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Roma a color

UN MUNDO DE COLORES VIBRANTES


Durante mucho tiempo —y a causa del péplum— se creyó que el mundo romano era monocromo y visualmente austero. Esta idea fue infundida no solo por las películas de Hollywood, sino por el canon estético del Renacimiento y el Neoclasicismo, que impuso la idea del mármol blanco asociada a la “pureza” de la forma, lo que provocó el olvido del color.


Hay que llegar a finales del siglo XX, cuando numerosos estudios científicos demostraron que a los romanos les encantaba el color. De hecho, vivían rodeados de un ambiente policromado: el interior de las casas, las calles y las estatuas, todo estaba pintado con colores vivos. Esta forma de expresión estética no era algo único de ellos. En Egipto y Grecia la piedra se policromaba mediante capas sucesivas de imprimación, pintura y veladuras, formando una “piel” que protegía y completaba el significado simbólico de la obra.


En este contexto, el arqueólogo alemán Vinzenz Brinkmann, director del proyecto “Gods in Color” (Dioses en color) y el estadounidense Mark Abbe, han realizado pruebas con luz ultravioleta, espectroscopía Raman o fotogrametría y escáner 3D y se han dado cuenta que las estatuas del pasado estaban ricamente pintadas.


Hoy, gracias a la herramienta IA, podemos realizar reconstrucciones basadas en estos estudios, que muestran el aspecto original que debieron tener en época romana.


EL EFEBO DE ANTEQUERA


El conocido Efebo de Antequera es una de las esculturas romanas en bronce más importantes conservadas en la península ibérica. La estatua fue descubierta de forma casual en 1955, durante unas labores agrícolas en la finca de La Moraleda, situada en el término municipal de Antequera (Málaga). La escultura apareció fragmentada, pero en muy buen estado de conservación.


El Efebo está fechado entre los siglos I y II d. C., en plena época altoimperial, y parece haber sido enterrada de manera intencionada en época Bajo Imperial, probablemente para protegerla en un momento de inestabilidad o peligro, sobre todo por las invasiones bárbaras o por la hegemonía del cristianismo.


FUENTE- autor del artículo
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Su estilo responde claramente a modelos helenísticos, muy imitados por los romanos, especialmente en representaciones de jóvenes ideales, vinculados a divinidades como Apolo o Dioniso, o al ideal de belleza juvenil y conservando una postura elegante y dinámica que recuerda al canon de Policleto. Se trata de una obra de gran calidad técnica, fundida en bronce mediante el procedimiento de cera perdida, lo que demuestra la intervención de un taller especializado.


En cuanto a la reconstrucción por IA, la piel aparece en tonos cálidos aplicados mediante encáustica, con ligeros matices para acentuar el volumen corporal. El rostro presenta ojos pintados y labios suavemente coloreados, aportando naturalismo y expresividad. El cabello se representa oscuro, con posible presencia de dorados, y se incorporan elementos ornamentales reales como brazaletes y muñequeras, habituales en este tipo de figuras idealizadas. El conjunto ofrece una imagen viva y realista, muy alejada del aspecto actual del bronce envejecido.


CABEZA DE MÁRMOL DEL DIOS BACO (BENAGALBÓN)


La pieza escultórica fue recuperada en las pasadas excavaciones del yacimiento de la Villa Antiopa, en Torre de Benagalbón (Rincón de la Victoria, Málaga). Como particularidad, es uno de los pocos restos escultóricos supervivientes del expolio antiguo y medieval, que destruyó buena parte de la decoración de la villa.


Reconstrucción cromática idealizada, en base a estudios. FUENTE- autor del artículo.
Reconstrucción cromática idealizada, en base a estudios. FUENTE- autor del artículo.

Baco (Dioniso) era una divinidad asociada al vino, fertilidad, placer, naturaleza y renovación vital. Su iconografía es frecuente en villas romanas costeras, vinculadas a banquetes (convivium), ocio o paisajes idealizados (locus amoenus).


En la reconstrucción se han empleado tonalidades coherentes con la policromía romana documentada. La carnación se resolvió con un ocre rosado muy suave, matizado con veladuras rojizas en mejillas y labios, y ligeras sombras en pómulos y sienes. El cabello y la barba se representaron con marrones oscuros cálidos, enriquecidos con matices rojizos, evitando el negro uniforme. Los ojos presentan blanco quebrado, iris oscuro y pupila negra, con una discreta línea de contorno que define la mirada. En los elementos vegetales asociados al dios —como hojas de hiedra o vid— se emplearon verdes terrosos y ocres apagados, en consonancia con los pigmentos minerales utilizados en la Antigüedad.


La Villa Antiopa era una villa marítima de alto nivel económico, vinculada a la explotación de recursos marinos (salazones y garum). Descubierta en el 2003 durante unas obras, se trataba de una zona residencial de la élite vinculada a actividades económicas costeras. Comprende 13 estancias, termas independientes y un posible ninfeo. La escultura de Baco formaría un programa decorativo escultórico que desafortunadamente no nos ha llegado por el expolio.


Reconstrucción IA de un mosaico de Villa Antiopa. FUENTE- autor del artículo.
Reconstrucción IA de un mosaico de Villa Antiopa. FUENTE- autor del artículo.

LÁPIDA FUNERARIA (VÉLEZ-MÁLAGA)


Durante años, la lápida de mármol que contemplamos en la siguiente imagen permaneció expuesta en el patio del Palacio de Beniel (hoy se encuentra en el MVVEL). Junto a ella, un discreto panel explicativo ofrecía al visitante noticias sobre su origen y la traducción del texto grabado en su superficie, silencioso testimonio de una vida extinguida hace casi dos milenios.

La inscripción decía:


EVTYCHIAA(nnorum) LPIA IN SVISH(ic) S(ita) E(st)S(it) T(ibi) T(erra) L(evis)

Eutiquia. A los cincuenta años. Amada por los suyos. Aquí yace. Que la tierra te sea leve.


FUENTE- autor del artículo.
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La lápida funeraria fue hallada en el paraje del Trapiche, en el término municipal de Vélez-Málaga. Poco sabemos sobre las circunstancias de su descubrimiento o sobre la historia concreta de la mujer allí enterrada. Sin embargo, el estilo de la pieza permite situarla hace aproximadamente mil novecientos años, en pleno periodo de la dinastía Antonina, y su factura sugiere que perteneció a una mujer de cierta posición social y recursos económicos.


El nombre Eutiquia procede del griego εὐτυχία (eutychía), cuyo significado es «buena fortuna» o «felicidad». En el mundo helénico este término evocaba la prosperidad y la fortuna favorable, y en época romana se difundió como nombre femenino, cargado de connotaciones positivas y auspiciosas.


La inscripción concluye con la fórmula latina Sit tibi terra levis, expresión funeraria muy común en el mundo romano que puede traducirse como «que la tierra te sea leve». No aludía tanto a una permanencia breve en la tumba como a un deseo de descanso apacible para el difunto en el más allá. El texto aparece coronado por un motivo arquitectónico —un frontón o cubierta a dos aguas—, símbolo protector y funerario. En la parte inferior se observa un pequeño disco de ocho radios, representación solar vinculada al ciclo de la vida, la muerte y la renovación, un símbolo profundamente arraigado en las creencias antiguas.


Hace casi dos mil años, los habitantes de la Axarquía afrontaban la muerte con sentimientos muy semejantes a los nuestros: amor, memoria y deseo de descanso para quienes partían. Esta lápida, humilde y solemne, nos recuerda que, pese al paso del tiempo, la emoción humana permanece inalterable.


BIBLIOGRAFÍA


 


 
 
 

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