÍ, VICENTE (s.f.): El clero durante la Revolución de 1868 y la Primera República española. Artículo académico.

  • MONTORO FERNÁNDEZ, FRANCISCO (2007): Historia de la prensa escrita en Vélez-Málaga (desde los orígenes a la democracia). Boletín de la Sociedad de Amigos de la Cultura de Vélez-Málaga, nº 6.

  • MORALES MUÑOZ, MANUEL (1983): La lucha política en Málaga durante el Sexenio Revolucionario. Baetica. Estudios de Arte, Geografía e Historia, nº 6, Universidad de Málaga.

  • MARTÍN RODRÍGUEZ, MANUEL (2017): Las Lecciones abreviadas de Economía de José Luis Giner de los Ríos (1874). Iberian Journal of the History of Economic Thought, vol. 4, nº 2.

  • NADAL, ANTONIO (1974/2009): Málaga en la Revolución de Loja de 1861. Revista Jábega, nº 7 (reedición en Jábega nº 100, Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga).

  • ARCAS CUBERO, FERNANDO (1982): Aportación a la historia del republicanismo malagueño: “La Unión Republicana” y las elecciones de 1903. Baetica. Estudios de Arte, Geografía e Historia, nº 5, Universidad de Málaga.

 

 
 
 

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